
Mundos inexplorados: los paraísos secretos
El hallazgo de nuevas especies en una selva de Nueva Guinea alimentó la fantasía de más descubrimientos en un planeta que, contra lo que se suponía, aún depara sorpresas a los exploradores
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LONDRES.- Al acercarse el pequeño grupo de exploradores a la meseta rojiza y distante que se asomaba por sobre la jungla sudamericana, vieron a un inmenso pájaro gris levantarse lentamente del suelo y planear hasta alejarse. "Hasta donde yo puedo decir, eso es un pterodáctilo", señaló el profesor Challenger.
Este primer portento de El Mundo Perdido, la historia de ficción de Conan Doyle de 1912, tiene un curioso paralelo con el momento en que Kris Helgen, un especialista en mamíferos estadounidense, descendió de un helicóptero en Nueva Guinea en diciembre pasado y vio un pájaro de colores brillantes revoloteando entre los árboles. Se detuvo en seco.
Para el ojo experto de Helgen, la criatura era tan increíble como un pterodáctilo. Decorado con un manchón naranja brillante en la frente y un colgajo bajo cada ojo, era una especie desconocida de melífago y el primer pájaro nuevo en ser descubierto en la isla del Pacífico desde la Segunda Guerra Mundial. "Fue un indicio sorprendente de que habíamos encontrado algo importante", dice Helgen.
En los 15 días siguientes, los 20 miembros de la expedición de Conservation International se la pasaron frotándose los ojos, incrédulos, al aparecer decenas de especies nuevas en la selva de Foja. Sin temor, canguros pequeños normalmente timoratos andaban a los saltos en medio del campamento en la jungla. En lo alto, un ave del paraíso, una rareza casi mitológica, ejecutó una danza ritual de apareamiento, mientras un capulinero de frente dorada se mostraba sobre su escultura de ramitas.
Debido al aislamiento del área en la mitad indonesia de Nueva Guinea, algunas especies habían evolucionado por separado, como los pinzones de Darwin en las Islas Galápagos. "Muchas de las plantas y animales que encontramos parecían ser propios de la zona", dice Helgen. Otras especies eran reliquias de un Edén perdido. "Esto nos mostró una visión fugaz de cómo era gran parte del mundo antes de que se extendiera la influencia humana", añade.
El recuento de los descubrimientos de la expedición -40 nuevas especies de mamíferos, cuatros nuevas especies de mariposas e innumerables insectos- cautivó días atrás al mundo. Pero para Shane Winser, que ha asesorado a exploradores en los últimos 30 años en la Sociedad Geográfica Real (Royal Geographical Society, RGS), el tesoro descubierto no es tan llamativo.
"Realmente no es tan difícil descubrir una nueva especie, porque la biodiversidad del mundo es tan inmensa que son relativamente pocas las plantas y los animales que han sido clasificados", dice. No busca con ello desmerecer los logros de la expedición estadounidense-australiano-indonesia: su argumento es que esta cornucopia desmiente los supuestos de que el mundo ha sido tan exhaustivamente mapeado que no quedan misterios por descubrir.
Siguiendo la orgullosa tradición de Sir Richard Burton y John Speke, que compitieron por descubrir las fuentes del Nilo, Gran Bretaña sigue a la vanguardia de la exploración. La RGS apadrina hasta 50 expediciones al año, con emprendimientos tan diversos como el rastreo de los últimos lobos Simien en Etiopía y el estudio de los monos lanudos en Colombia.
Las áreas más prometedoras en la búsqueda de nuevos descubrimientos son los tres grandes bloques de selva tropical que sobreviven en América del Sur, Africa central y occidental y el sudeste asiático. Los inaccesibles e inhóspitos riachuelos de la cuenca del Amazonas ocultan miles de especies sin descubrir, junto a tribus sin contacto con la civilización que se suponía ya habrían desaparecido para el siglo XXI.
Se cree que hay nuevas variedades de grandes primates acechando en la cuenca del Congo, donde la exploración se ve impedida por conflictos humanos. El año pasado se fotografió una nueva especie de mamífero -un carnívoro aproximadamente del tamaño de un zorro- en las junglas de Borneo, donde se cree que habita el orang pendek, un simio similar al hombre.
Incluso la peninsular Malasia está dando a luz sorpresas. Poco queda del bosque prístino del que escribió Sir George Maxwell en 1907: "Virgen en tiempos cuya mañana aún no podemos imaginar, virgen quedará en tiempos de generaciones por nacer". Pero en los últimos meses ha habido informes de "hombres mono" peludos en las junglas de Johor, vistos por última vez en la década de 1950.
También está la isla de Madagascar, separada del continente africano hace 160 millones de años. Un nuevo estudio identifica 10 nuevas especies de lemur y clasifica otras nueve como especies separadas.
Y hay un tesoro por descubrir bajo el mar. Winser, que ha participado en diez expediciones, dice: "Si yo fuera a salir hoy de exploración, sería a lo profundo de los océanos. Nunca pensé que en mi vida descubriríamos una forma de vida totalmente diferente. El programa de David Attenborough ?El Planeta Azul´ mostró criaturas como lombrices viviendo junto a los respiraderos hidrotérmicos en la cordillera submarina en medio del Atlántico. Lo que muestra que no hay que ir a la luna o al espacio para encontrar algo nuevo".
Hallazgos en la jungla
Para Helgen, sin embargo, llegar a la selva montañosa de Foja, en Nueva Guinea, fue como aterrizar en otro planeta. Elevándose desde la jungla en las tierras bajas hasta 2300 metros de altura, estaba tan densamente poblada de vegetación que el helicóptero de la expedición no encontraba dónde descender. "Era un bosque cerrado, de plantas antiguas", relata. "Las únicas aberturas eran producto de derrumbamientos de tierras en las laderas de las colinas. Finalmente, a unos 1700 metros de altura encontramos un cenagal donde descender. Llegamos y nos fuimos en el momento justo, porque se inundó, convirtiéndose en un lago, dos veces en el período que estuvimos allí".
El bosque se alzaba en torno de ellos. "La tierra y los árboles -relata- estaban cubiertos de musgo, como una gran alfombra. Hicimos campamento unos 50 metros por encima del nivel del cenagal, que a menudo estaba cubierto de niebla. Llovió gran parte del tiempo y estábamos mojados de manera constante. Tuvimos que abrir nuestras propias picadas, marcándolas con cintas para que nadie se perdiera. Eso hubiese sido devastador, ya que no había demasiadas posibilidades de obtener ayuda de un helicóptero".
Abrieron unos 3 kilómetros de sendas en el bosque, un área de muestra diminuta en una extensión de alrededor de 10.000 kilómetros cuadrados, el mayor bosque virgen de Asia. Fue al recorrer una de tales sendas cuando Helgen vivió su segundo momento al estilo del profesor Challenger.
Helgen encontró la especie más deseable después de un dinosaurio vivo: el mayor mamífero ponedor de huevos del mundo, llamado equidno de nariz larga, el animal más misterioso de Nueva Guinea. Pesa alrededor de 10 kilos, es negro con espinas blancas marfilinas saliendo de su piel como un puercoespín, y con su lengua armada con púas lancea lombrices de tierra y las absorbe con su hocico como si fuera a través de una pajita. "Es un animal que no se parece a ningún otro", se maravilla. "En un tiempo estaban muy extendidos en Nueva Guinea, pero ahora son una rareza porque se los cazaba para comerlos".
Para su sorpresa, junto con sus colegas encontró una colonia de equidnos. "Encontramos tres en tres noches consecutivas, simplemente caminando por la senda".
La razón de esta abundancia es la total ausencia de seres humanos, pero la expedición habría terminado de modo diferente si hubiese habido tribus hostiles en la región. Los exploradores y cineastas Mark Anstice y Bruce Parry tuvieron un encuentro de ese tipo seis años atrás al trepar una montaña poco conocida en Papúa occidental.
"Ingresamos a una zona donde nos dijeron que seríamos comidos", recuerda Anstice. "Nuestros cargadores nos habían abandonado dos semanas antes por ese motivo. En los pantanos nos cruzamos con el pequeño clan de los Korowai, los últimos cazadores recolectores de Nueva Guinea. Se tapaban el miembro con una hoja y llevaban cosas atravesadas en la nariz, con cicatrices decorativas en sus cuerpos. "Estaban absolutamente aterrorizados por nosotros, nos apuntaron con sus arcos y flechas. Tuvimos que escapar a la carrera".
Anstice quedó espantado. "Me dejó atónito. Yo creía, como la mayoría de la gente, que la zona había sido sobrevolada completamente y que no quedaba nada por encontrar. Esa expedición me cambió el planeta. Me mostró que queda mucho por descubrir".
Traducción: Gabriel Zadunaisky
© LA NACION y The Sunday Times




