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OPINIÓN

Milei, en zona de debilidad. ¿A qué juega Patricia, a sus espaldas?

El círculo rojo hace hipótesis, baraja candidatos, dibuja escenarios

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Patricia Bullrich en el 62° Coloquio IDEA 2026. Hotel Sheraton, 30 de Septiembre 2026.
Patricia Bullrich en el 62° Coloquio IDEA 2026. Hotel Sheraton, 30 de Septiembre 2026.Mauro V. Rizzi
Laura Di Marco
Por Laura Di MarcoPARA LA NACION
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Patricia Bullrich se reúne una vez por semana con Carlos Melconian. Raro que una aspirante a vice, pongámosle, se encuentre con un economista crítico de Milei, que además iba a ser su ministro de Economía durante la última carrera presidencial. El círculo rojo la mira con amor, a pesar de que ella no es la candidata ideal: es rebelde, tiene opinión propia, no es manipulable y, hasta donde se sabe, no se le conocen causas de corrupción. En el último Coloquio de IDEA, quedó flotando una sensación: podría haber un mileísmo sin Milei. Es que, a diferencia de su campaña presidencial en la que se mostraba titubeante cuando hablaba de economía, durante su reciente participación en el principal foro empresarial de la Argentina se la vio segura, picante e, incluso, genuina. Ese activo tan de época y que, por momentos, había perdido.

Con Milei en zona de debilidad, el círculo rojo hace hipótesis, baraja candidatos, dibuja escenarios, aunque parece haber llegado a la conclusión, como reafirma el politólogo Federico Zapata, de que la candidata que mejor dialoga con el descontento es ella. Mariel Fornoni, de Management & Fit, la tiene como la dirigente mejor ponderada entre los diez líderes que miden: 33% de imagen positiva, pero, a la vez, un 50% de rechazo. Un rechazo de la sociedad hacia las élites que comparten, no solo los políticos, sino todas las instituciones de intermediación de la democracia. Un clima de época ya instalado y que devino el principal activo presidencial –la impugnación de la casta o de la alta política–, hasta el escándalo de Adorni.

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La consultora Reputación Digital (RG) midió todo lo que se dijo de ella durante los últimos 97 días, hasta el 5 de octubre incluido. Recabó menciones y opiniones en redes, medios, radio y TV. Fue mencionada 183.136 veces.

En dos meses hizo de todo: frenó a la vice en el Senado, se quejó en público por el recorte en Discapacidad, subió un video con una canción de Lali (odiada por Milei) y –la frutilla del postre– pidió que reelija “el proyecto”, sin nombrar a Milei. Se diferenció siete veces del Gobierno, subiendo la temperatura con la hermana Karina. Es que Milei está tan solo, en medio de una oposición congelada, que, en la profundización de las internas libertarias, genera su propia oposición.

De cada 100 menciones libertarias, 63 la respaldan, pero después del video elogiando a la cantante apuntada por el Presidente, los legionarios de LLA ya no hablan más de una fórmula compartida con Milei. Hasta antes del episodio con Lali, un parteaguas, de cada 10 menciones sobre su 2027, 7 hablan de ella como acompañante de una eventual fórmula presidencial. El 70% la ubicaba como la vice: deseos que emanaban de cuentas libertarias. Otro 27% la señaló como presidenta, augurios que surgen de cuentas opositoras. Un dato importante: según el relevamiento de la conversación digital, casi nadie la llama traidora.

Pero, ¿cuál es, en concreto, el juego secreto de Patricia, a espaldas de Milei? Hay varias hipótesis. La de Zapata es que replica el modelo de Carlos Menem a fines de los 80, cuando abrazaba y, a la vez, se diferenciaba de la renovación peronista, a la que llegó tarde. Un juego zigzagueante que le permitía dialogar con muchos actores a la vez hasta que, finalmente, se cortó solo y construyó su propia referencia. Pero antes, había hecho su camino, como lo hace Patricia. La biología también juega en su ajedrez en esta historia. A los 70 años, siendo mujer y luego de haber perdido una campaña presidencial, la urgencia política puede sonar como un “ahora o nunca”.

El presidente Javier Milei
El presidente Javier Milei Presidencia
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La segunda hipótesis es que, efectivamente, busque ser la vice de Milei y que, a la vez, necesite perfilarse como una amenaza alternativa para el proyecto. En esa cancha, aunque los Milei no la quieran, la necesitan. De ahí que deje filtrar sus charlas con Melconian.

La tercera hipótesis es que, si Milei profundiza sus problemas con la opinión pública, básicamente por el malestar económico, Patricia se proponga como una alternativa consensuada de un mileísmo sin Milei. Una variante poco probable, pero no imposible. Quien quiera ganar debería hablar de progreso, propone Fornoni, para todos aquellos que quedaron afuera del modelo de Milei.

El dato más alentador parece ser, paradójicamente, la deconstrucción de un peronismo que parece más una rueda de auxilio de Milei que una fuerza capitalizadora del descontento. ¿Cuál es el activo de la oposición? ¿Qué Estado propone? ¿Comparte la idea de equilibrio fiscal? ¿Qué economía nos ofrece? No hay respuestas para estas preguntas desde el arco que aún lidera Cristina. Sus principales popes festejan los errores del Gobierno, se frotan las manos esperando que el índice de la inflación arroje más de 2 puntos y reniegan de cualquier logro del Gobierno. Logro alcanzado, además, con el esfuerzo de la mayoría de los argentinos, sobre todo de los más pobres. Para el peronismo, cada traspié del Gobierno los convence de que lo hecho por ellos fue lo correcto y ratifica el sentido común de que votarlos es volver hacia atrás. Milei festeja. Patricia, también.

El juego está abierto y ella sabe jugarlo. Y encima lo está invitando a Melconian a la danza, el archienemigo de Milei. Karina, la dirigente con peor imagen del país (peor aún que Massa), está que arde.

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