El otro legado de Sabato

Gonzalo del Castillo
Gonzalo del Castillo PARA LA NACION
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28 de abril de 2012  

El túnel representa un pasaje, un camino, una conversión. Quizás haya sido eso lo que le otorgó a Ernesto Sabato, de cuya muerte se cumple el lunes un año, su peculiar riqueza para abordar la literatura.

En la obra platónica, Sócrates menciona que para convertirse en verdadero filósofo, para acercarse a la "Idea del Bien", es necesario conocer la ciencia de los números. Hoy, paradigmas más tarde, quizá deberíamos plantear lo contrario: para acercarse a la ciencia, para plantear el desarrollo tecnológico y definir su utilidad, antes es necesario conocer lo sensible, lo propio de la "razón de ser" humana.

Tras consagrarse como físico, Sabato decide alejarse de la ciencia por considerar que ésta es incapaz de alumbrar lo más profundo del ser humano. En su primera obra literaria, Uno y el universo , dice: "La ciencia estricta -es decir, la ciencia matematizable- es ajena a todo lo que es más valioso para un ser humano: sus emociones, sus sentimientos de arte o de justicia, su angustia frente a la muerte. Si el mundo matematizable fuera el único mundo verdadero, no sólo sería ilusorio un palacio soñado, con sus damas, juglares y palafreneros; también lo serían los paisajes de la vigilia o la belleza de una fuga de Bach. O por lo menos sería ilusorio lo que en ellos nos emociona".

Hoy, son cada vez menos las cosas que nos emocionan y vivimos cada vez más ajenos a los valores esenciales de la vida. Si bien la estricta "ciencia matematizable" no es la que impera, rige en su lugar la lógica "instrumentalista" de la vida: desvirtuación material de la ciencia, que reclama dominio sobre la totalidad de la realidad humana. De acuerdo con esta lógica, para la cual no hay fin verdadero, porque lo único verdadero es la realidad, todo fin -toda meta, objetivo o ideal- se convierte en medio.

Cada vez más, vivimos en la búsqueda infinita de medios que no persiguen un fin superior. Y en el trajín, la tecnología nos crea la ilusión de estar embarcados en una corriente evolucionista, que, pese a todos los desencantos, nos lleva hacia un progreso indefinido. Revival positivista basado ahora en el conformismo material.

Huelga decir que la ciencia no sólo es útil, sino también deseable y una muestra genuina de la portentosa capacidad del hombre para avanzar más allá de sus propios limites. De lo que se trata es de encontrar el justo medio aristotélico que nos permita conjugar el desarrollo técnico con el humano y ético.

En tiempos en que el imperio de la ciencia convive con la inequidad más extrema, en que la tecnología de la información corre paralela al desinterés por el conocimiento y a la banalización de la sabiduría, en que la manipulación genética y el aprovechamiento de los recursos naturales coexisten con la destrucción del entorno ambiental, Sabato nos lega esta enseñanza.

La ciencia fue su compañera de viaje, un ámbito de seguridad y orden. Sin embargo, en el prólogo a su sugestiva primera obra, señala: "De todos modos, reivindico el mérito de abandonar esa clara ciudad de las torres -donde reinan la seguridad y el orden- en busca de un continente lleno de peligros, donde domina la conjetura. Montaigne mira con ironía a los hombres porque son capaces de morir por conjeturas. No veo nada que merezca la ironía: en eso reside la grandeza de estos pobres seres". © La Nacion

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