Migración "inversa" o ciudades "inteligentes"

Cintia Jaime
Cintia Jaime PARA LA NACION
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19 de diciembre de 2019  • 01:40

Durante décadas, muchas personas pensaron y siguen pensando que las ciudades superpobladas son nuestro destino común, e incluso un signo de evolución humana. En otras palabras, que los pequeños pueblos morirán o incluso "deben" morir. Estas personas dirán que no se puede hacer nada para detener la despoblación rural porque los pueblos "no" ofrecen oportunidades y porque la gente "quiere" vivir en las ciudades. Y que lo mejor que podemos y "debemos" hacer es transformar a las ciudades en "inteligentes".

Sin embargo, otros, que han observado y estudiado ciudades durante las últimas décadas, analizaron cómo crecieron, cuán peligrosas se volvieron, cuán colapsadas y violentas son, y ahora piensan de manera diferente. Ven a las ciudades como generadoras de pobreza y caos y no están de acuerdo con la afirmación de que los humanos "deben" vivir de esa manera.

¿Quién elegiría vivir en los barrios más pobres de las grandes ciudades? La respuesta es "nadie". Si estas personas viven en estas condiciones es porque se vieron obligadas a abandonar sus comunidades rurales en busca de mejores oportunidades, y ahora están atrapadas en lugares donde no quieren estar: "Vivimos donde podemos, no donde queremos" es una respuesta frecuente cuando se les interroga del porqué están allí. Su viaje para terminar en condiciones tan desfavorables comenzó simplemente siguiendo una ruta, la única visible, porque no podían ver otra, no sabían de ninguna otra oportunidad existente en un lugar tranquilo. Tal vez sin ni siquiera ir muy lejos de su lugar de partida.

La Argentina ocupa el primer lugar en el ranking de países que sufren la tendencia de la migración del campo a la ciudad: tiene el 92% de las personas que vive en áreas urbanas. A nivel mundial, tres millones de personas migran por semana hacia las ciudades. Así lo determinó un estudio de las Naciones Unidas, en 2009. La migración de los pueblos rurales a zonas urbanas provoca más de 200.000 barrios de emergencia, que son el hábitat de 1000 millones de personas. Se estima que, para 2030, serán el doble. Este es el contexto global, y frente a esta problemática, la respuesta que se da a nivel internacional es que "hay que invertir en ciudades inteligentes", y esto no hace más que agravar el problema.

Estamos siendo testigos de un evidente error de partida, sostenido por el falso diagnóstico instalado, una narrativa que debemos cambiar, que señala que la gente quiere vivir en las ciudades, cuando en verdad la gente está forzada a vivir en las ciudades. La gente vive donde puede, no donde quiere. La gente no desea abandonar sus pueblos.

En el "Día mundial del migrante", que se celebró ayer, queremos compartir que existen otros caminos para encontrar un futuro mejor fuera de las ciudades. Desde la fundación ES VICIS creamos el programa Bienvenidos a mi pueblo, con el objetivo de promover la migración sostenible de las ciudades hacia los pueblos cercanos a ellas. En los comienzos fue muy difícil transmitir nuestra visión, solo unas pocas personas creyeron que era posible. Trabajamos duro para una cooperación pública y privada que permitió a un grupo de familias migrar y llevar el desarrollo socioeconómico a Colonia Belgrano. Nos asociamos con el gobierno de la provincia de Santa Fe con la ayuda de la Embajada de Suiza, e identificamos a este hermoso y pequeño pueblo de 1000 habitantes, seleccionado entre 14 otros perdiendo población, dentro de una vasta región de 80.000 habitantes, ubicada a solo 150 km de 2 ciudades de rápido crecimiento de esta provincia.

El gobierno santafecino ofreció un plan de 20 viviendas para acompañar el desarrollo del programa que las familias pagarían a 25 años y fue fundamental aún la participación de numerosos expertos internacionales y también locales, como los de la ONG Contribuir, para garantizar que nuestras metodologías de capacitaciones, vertebración y empoderamiento local se cumpliesen y llegar a buen puerto como lo hemos hecho.

Nuestro programa ofreció un gran futuro para estas familias: desarrollar su negocio (el mismo que hacían en las ciudades) y tener un hogar propio en un pueblo tranquilo. Nuestro trabajo en equipo fue intensivo y, dentro de escasos tres años demostró que es posible la migración grupal de familias hacia un pueblo que estaba perdiendo población para aumentar en 10% su cantidad de habitantes en solo un año. No solo eso, Bienvenidos a mi pueblo ofrece los resultados más sorprendentes dentro del peor escenario que puede brindarse a nivel macroeconómico: la inflación.

Pese a todos los pronósticos y el descreimiento mundial de esta prueba, las familias se han inscripto de a miles para participar de esta oportunidad (20.000 cuando solo se buscaban 20); las familias seleccionadas se han mudado de inmediato al pueblo y han mejorado su calidad de vida de la noche a la mañana; la comunidad se ha beneficiado también de inmediato con la creación de más de veinte nuevos negocios no relacionados con las actividades agrícolas. Todo esto ha sido posible dentro de un pueblo que perdía población, y no solo eso sino que además los nuevos negocios generaron nuevos empleos para casi treinta vecinos a la fecha.

Nuestro programa ganó un premio del Banco Galicia y el pueblo de Colonia Belgrano fue difundido como el "paraíso" que existe en un pueblo de Santa Fe, exhibido en la Universidad de Basel, entre otras casas académicas, como un ejemplo de emprendimiento social global.

Sin embargo, incluso cuando los resultados, los medios y el interés de los pueblos y las familias nos indican que nuestro esfuerzo valió la pena, sabemos que el problema aún no está resuelto. Se encuentra en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina desde el 2017, un pedido de que se declare a aquel programa de interés nacional. Hay cientos de pueblos pacíficos y prósperos, de "paraísos", que existen a lo largo de la Argentina y millones de familias están atrapadas en las ciudades. Cada día se habla de estos temas como el cambio climático y las medidas a tomar. Pero, realmente, a la hora de actuar en favor de lo que proclamamos ¿cambiamos algo?

Con Bienvenidos a mi pueblo ha quedado demostrado que repoblar pueblos de manera sostenible es posible, pero el peligro es que esto puede quedar en la nada misma, que quienes ocupan en el mundo un rol para tomar decisiones pasen por alto resultados y los deseos de las gentes. La Argentina, aunque lidere el ranking de despoblación rural y crecida de ciudades, no está fuera del contexto mundial, y la toma de decisiones ha definido que la solución a las olas migratorias campo-ciudad es el invertir en la consecuencia. Recientemente el Citibank compartió un informe basado en el pronóstico de crecimiento poblacional en las ciudades de las Naciones Unidas, llamando a invertir 40 trillones de dólares solo en las ciudades en todo el mundo para hacerlas "inteligentes", inclusivas, resilientes... Nada se dice acerca de la inversión que necesitan los pueblos para conservar su población y para ser repoblados. Hay una sentencia de muerte, por lo menos desde la inversión. Y este es el gran peligro. Si no hay inversión no podremos equilibrar la balanza territorial.

El único camino es seguir hablando de todo esto, hasta que las voces de los pueblos y de los millones de familias atrapadas en las ciudades sean escuchadas, que una nueva narrativa surja en donde se afirme lo que realmente desean, que no es morir como comunidad o vivir amontonados y mal en las ciudades sin poder desplegar el potencial que se tiene, sino que se hagan visibles las oportunidades dentro de los miles de paraísos que existen en los pueblos, y se tomen medidas que promuevan la migración hacia ellos. Los que trabajamos por este sueño siempre tenemos la esperanza de que, desde Colonia Belgrano, Santa Fe, Argentina, se proyecte hacia el mundo la certeza de que una migración inversa es posible.

La autora es fundadora y directora de la ONG suiza ES VICIS y del programa Bienvenidos a mi pueblo

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