
PISA 2025, ¿por qué la ciencia?
Formación científica para cultivar expertos en la detección del engaño

Al igual que en los ciclos anteriores, la evaluación PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes) de 2025 abarcó la lectura, las matemáticas y la ciencia, pero esta vez con un énfasis especial en esta última. “La ciencia fue el principal dominio evaluado en PISA 2025”, afirma la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), organismo responsable del programa. PISA se encuentra ahora en su noveno ciclo de estudios internacionales, sobre los conocimientos y las competencias de los estudiantes que resultan esenciales para una plena participación en las sociedades modernas. ¿Por qué la OCDE puso la ciencia en el centro de PISA 2025?
Existe una necesidad económica que enfrentan todos los países: garantizar la formación de la próxima generación de científicos. Sin embargo, este objetivo, por sí solo, no justifica la enseñanza obligatoria de las ciencias para todos los estudiantes desde el jardín de infantes hasta los 15 años o más. La educación en ciencia es fundamental por dos razones. En primer lugar, permite transmitir a las nuevas generaciones uno de los grandes logros culturales e intelectuales de la humanidad, ya que el conocimiento científico ha transformado nuestra comprensión del mundo, de la vida, de la salud y del universo. En segundo lugar, resulta indispensable para que los ciudadanos puedan tomar decisiones informadas sobre cuestiones de interés individual y social. Esto adquiere una importancia especial en el siglo XXI, frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y otros desafíos de nuestro tiempo.
La educación en ciencia no consiste en convertir a los estudiantes en científicos, sino en desarrollar en ellos la capacidad de evaluar la información científica, valorar la competencia de los expertos y distinguir la información confiable de la desinformación. Para ello es necesario comprender cómo se construye el conocimiento científico: el papel de las evidencias, el consenso científico, la revisión por pares, los límites de la certeza y los mecanismos destinados a detectar errores. Una persona educada en ciencia debe conocer, por lo tanto, no solo los conceptos científicos, sino también cómo se produce y valida el conocimiento, y cuáles son las prácticas y estructuras sociales de la ciencia.
El concepto “alfabetización científica” se amplía en PISA 2025. A la capacidad de investigar científicamente e interpretar datos y evidencias se agrega una nueva competencia: buscar, evaluar y utilizar información científica para tomar decisiones y actuar como ciudadanos en una democracia. Este agregado responde a una característica fundamental de la sociedad contemporánea: la creciente necesidad de evaluar y utilizar información generada por la ciencia. Tomemos como ejemplo los debates en torno a la vacunación. Esperaríamos que los estudiantes científicamente formados se preguntaran: ¿cuál es el consenso científico sobre la vacunación?, ¿cuál es la naturaleza de las evidencias en las que se basa ese consenso?, ¿qué conocimientos y experiencia científica poseen quienes cuestionan el consenso? y ¿cuál es la naturaleza de las evidencias utilizadas para formular esa crítica?
La evaluación de la competencia de los “expertos” requiere, a su vez, conocer los mecanismos que la sociedad utiliza para validar dicha competencia. Es decir: ¿qué formación y credenciales posee esta persona?, ¿en qué instituciones trabaja? y ¿cuál es su reputación en ese campo? Por lo tanto, el desafío al que nos enfrentamos consiste en evaluar la competencia de los que opinan en un mar de información errónea o, peor aún, de desinformación. El escritor Ernest Hemingway (1899-1961) afirmó alguna vez: “Para ser un gran escritor, debe tenerse un sentido innato de detección de mentiras”. No sabemos si Hemingway acertó al definir la esencia de un gran escritor, pero sí sabemos que en esa frase definió, sin proponérselo, una de las funciones más importantes de la educación en ciencia: cultivar expertos en la detección del engaño.
Profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata, académico de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria

