
No amamos lo suficiente a Javi
Asombroso cómo Javi nos zamarrea el corazón. Un ratito lo querés, otro lo amás, otro lo idolatrás, otro vas por su clonación... Hasta que pedís que pongan a otro.
Así, a golpe de emociones violentas se establece el vínculo, porque el muy guachito sabe llegar a las fibras más íntimas. Fue genial aquello del 2 de abril del año pasado, cuando mimó a los kelpers diciendo que un día iban a elegir ser argentinos; y más genial todavía lo que sostuvo el miércoles en su discurso en la ONU: a quién le importa la opinión de esos tipejos, unos menesterosos trasplantados ahí por la fuerza. Oportunísimas palabras que frenaron una invasión: miles de kelpers estaban llegando en barcazas para tramitar el DNI.
Con las disculpas del caso, porque la comparación es demasiado odiosa, en eso lo encuentro parecido a Cris: para ellos, la realidad es todo lo moldeable que quieran sus manos. Con irreprochable justicia Javi se atribuyó haber hecho caer el riesgo país al mínimo de 402 puntos (10 de julio), y ahora que se volvió loco –el riesgo– y orilla los 580, les echó la culpa a las “pelotudeces” que dijo Kicillof en Nueva York esta semana. Seguramente tiene razón, pero los dos discursearon en la misma ciudad y en los mismos días: ¿por qué los mercados iban a creerle más a Kichi que a él? Pelu, detesto verte perder frente al “enano comunista”, así que te tiro una soga: decí que el capital entró en pánico después de escuchar a Amado Boudou. “Las medidas que hay que tomar no son tantas –acaba de proponer Amadísimo–. Hay que voltear la ley que recortó los derechos de los trabajadores. Hay que voltear el superávit fiscal. Hay que volver a implantar los subsidios para que las tarifas sean baratas. Hay que hacer un shock distributivo para que la gente gane más plata”. Agrego una: hay que mandar a Boudou a recuperar las Malvinas. Que vaya solo.
Consideración al margen. En la Gran Manzana, Kichi fue invitado de honor a la residencia del alcalde, Zohran Mamdani; se entrevistó con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez; fue aplaudido por el empresario polirrubro Chupete Manzano, socio estratégico de los Milei, y se hizo acompañar por Cecilia Nicolini, aquella funcionaria de Alberto Fernández que en pandemia hizo 20 viajes a Rusia para traer 8 dosis de la Sputnik. Como para que la IA no se proponga terminar con el género humano.
Javi enardece a sus tropas del Congreso cuando manda un presupuesto que recorta subsidios a los discapacitados, después las pone cachondas al mostrarse dispuesto a dar marcha atrás y, en una tercera movida, amenaza con la posibilidad de mantener el ajuste. Dueño y señor de nuestras pulsaciones, otra vez. ¿O acaso la razón es que el Presi ni se entera y el día a día del Gobierno es una hoguera de intereses, una jungla de lobos feroces donde cada cual atiende su cueva y nadie termina de mandar? Descarto esta hipótesis por su matriz subversiva. A veces las cosas resultan más sencillas de explicar. Como ya he revelado, tres fuentes independientes entre sí me contaron que Javi oye hablar de discapacidad y se brota, por sus tortuosos ecos: Andis, direccionamiento de contrataciones, sobreprecios de medicamentos, Spagnuolo, defraudación multimillonaria, los Menem, Karina, 3%. La causa avanza, y hasta que deje de avanzar, como corresponde al juez Lijo, produce novedades incómodas. El lunes renunció el secretario del área, Vilches, y el martes la Cámara Federal porteña confirmó los procesamientos de Spagnuolo y de otros 18 funcionarios que había dictado en febrero el juez Casanello, entonces a cargo del expediente. Cualquier ajuste en ese sector, incluso la disolución de la Andis o declarar a la Argentina “país libre de discapacitados” sería bienvenida por el Presi, así que probablemente ni lo consultaron sobre lo del presupuesto. Lo grave no fue el escándalo en el Congreso, los títulos en los diarios o la viralización en las redes. La alerta roja llegó al conocerse la agenda del Papa en su visita al país: el lunes 9 de noviembre, tempranito, se reunirá con cientos de discapacitados en el Cottolengo Don Orione, en Claypole. “Aflojanding con el recorte a los disca”, mandó Karina, imperturbablemente pragmática. Le preguntaron hasta cuándo regía la suspensión. “Hasta cinco minutos después de que el Papa se vaya del Cottolengo”.
A Javi lo queremos por haber bajado la pobreza del lacerante 41,7% que dejó Alberto (en realidad, Massita) al 28,2 del segundo semestre del año pasado, una proeza; y lo seguimos queriendo ahora, con la trepada del índice al 32,3: dos millones más de pobres que en diciembre. Lo perdonamos porque ya encontró la causa del traspié, por supuesto ajena al Gobierno: “Un fenómeno temporal”. Sí, temporal. Maldito clima.
La actividad económica, buchoneó el Indec, también está para atriqui: -2,9% en julio. Imposible activarse con el frío que hacía. Las naftas aumentaron 5%, tijeretean subsidios al gas, crece el desempleo, cae el salario.
Te amamos, Javi. Pero sobre eso de volver a votarte sigamos hablando.

