Misión imposible: defender a Milei en España
Ay, ay, ay, quién me manda a meterme solo en problemas. Ridícula mi idea de salir en defensa de Milei en Madrid ante el peor público que te pueda tocar: periodistas; periodistas españoles ensobrados por Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, con sed de venganza después de haber sido calificado acá por Javi, la semana pasada, de “impresentable”. Vine invitado a hablar a un antro en el barrio de Vallecas; y yo, que por 300 euros me tiro debajo de un tren, acepté. También debo ser impresentable, porque me anunciaron así: “Acá, Carlos, un periodista argentino que defiende a Milei. Adelante”. ¡El ‘adelante’ no era para mí! Era para mis colegas, hienas que me esperaban con cuchillo y tenedor. Fue un tiro al blanco. “¿Cuándo van a prisión Milei y su hermana por el caso Libra?”, “¿Se sabe en qué invirtieron los 5 millones de dólares?”, “Raro que en el escándalo de las coimas con los remedios para discapacitados el que los acusó haya sido un abogado del Presidente, ¿no?”. Yo, que me tengo por mileísta entusiasta pero crítico fronteras adentro, afuera es como que me cuelgo la celeste y blanca y voy con los tapones de punta. Así fue también en ese tugurio de Vallecas. ¿Me llenaron la cara de dedos? ¿Fui Messi? Típico caso en el que hay que recurrir al VAR.
A la pregunta de cuándo terminarían en la cárcel contesté que ni siquiera están imputados. “¡El Chiqui Tapia tampoco, hombre!”, me cortó uno. Admití que la Justicia argentina tiene sus tiempos, y lo atribuí a la meticulosidad con que, sobre todo en el fuero Federal, encaran las investigaciones. Conté que algunos jueces –puse el ejemplo de Chuchi Servini– han mandado agregar cajones en su despacho para tener cerca los expedientes más sensibles. “Oye –me tuteó una jovencita de acento andaluz–, a los Milei se los investiga por posible abuso de autoridad, estafa, tráfico de influencia y cohecho, y tú, muy tranquilo, nos hablas de que una tal Chuchi pidió cajones. ¡Qué cojones tienes, macho!”.
Mi réplica: “Respondo preguntas, no insinuaciones”.
Todo se me hizo cuesta arriba. El momento más crítico fue cuando, en una secuencia que evidentemente tenían estudiada, tres o cuatro sacaron sus celulares y me fueron leyendo títulos de las notas de estos días en LA NACION sobre el Libragate, uno más contundente que el otro, respaldados en la documentación oficial que está saliendo a la luz. Me apuraban: “¿algo que desmentir?”, “¿vas a negar esto?”, “¿acaso estamos sacando de contexto a tus compañeros del periódico?”. Qué encerrona. Hice lo que pude. “Gran trabajo de La Nación. Un ejemplo del mejor periodismo de investigación. No niego nada, pero tampoco el Presidente o su hermana negaron nada. No dijeron una sola palabra. Esto revela dos cosas. Que en la Argentina impera la más irrestricta libertad de prensa, y que Milei, libertario cum laude, debe considerar lícito que él, como cualquier ciudadano, les cobre a privados por promocionar sus productos”. No pude aclarar que esa era la opinión de Milei, no necesariamente la mía, porque estallaron de odio. Temí que tomaran el escenario por asalto. Recurrí al moderador, el que me había presentado, pero estaba más de la nuca que los otros. “¡Esperen!”, grité. “Milei deja publicar, deja que lo acusen de todo, deja investigar a la Justicia... ¿No vamos a dejar que se gane unos pesos? Sin ir más lejos, eso es lo que hicieron los Kirchner: asegurarse un sustento”. Dije “Kirchner” y las masas, hasta segundos antes en llamas, volvieron a sus asientos. Fue la ratificación de mi hipótesis. No existe la corrupción en sí misma, como algo objetivo, sino que eventualmente existen corruptos. En España, los socialistas le caen a Milei, pero miran para el costado cuando se habla de los chanchullos del gobierno de Pedro Sánchez. ¿Adorni atendió a Lijo durante años y le perdonó la vida cuando Milei lo propuso para la Corte? Por suerte, no me lo preguntaron.
Estaban tan enfocados en el Pelu que se olvidaron de Adorni. Igual, creo que hubiese podido salir del trance. ¿Tiene propiedades no declaradas? Falta de tiempo: se desloma trabajando. ¿Quién pagó el vuelo a Punta del Este? Es de bien nacido no mandar en cana a un amigo. ¿Por qué subió a su mujer al avión presidencial? No la subió él. Hay fotos. Subió sola.
No me extrañaría que en las redes aparezcan por estas horas videos en los que yo, en la tumultuosa noche de Vallecas, estoy diciendo que el Presi no suele fatigarse sobre la moralidad de las cosas y las personas; que Karina no es cajera, sino recaudadora, y que la misión encomendada a Mahiques, nuevo ministro de Justicia, es impedir que la Justicia avance sobre los Milei. Fakes. Triquiñuelas generadas con IA. Lo que sí dije, para tirarles unas migas a las hienas, es que el año pasado el desempleo subió 1,1%, dato calificado por el propio Indec como “significativo”, y que el Pelu y Toto Caputo admitieron que la inflación, pum para arriba.
Después de esta misión imposible en Madrid, vuelvo al país con el firme propósito de encarar al Presi: “Please, no me la hagas tan difícil”.







