Mercosur – UE: el último tren en el mejor momento
El tren chino es arrollador, sabiduría milenaria combinada ahora con potencial económico. La vieja fórmula de combinar el conocimiento científico con la generación de trabajo parece seguir funcionando. En poco más de 30 años China pasó a estar a la par de EE.UU. como potencia económica. Desde el comunismo colectivista, impulsó una economía de mercado en contexto de globalización. Así de disruptiva es la transformación económica desde que EE.UU. decidió impulsar políticamente la globalización para convertirse en la única potencia dominante a escala global. Ese nuevo escenario económico fue el que permitió a China -sumado las trasformaciones internas- ocupar su actual posición. La globalización para China fue como la integración para Europa: una oportunidad.
Pero hay dos argumentos para no subirnos al tren chino. Uno es político: no existe la democracia, argumento suficiente para no hacerlo o firmar un acta de matrimonio. El otro es económico: su escala y la competitividad de sus tecnologías y sector industrial son un tsunami para nuestras industrias; como evidentemente lo son también para los estadounidenses. Esto no obsta que fomentemos fluidas relaciones cooperativas, comerciales, de inversión. Siempre hay sinergias para explorar que generen mutuos beneficios.
Otro tren, conducido por Donald Trump, viene de frente contra el chino. El gigante asiático disputa la hegemonía de los EE.UU. imponiéndose desde la competitividad de su economía y por ello se desata un nuevo campo de batalla. Un relator de fútbol podría decir: cambio en el equipo de enemigos, sale la URSS-Rusia, entra China.
Pero EE.UU. no es el de Thomas Jefferson ni Abraham Lincoln; tampoco es el país de la posguerra de 1945 buscando asegurar la paz impulsando el multilateralismo; la integración europea; y la reconstrucción de Japón. Trump radicaliza no solo el mundo sino su política interior. La democracia y sus históricas instituciones republicanas están amenazadas y no por una fuerza externa. La política de Trump no hace amigos por las buenas sino por la coerción: Venezuela, Groenlandia, Canadá. No importa si se es una democracia o narcodictadura. Todos pueden entrar en la lista de enemigos.
Nuestros lazos con los EE.UU. son históricos, desde el nacimiento de ambas naciones. Hemos pasado de relaciones carnales y apoyar la globalización en los 90 a tirarles piedras desde 2003. Ahora, también rechazamos la globalización y multilateralismo, pero por derecha. ¿Adónde iremos cuando Trump por mandato constitucional vuelva a su hogar en enero de 2029?
Las estrategias agresivas, no cooperativas, una económica y la otra policial-militar, tensionan al mundo entero y nos saca de eje en la búsqueda de progreso y bienestar a escala global. No es un conflicto por libertad, democracia y bienestar. EE.UU. y China disputan poder para controlar el sistema mundial. Ambos quieren ser una Roma 4.0.
El 17 de enero, en un acto en Asunción de Paraguay, formalmente la UE y el Mercosur subieron juntos al tren firmando el texto definitivo del “Acuerdo de Asociación UE-Mercosur”, EMPA en sus siglas en inglés. Alianzas estratégicas, acuerdos de integración, no se hacen solo pensando en aranceles y pérdida o ganancia de comercio en el corto plazo. El Mercosur y la Argentina tienen frente a sí la posibilidad de salir de la succión que genera las disputas EE.UU.-China.
Quiero compartir una visión amplia sobre este acuerdo. No entraremos en cuestiones inmediatas queriendo saber cuáles serían los beneficios y/o costos económicos por los próximos 5 minutos. El acuerdo debe analizarse mirando al futuro. No pensando la Argentina o Mercosur de aquí a un año, sino en cómo podríamos ser dentro de 10 o 20.
Las antes Comunidades Europeas, hoy UE, aseguraron un espacio de paz y progreso para sus seis miembros originales en 1951 hasta el día de hoy con 27 Estados que la integran. Son un mercado único con moneda única para los países que integran la zona euro. La disciplina monetaria y fiscal no impide que sigan orgullosos defendiendo el “Estado de bienestar” que los convirtió en democracias con libertad, equidad e igualdad. La convivencia pacífica de los países de la UE está en compartir un destino común, donde la cooperación y la integración es un juego donde todos ganan. Así constituyen hoy el tercer gran bloque económico.
A este modelo es al que la Argentina y el Mercosur se asocia. No hay imposiciones ni prepotencia. Estamos entrando en asociación al mundo desarrollado y productor de bienestar.
Quienes conocemos España desde hace mucho tiempo recordamos cómo era antes de ingresar a las Comunidades Europeas, y lo que es hoy. Ahora, es mucho más que las playas donde veraneaban los franceses. Es desarrollo industrial y empresas competitivas impulsadas por servicios, conocimiento y tecnologías alineadas a la “innovación y sostenibilidad”. A nivel local la articulación público-privada cultiva la búsqueda de sinergias como estrategia para generar valor fomentando la cohesión y sentido de comunidad.
¿Por qué elegimos España como ejemplo? Puede ser la puerta de ingreso principal a la UE en el marco del acuerdo. Para nuestras empresas, municipios e instituciones del conocimiento. España está tercera en inversión directa en la Argentina detrás de EE.UU. y Brasil. Es, además, el país que más atención nos presta por lazos históricos y culturales. Las sinergias fluyen y esto se aprecia estando allí en contacto con los actores, sociales y empresariales.
El “Acuerdo de Asociación UE-Mercosur, EMPA”, no es bajar o eliminar aranceles y punto. No es solo libre comercio. Los temas que aborda el EMPA y que son materia de la asociación estratégica, ya deberían incorporarse a la agenda de trabajo de los actores económicos, sociales e institucionales:
Desarrollo Sostenible y Comercio: establece el compromiso con el desarrollo sostenible promoviendo la transición a una economía verde en un capítulo dedicado a estas metas.
Implementación del Acuerdo de París: se entiende al Acuerdo de París sobre el Cambio Climático como un elemento esencial del EMPA. Se incluye el compromiso de ambos bloques de avanzar hacia la neutralidad climática para 2050.
Compromisos sólidos y jurídicamente vinculantes en materia de medio ambiente y clima:
- Promover el comercio de productos que preserven la biodiversidad.
- Prohibir el comercio de productos obtenidos ilegalmente.
- La inclusión del principio de precaución para garantizar la protección de la salud y el medio ambiente.
- Se incluye un principio de no regresión, por no rebajar los estándares ambientales o laborales para promover el comercio y la inversión.
Protección de los bosques: el Pacto Verde Europeo es aplicable y se incluye un compromiso vinculante para combatir la tala ilegal y la deforestación, y una plataforma para la cooperación en cadenas de suministro sostenibles de madera.
Cadenas de suministro responsables: los bloques se comprometen con las prácticas comerciales responsables siguiendo: la Declaración Tripartita de Principios sobre las Empresas Multinacionales y la Política Social de la OIT; el Pacto Mundial de ONU; entre otras normas rectoras.
Protección de los derechos humanos, incluidos los derechos laborales: se comprometen a respetar las normas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre: trabajo forzoso e infantil; no discriminación en el trabajo; libertad sindical; y derecho a la negociación colectiva.
Participación democrática: el EMPA pone a las ONG en un papel activo para evaluar la aplicación de temas relacionados con los derechos humanos y el medio ambiente.
Cooperación para el financiamiento: la UE aportará con el programa Global Gateway, 1800 millones de euros destinados financiar la transición ecológica y digital justa en los países del Mercosur.
Información para la internacionalización de MiPymes: el Acuerdo incluyó un capítulo especial que permita mejorar el acceso a la información para las MiPymes de cada país de modo que puedan ampliar las oportunidades comerciales en el mercado europeo. Se creará una web diseñada para tener acceso a toda la información útil para quienes busquen exportar, incluyendo: un buscador de aranceles por producto; normas y regulaciones; entre muchos otros datos.
Viendo todas las temáticas involucradas se puede concluir que la asociación estratégica del Mercosur con la UE no es coyuntural, de corto plazo o resultado del oportunismo ideológico y político. Es por las razones expuestas el tren que busca un horizonte ambicioso, manteniendo equilibrios, respeto y espíritu cooperativo. Es un acuerdo que solo puede tener éxito con democracias que resistan las visiones cortoplacistas y autoritarias.
Abogado, Mg. en Economía Circular. Universidad de Burgos, profesor Economía Política, F. de Ciencias Jurídicas y Soc. UNLP.




