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OPINIÓN

Nunca 2,1% será menos que 0,8%

El Gobierno celebró como un triunfo el índice de inflación mayorista de julio, por sobre el índice de inflación del Indec, pero la economía arroja más cifras preocupantes en la antesala del año electoral

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Muchos sectores han perdido poder adquisitivo según las últimas mediciones
Muchos sectores han perdido poder adquisitivo según las últimas medicionesDaniel Basualdo
Daniel Santa Cruz
Por Daniel Santa CruzPARA LA NACION
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“Y al final julio empezó con cero... Inflación mayorista = 0,8%. Ciao!”, escribió el presidente Javier Milei en sus redes, en un intento de celebrar un triunfo dentro de una evidente derrota. La inflación según Indrec en julio fue del 2,1%, cuando el Presidente había prometido que iba a comenzar con “cero”. Sin embargo, este indicador mayorista -que es muy bueno, pero dentro de otro contexto- le sirvió al gobierno para disfrazar su pronóstico equivocado, pero, además, tomando un dato que no tiene relación directa e inmediata con el bolsillo del ciudadano de a pie, porque la inflación mayorista incluye la medición de los servicios públicos y no tiene medido el costo que existe entre aquella y la oferta final al consumidor que, obviamente, sí lo tiene en cuenta la inflación minorista. Por ejemplo, nadie podría renovar su contrato del alquiler mostrando los indicadores mayoristas, que están dos puntos por debajo del indicador anual de inflación y ninguna prepaga de salud o los servicios desregulados aumentarán un 0,8% a fin de mes, sino que lo hará en un porcentaje superior a 2%. Es allí cuando la realidad mata al relato.

Tampoco hay que perder de vista que, en enero pasado, Marcos Lavagna renunció al Indec luego de trabajar todo un año para aplicar una nueva medición de la inflación, más actualizada, sobre la base de la nueva canasta y servicios y que no se lo permitieron. De algún modo, el ministro Luis Caputo lo reconoció al señalar en aquel momento: “Se trabajó en la nueva metodología del Indec. Marco tenía como fecha implementarlo ahora, pero con el presidente siempre tuvimos la decisión que se haga cuando el proceso de desinflación se haya consolidado”. Sostener este tipo de medición, cuestionada por muchos técnicos del mismo Indec, genera ciertas distancias respecto a otras mediciones oficiales, como la del Instituto de Estadísticas del GCBA, cuyo IPC midió en julio 2,9%.

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La evolución de la Inflación de acuerdo a los datos del Indec
La evolución de la Inflación de acuerdo a los datos del Indec

La inflación es uno de los problemas centrales que debe enfrentar el Gobierno en la antesala del año electoral. Si bien todos reconocen que la inflación bajó considerablemente, también se advierte que aún está lejos de ser derrotada, en un escenario de recesión que muestra otras caras negativas, como la caída del empleo registrado, del poder adquisitivo, el endeudamiento familiar y la baja de confianza de la sociedad en el gobierno, algo mucho más notorio en un mes-julio- donde todos los indicadores fueron negativos.

Todo este entramado llevó a que el riesgo país suba más de 100 puntos en los últimos 30 días, alcanzando los 517 puntos esta semana. Tomando datos oficiales el panorama es más que preocupante. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 la cantidad de asalariados privados formales se redujo en 241.176 trabajadores, según datos del SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino). A lo que habría que sumarle los 79.800 empleos públicos perdidos. Esto responde a una caída de la actividad económica preocupante ya que en el último año se perdieron 16.560 empresas, lo cual representa una retracción de 3,3% y 27 meses en negativo en la comparación interanual, de acuerdo con un informe de Fundar en base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). En total, desde que asumió Javier Milei, se perdieron 30.633 empresas, un 6,0% del total existente en noviembre de 2023. Hay estimaciones privadas que indican que aún pueden ser peores y que, en realidad, se perdieron más de 400 mil puestos de trabajo en los últimos 30 meses.

El poder adquisitivo también tuvo una baja respecto al salario, solo en junio pasado cayó un 0,9% y quedó un 0,6% por debajo del nivel que tenía en noviembre de 2023. Ese es un promedio, porque los datos por sector indican que los empleados de comercio perdieron un 11,1% de poder adquisitivo, los metalúrgicos un 12,4% y los textiles un 12,6%. Todo redunda en una baja del consumo y la caída de la recaudación. Según el Indec, en junio, medido el primer trimestre de 2026, “el ingreso promedio per cápita del total de la población, que corresponde a 30,1 millones de personas, alcanzó $728.008”, para realizar una comparación entre ingresos y gastos familiares, basta observar que el mismo Indec señala que el costo de la “canasta de crianza” en niños, que van de los seis a los doce años, asciende a $697.268.

También, es alarmante el endeudamiento en sectores bajos y medios bajos, la morosidad de las familias argentinas se cuadruplicó desde fines de 2023 y alcanzó al 17,5% de los créditos personales. Alrededor 5,3 millones de personas tienen problemas para pagar sus deudas, y hay proyecciones que las llevan a casi 7 millones de personas en situación de “morosos incobrables”.

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Todo esto derrama en una pronunciada baja del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que mide la Universidad Torcuato Di Tella, que cayó un 6,5% en julio de 2026, registrando el promedio más bajo de la gestión de Javier Milei.

Javier Milei y Donald Trump en el foro economico de Davos 2026
Javier Milei y Donald Trump en el foro economico de Davos 2026Benedikt von Loebell

Este escenario podría mostrar a un gobierno sin chances de ser reelegido el año próximo, pero las mediciones aún le dan aire político, sobre todo por la falta de una alternativa opositora viable, que no signifique solo volver al pasado. Existe una máxima en política que dice que “las elecciones las ganan o las pierden los oficialismos”, y en este sentido, el mileísmo aún tiene tiempo para revertir la tendencia. Un dato que no se puede omitir es que Milei tendrá que afrontar dos “elecciones primarias ajenas”, antes de su año electoral, que son las presidenciales en Brasil, el próximo 4 de octubre, y las de medio término en Estados Unidos, el 3 de noviembre. Allí se juega gran parte del futuro libertario, porque sabrá si seguirá contando con su principal aliado, Donald Trump, y sumando aliados con la caída de su enemigo favorito, Lula. Ambos lo “ayudarán” ganando y perdiendo sus elecciones, respectivamente, porque el modelo de Milei necesita de Trump y de Bolsonaro, sin ellos queda aislado en un contexto donde no debe faltar ayuda económica -como ya sucedió en 2025- y respaldo político internacional.

Pero también necesitará ayudarse a sí mismo, y es lo que no está haciendo el gobierno tratando de celebrar victorias, encerradas dentro de algunos fracasos notorios, como ponderar la inflación mayorista sobre el dato real que afecta a los bolsillos. Pero hay algo que empieza a preocupar y a alejar a aquellos que eligieron a Milei en 2023, confiando en que el país necesitaba un cambio, una suerte de giro de 180 grados de la política tradicional. El Presidente habló de esto el lunes pasado, en el homenaje al General José de San Martín, haciendo una analogía entre la libertad alcanzada por el “Libertador de América” y la que él mismo está ofreciendo. Una comparación innecesaria y abusiva con la propia historia. Milei aseguró que su gobierno dará “la batalla por la libertad donde sea necesario, sin importar el costo”. El problema es que para Milei la “libertad” solo cuenta cuando el estado se ausenta de las “regulaciones” y su intervención en la vida económica.

Los libertarios se diluyeron, claramente, en las ideas que esgrime la extrema derecha en el mundo desde el punto de vista político porque fueron adoptando un discurso que desafía la democracia y la igualdad, sintiéndose más cómodos con los modos reaccionarios que confrontan con los valores republicanos y verdaderamente liberales, tal como lo hace e hizo la extrema izquierda donde pudo y aún puede. Pero elongan aún más las ideas hacia el extremo cuando de economía se trata.

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En ese modelo, Milei flamea la bandera de la anulación total del Estado, como prueba de su compromiso con la libertad. Hay coincidencia general en la sociedad en no defender más un Estado abusivo, gigante y ocioso, que gasta más de lo que recauda, pero no está claro si la mayoría pretende una ausencia total de políticas públicas. Esto se percibió en el fracaso del capítulo sobre “extranjerización de tierras”, donde hasta los aliados políticos tuvieron que reaccionar negativamente para corresponder a la demanda social, que se manifestó mayoritariamente su rechazo al proyecto. Es que de a poco se percibe también que crece la idea de que sobrevalorar al “mercado” como sinónimo de “libertad” y como único camino a la solución económica y social es, como mínimo, exageradamente engañoso.

Tanto, como pretender hacernos creer que 2,1% es menos que 0,8%.

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