Las raíces liberales de Perón

Jorge Castro
Jorge Castro PARA LA NACION
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6 de septiembre de 2012  

Diecisiete de las 21 unidades políticas en que está dividida la Argentina tienen gobernadores justicialistas. El peronismo, como actor político unificado, ha desaparecido de la escena desde la crisis 2001/2003, y lo mismo ha ocurrido con el radicalismo, el otro polo de poder partidario de la Argentina a partir de 1983. El peronismo, raigalmente, cuando no tiene enfrente un adversario que le pueda disputar el poder, tiende a ser gobierno y oposición al mismo tiempo. Es lo que sucede hoy con Cristina Kirchner, por un lado, y Scioli y Moyano, por el otro.

Todo esto es suficientemente conocido. Lo que permanece oculto, quizás opacado por la atención excluyente sobre el personaje Perón como líder social y figura histórica, es su condición de pensador político, centrado en su visión estratégica de largo plazo. Mi libro La visión estratégica de Juan Domingo Perón (Distal) es justamente un intento de desentrañar ese pensamiento, y mostrar –o intentar hacerlo– su vinculación con el presente, sobre todo en términos mundiales.

Perón es un hombre de su época. Pero precisamente porque lo es plenamente, tanto en el protagonismo político como en el pensamiento teórico, es también un hombre que, a partir de la comprensión del momento histórico en el que vive, anticipa intuiciones estratégicas fundamentales sobre el mundo que viene.

Perón forja su pensamiento y sus categorías principales en su profesión militar, que luego va a trasladar y traducir en la transformación político-histórica que desarrolla desde 1943-1945 hasta su muerte, en 1974. Advierte los cambios que la Primera Guerra Mundial produce sobre la sociedad y sobre la política de los Estados europeos y el orden internacional. El estallido de la Primera Guerra influye decisivamente en el pensamiento de Perón, ya que en ella aparece como factor central y decisivo la utilización intensiva de la técnica en el campo de batalla y en todo el proceso productivo y de la movilización de recursos de las naciones industrializadas. El pensamiento de Perón pasa del mundo militar al político, y sus categorías, surgidas de la comprensión de lo que ha sucedido en la Primera Guerra con la aparición irreversible de la técnica, lo llevan a pensar el proceso histórico en términos deterministas y evolutivos.

La historiografía argentina atribuye a las políticas llevadas a cabo por Perón una inspiración nacionalista-revisionista. Pero las fuentes de sus ideas son variadas y complejas. Para comprender la lógica de su pensamiento es preciso tomar en cuenta no sólo el impacto que la Primera Guerra Mundial tuvo sobre su percepción de la política, sino también sus vinculaciones con los sectores liberales del Ejército: éstas han sido mucho más estrechas que lo que habitualmente se cree. Pero lo más importante del pensamiento de Perón no es ideológico sino estratégico: evoluciona a través de la comprensión de los acontecimientos y siguiendo su determinismo.

Perón no tiene en sus orígenes militares un pensamiento nacionalista y, menos aún, revisionista. Es un intelectual del Ejército formado en la corriente liberal. De hecho, con grado de capitán, es uno de los protagonistas principales en la Escuela Superior de Guerra, del golpe del 6 septiembre de 1930 contra Hipólito Yrigoyen, que adhiere a la corriente liberal encabezada por el general Justo. En su libro Tres Revoluciones Militares, relata minuciosamente su activa participación en ese movimiento militar.

Pero esa participación de Perón nada tiene que ver con el apoyo al programa nacionalista-corporativista que propone José Félix Uriburu. Desde el comienzo, Perón está enfrentado al nacionalismo corporativista. Piensa que la democracia es el único régimen político legítimo. Por esta razón, después del golpe del 30, junto con los coroneles Descalzo y Sarobe, integra el núcleo fundamental liderado por Justo, que dentro del Ejército, se opone a las reformas corporativistas que pretende Uriburu.

La influencia de esa formación liberal se revela, entre otros hechos, cuando durante su primer gobierno nacionaliza los ferrocarriles y los bautiza con los nombres de Roca, Mitre y Sarmiento. Perón tampoco adhiere a una visión revisionista de la historia: responde, en cambio, a la concepción de la Organización Nacional por la que lucharon Mitre, Sarmiento, Avellaneda y Roca, y que tuvo en Juan Bautista Alberdi a su principal pensador político.

La posición crítica de Perón hacia el nacionalismo corporativista se denota también en su visión de la Argentina como Estado-Nación y de sus relaciones con los países vecinos, Brasil y Chile en primer lugar. En el mundo cultural donde Perón se forma, con oficiales altamente calificados de la línea liberal como Descalzo y Sarobe, la Argentina es vista como parte de un proyecto que va más allá del Estado-Nación. Así puede entenderse tanto la concepción histórica como la visión estratégica de Perón de mediados de siglo. En su discurso de 1954 en la Escuela Nacional de Defensa ante los altos mandos militares, prevé y propone el ABC (Argentina-Brasil-Chile) como eje de la integración sudamericana, de lo que denomina la Patria Grande, y deja atrás la concepción estrecha del Estado-Nación.

Esta visión surge con nitidez de la política económica que ejecuta a partir de 1948

49, cuando Perón advierte, a través de Alfredo Gómez Morales y Ramón Cereijo, la crisis estructural del proceso de industrialización desatado a partir de 1946 –orientado hacia el mercado interno y fundado en el consumo popular–, e inicia un giro de 180 grados en su estrategia económica y en su política exterior. Por eso, el segundo Plan Quinquenal otorga prioridad a las inversiones económicas y las orienta a impulsar las exportaciones agropecuarias, colocando el eje en la atracción de la inversión extranjera, sobre todo norteamericana, además de convocar al Congreso de la Productividad (1954). Después de 1948, la prioridad es lograr el autoabastecimiento petrolero. De ahí el contrato con la Standard Oil (California-Argentina) y el acercamiento estratégico con Estados Unidos.

Perón es un determinista en lo que se refiere a la naturaleza del proceso histórico. Por eso advierte el 1° de mayo de 1974 que "el mundo viene evolucionando y los hombres creen que son ellos los que lo hacen evolucionar [...] ellos son el producto de la evolución, pero no su causa. El mundo evoluciona por factores de determinismo y fatalismo histórico. Hay muchos factores que no controlan los hombres; lo único que éstos hacen, cuando se les presenta esa evolución, es fabricar una montura para poder cabalgar en ella y seguirla".

El núcleo del proceso histórico es para Perón una serie sucesiva de integraciones convergentes que culmina con la emergencia de una sociedad mundial, denominada "universalismo".

Aquello que era una intuición estratégica en 1974 es hoy una realidad efectiva. Por eso, para Perón, la política es siempre un fenómeno mundial, jamás un proceso meramente doméstico o provinciano, encerrado en las fronteras del país. © LA NACION

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