Orígenes y beneficios del euro
Por Francesco Giavazzi y Alberto Giovannini Para LA NACION
1 minuto de lectura'
MILAN.- La historia del euro es un ejemplo brillante de cómo las ideas económicas forman la opinión pública y, a la larga, reforman las instituciones políticas y económicas. El canadiense Robert Mundell, Premio Nobel de Economía 1999, fue el primero en escribir acerca de los beneficios de las uniones monetarias. El proyecto que dio origen al euro se inspiró en sus ideas y en el reconocimiento de la importancia de una regulación eficaz de la interacción entre las autoridades gubernamentales, como los bancos centrales, y el resto de la sociedad.
La Unión Económica y Monetaria europea (conocida por su sigla inglesa, EMU) nació del siguiente argumento, aparentemente contradictorio: a menudo, cuanto mayores son los poderes discrecionales de los gobiernos sobre las tasas cambiarias y los mercados financieros, tanto menor es su capacidad de proporcionar estabilidad a esos mismos mercados. Italia es un buen ejemplo de esto: antes de la EMU, padecía hiperinflación, altas tasas de interés y una deuda pública costosísima que amenazaba la estabilidad de las finanzas públicas y el nivel de vida de la población.
Al eliminar el control estatal directo sobre la tasa cambiaria y las de interés, desaparecieron las plagas de la hiperinflación y los intereses excesivos. Esto no implica necesariamente deshonestidad o ineptitud por parte de las autoridades italianas, sino tan sólo que las normas europeas de política monetaria y fiscal anteriores a la EMU no servían para los mercados de capitales, de gran fluidez, surgidos en las dos décadas precedentes.
El euro también nos revela interioridades de las políticas de reforma económica. Los grupos de intereses partidarios del proyecto o contrarios a él nunca pudieron fusionarse y fraguar en proponentes u opositores fijos porque tanto los beneficios económicos del euro como los costos que impone son difusos. Los grupos a favor o en contra del euro variaron de un país a otro y fueron cambiando con el tiempo.
La resistencia a las reformas necesarias para hacer viable el proyecto, particularmente en el área de las finanzas públicas, se superó fijando un cronograma preciso y gradual, con sanciones claras para quienes no cumplieran los plazos establecidos. Esto era peligroso desde el punto de vista de los mercados financieros, pero extremadamente eficaz para vencer los obstáculos políticos.
En países como Grecia, Finlandia, Italia y Portugal, adherirse a la moneda única era contrario a los intereses de algunos industriales, que preferían devaluar la moneda nacional en vez de optar por otras alternativas mejores pero más duras, tendientes a mantener y aumentar la competitividad. Asimismo, el euro fue un duro golpe para aquellos políticos que habían descubierto que la inflación es una forma atractiva de tributación, por cuanto no requiere ser aprobada por el Parlamento.
El euro aumentó el costo de esas políticas tan cómodas. Ya no estaba en juego un mayor índice inflacionario, sino la exclusión de hecho del mercado único europeo. Los políticos astutos comprendieron que la balanza de costos y beneficios políticos había oscilado de manera impresionante y se apresuraron a hacer el cambio de marcha. Grecia es, quizás, el mejor caso ilustrativo. Durante veinte años, había vivido de las transferencias provenientes de Bruselas, despilfarrando el dinero en pagar generosamente a su burocracia, en una economía de bajo crecimiento e inflación alta. En menos de dos años, la amenaza de la exclusión obligó al gobierno de Atenas a hacer un viraje de 180 grados.
Comprender que el euro forma parte de un proceso mucho más vasto de integración económica y política también nos ayuda a percibir por qué experimentos unilaterales con diversas versiones de la misma idea, como el argentino con su tabla de conversión monetaria, tuvieron un final tan diferente.
Los plazos fueron decisivos para la reforma económica europea. Pero los plazos expiran y, una vez vencidos, también va menguando la presión asociada a ellos. Es obvio que, una vez establecida la EMU, la marea del cambio retrocedió en forma dramática en toda Europa. En verdad, el así llamado "Estado benefactor" sigue carcomiendo la riqueza y el bienestar de nuestros hijos.
Obstáculos a la reforma
Las leyes y normas laborales aún mantienen desocupados a millones de trabajadores potenciales. Un sinnúmero de sectores, desde los concesionarios de automóviles hasta los dentistas, están protegidos de la competencia. A raíz de esto, se transfieren ingresos considerables de los consumidores a pequeños grupos amparados por la ley. Peor aún, toda la economía padece una esclerosis crónica. Después del euro, en esas áreas, la reforma sigue topándose con los obstáculos tradicionales.
A pesar de estos problemas, creemos que las reformas vinculadas con el euro fueron excelentes y se ejecutaron correctamente. Los beneficios del euro van mucho más allá del ámbito económico. El euro demuestra que es posible superar y olvidar rivalidades seculares entre Estados nacionales cuando se facilita a sus ciudadanos la libre circulación y el comercio recíproco. Las instituciones económicas sanas servirán de base a una sociedad europea sana y libre. Con los años, llevarán a establecer instituciones políticas sanas en todo el continente, incluidos los Estados poscomunistas que esperan su turno para incorporarse a la Unión Europea. El resto del mundo debería reparar en esto. © Project Syndicate


