Pasión y muerte a la sombra de Trotsky (II)
El joven secretario y guardaespaldas Jean van Heijenoort llegó a Prinkipo el 20 de octubre de 1932 para reunirse con Trotsky, Natalia -su mujer- y su nieto Sieva, hijo de Zina. A Trotsky no le agradaba la presencia del niño porque consideraba que se robaba toda la atención de Natalia y logró que, dos meses después, Sieva se reuniera con su madre en Berlín. Pero Zina se suicidó en enero de 1933. Trotsky se encerró entonces en su habitación durante días. Emergió transfigurado y envejecido para siempre.
En sus memorias Con Trotsky, de Prinkipo a Coyoacán,Van Heijenoort cuenta que la vida en Prinkipo era casi monacal. Se comía poco y rápido, en horarios estrictos, se bebía agua y se trabajaba todo el día en la correspondencia y los artículos de Trotsky. Jean recuerda dos caras del revolucionario: una encantadora con los visitantes (en especial con las mujeres jóvenes) y otra dura con sus colaboradores (en especial con su hijo Liova y con el propio Jean). También apunta curiosidades: "Trotsky tenía con los objetos relaciones limitadas y precisas -cuenta-. Había cierta rigidez, cierta falta de naturalidad y de sentido de la improvisación en la manera como los manejaba. Alrededor suyo había cierto número de objetos que le eran familiares: la estilográfica, el motor del bote, los instrumentos de pesca, la escopeta de caza. Ellos tenían que ser tratados de acuerdo con ciertas reglas. La adaptación a un nuevo objeto siempre era una operación relativamente complicada". Van Heijenoort cuenta que una vez Trotsky quiso ayudarlos a él y sus compañeros a lavar la vajilla después de una comida. "Empezó a secar cada plato y cada vaso con una minucia tal que la operación se prolongó hasta tarde en la noche, dejándonos a todos más cansados que si no nos hubiera ayudado." Por supuesto, Jean fue testigo de cuestiones nada banales. En 1933, Trotsky le pidió que enviara la siguiente respuesta para una entrevista que le hacía Georges Simenon: "El fascismo y el nacionalsocialismo alemán significan para Europa un peligro incuestionable de sacudimientos bélicos. [?] no nos damos suficientemente cuenta de toda la amplitud de ese peligro. [?] considero absolutamente inevitable una explosión guerrera por parte de la Alemania fascista".
Luego de una intensa estadía en Francia y un malhadado paso por Noruega, el grupo viajó a México en diciembre de 1936. Se instalaron en la Casa Azul, que Diego Rivera y Frida Kahlo les ofrecieron en Coyoacán. Con estilo sobrio, Jean da su versión del célebre affaire. "Frida era una mujer notable por su belleza, temperamento e inteligencia. Muy pronto, en sus relaciones con Trotsky, comenzó a tener maneras bastante libres [...] Frida no vacilaba en esgrimir la palabra love. «All my love», decía a Trotsky cuando se despedía. Trotsky cayó en el juego. Empezó a escribirle cartas. Deslizaba la carta en un libro y se lo daba a Frida, a menudo delante de otras personas, incluso Natalia o Diego, recomendándole que lo leyera. Yo no sabía de esas astucias, Frida me las contó después."
El flirteo terminó abruptamente. Trotsky sentía especial aprecio por Rivera. Van Heijenoort recuerda una humorada de Diego el Día de los Muertos. "El 2 de noviembre de 1938, Diego Rivera llegó a la casa de Coyoacán. Jocoso como un aprendiz que acaba de hacer una broma, traía a Trotsky una enorme calavera de dulce color violeta en cuya frente había escrito, en letras de azúcar blanca, «Stalin». Trotsky no dijo nada, hizo como si el objeto no estuviera allí. Cuando Rivera se fue, me pidió que la destruyera."
En 1939, Jean viajó a Estados Unidos. "Había vivido tantos años a la sombra de Trotsky que era necesario que viviera un poco por mí mismo." En agosto de 1940, recibió un mazazo: a Trotsky lo habían asesinado. "Durante años, sólo el estudio de las matemáticas me permitió conservar mi equilibrio interior -evoca Jean-. Tuve que construir otra vida."
Exitoso con las mujeres, Van Heijenoort tuvo, entre numerosas amantes, cinco matrimonios. El último fue trágico. En 1969, contrajo enlace con Ana María Zamora, una abogada mexicana de 37 años. Se divorciaron en 1981, pero en 1984 se volvieron a casar. Al tiempo, Ana, en extrema fragilidad emocional, intentó suicidarse. "Por supuesto, quiere matarme a mí también", confió Jean a sus íntimos. La noche del 28 de marzo de 1986, Ana disparó a la cabeza de Jean tres balas calibre 38 mientras él dormía y luego se mató de un tiro en la boca. El fiel secretario murió en la misma tierra que le había arrebatado a su admirado Trotsky.





