El Musée d'Orsay repara un "olvido"

Hugo Beccacece
Hugo Beccacece PARA LA NACION
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13 de mayo de 2019  

No recuerdo cuándo vi por primera vez un negro. Por supuesto, era muy chico. En esa época, década de 1940, no era común encontrarse con "una persona de color" en la calle. Me llamó la atención y me quedé mirándolo con mucho asombro y curiosidad. Mi madre, de cuya mano colgaba la mía, me dio un tirón, señal inequívoca de que no debía detenerme y de que dejara de caminar con la cabeza vuelta para seguir viendo a aquel hombre alto, de cara completamente embetunada y pelo crespo.

Ese episodio volvió a mi memoria hace unas semanas, cuando recibí un correo electrónico del Musée d'Orsay que anunciaba la inauguración de la muestra "El modelo negro. De Géricault a Matisse", es decir, de la Revolución francesa a la década de 1950. Hasta ahora, los negros habían quedado postergados en la historia de las bellas artes y las exhibiciones de las grandes instituciones francesas, a pesar de que abundan en pinturas y esculturas por el pasado colonial del país. Las imágenes emblemáticas de la presentación actual son la modelo negra de un estudio para En venta, esclavos en El Cairo, de Gérôme; el muchacho de El joven negro de la espada, de Puvis de Chavannes; la camarera negra que aparece en Olympia, que es la misma modelo del célebre óleo La negra, ambas obras de Manet, y una tela que fue cambiando de título a medida que cambiaba el criterio de lo políticamente correcto; primero, se llamó Retrato de una negra; después, Retrato de una mujer, y ahora, Retrato de Madeleine, una espléndida joven que posó para Marie Guillemine Benoist con los espléndidos pechos desnudos y un turbante. Este último cuadro, pintado seis años después de la Revolución y la abolición de la esclavitud, en 1800, escandalizó a muchos parisienses que despreciaban a los negros.

Hay una ausencia notable en la muestra, la del magnífico Retrato del ciudadano Belley, exrepresentante de las Colonias, de Girodet, que fue muy comentado en la retrospectiva del pintor en el Louvre en 2005. Esa obra está en Versalles y no se la trasladó al Musée d'Orsay por su fragilidad. El retrato es la primera efigie de un hombre negro representado en la postura de un legislador político blanco y occidental. Belley se apoya en el pedestal de mármol que sostiene un busto del abate abolicionista Guillaume Thomas Raynal. Posa de frente, acodado en la base del busto; el peso del cuerpo lo soporta la erguida pierna izquierda, mientras que la derecha, con la rodilla ligeramente flexionada, y la cadera de ese lado se relajan sosteniéndose contra la peana. Belley nació en Senegal, lo vendieron a los dos años y lo llevaron a Santo Domingo. De adulto, compró su libertad con el dinero que ganaba; ya libre, llegó a representante de su isla natal. Fue el primer parlamentario negro de Francia.

En la pintura está vestido con el uniforme de diputado de la Convención. Belley tenía un cuerpo atlético a pesar de sus cincuenta años. Su vestimenta ceñida no hace más que resaltar todos los estereotipos de la perfección física que se aplican a los negros. Los pantalones ajustados de color camello revelan más que cubren sus muslos. Y lo mismo ocurre en la entrepierna, con sus considerables atributos sexuales. El conjunto ha hecho de Belley, sobre todo en los Estados Unidos, un ícono de la potencia, la dignidad y la liberación de la raza negra.

Jeanne Duval (verdadero apellido: Lemer) era una haitiana mestiza, bailarina y cantante, que fue la amante más conocida de Baudelaire. Él le dedicó varios poemas. Manet, que era amigo de la pareja, retrató a Jeanne echada en un sofá cuando ella ya estaba enferma de sífilis (contagiada por el poeta) y había perdido su encanto.

El Musée d'Orsay ha reparado con esta galería de hombres y mujeres negros un "olvido" que era casi una censura a la belleza.

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