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OPINIÓN

PISA 2025 y la infraestructura invisible del aprendizaje

Los pobres resultados obtenidos por la Argentina muestran que la crisis educativa no es sólo una crisis de contenidos. También debemos posar la mirada en el clima escolar y en el rol familiar en todo el proceso

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Alumnos durante las pruebas PISA en el colegio Bernardino Rivadavia
Alumnos argentinos durante las pruebas PISA Silvana Colombo - LA NACION
Alejandro Castro Santander
Por Alejandro Castro SantanderPARA LA NACION
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Después de cada prueba PISA solemos mirar primero los puntajes. Es comprensible, pero insuficiente. PISA 2025 vuelve a recordarnos que los aprendizajes no ocurren en el vacío. Necesitan condiciones que hagan posible enseñar y aprender. Entre ellas, una de las más decisivas es el clima escolar: los vínculos, las normas y el orden, la seguridad, la pertenencia, el apoyo de los adultos y también el hábitat educativo, su organización, cuidado y capacidad para favorecer el encuentro. En conjunto configuran la atmósfera humana e institucional en la que la enseñanza puede, o no, convertirse en aprendizaje.

Las condiciones para aprender

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El dato argentino es inquietante. En las clases de Ciencias, el 58% de los estudiantes señala ruido y desorden en la mayoría o en todas las clases, frente al 31% promedio de la OCDE; el 47% dice que sus compañeros no escuchan al docente y el 29% que no puede trabajar bien. A ello se suman la distracción digital y las tardanzas. No hablamos sólo de “disciplina”, sino de tiempo pedagógico perdido, atención fragmentada y dificultades para constituir el aula como un espacio de trabajo, respeto y responsabilidad.

Sin embargo, los estudiantes argentinos declaran más apoyo docente que el promedio de la OCDE. Esto impide explicaciones sencillas: podemos tener docentes comprometidos y, al mismo tiempo, instituciones con dificultades para construir orden colectivo, acuerdos consistentes y una autoridad pedagógica legítima.

La convivencia tampoco puede evaluarse sólo por la presencia de bullying. Estudios anteriores ya habían mostrado cifras preocupantes de violencia, exclusión y discriminación. El clima escolar es más amplio: comprende respeto, normas, orden, seguridad, pertenencia y relaciones entre los distintos actores institucionales. Violencia, discriminación, desorden y aislamiento no son fenómenos separados: forman parte de una trama que puede favorecer o deteriorar las condiciones para enseñar y aprender.

Si bien muchos chicos argentinos señalan ruido y desorden en la mayoría o en todas las clases, también declaran más apoyo docente que el promedio de la OCDE
Si bien muchos chicos argentinos señalan ruido y desorden en la mayoría o en todas las clases, también declaran más apoyo docente que el promedio de la OCDE Archivo

La escuela puede amplificar o amortiguar

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Muchos estudiantes valoran su escuela y tienen amigos, pero una proporción importante también refiere haberse sentido excluida, fuera de lugar o sola. Las medias positivas pueden ocultar a quienes quedan fuera. Y pertenecer no es un dato menor: sentirse aceptado por los pares, reconocido por los adultos y parte de una comunidad escolar se asocia con mayor compromiso, asistencia, persistencia y mejores aprendizajes.

Nada de esto significa que el clima escolar “cause” por sí solo los resultados. Las condiciones socioeconómicas continúan siendo uno de los condicionantes más fuertes, pero no determinan inexorablemente el destino escolar. Existen escuelas y territorios con resultados mejores de los esperables para su contexto. Eso obliga a mirar también qué ocurre dentro de ellos: las expectativas, los vínculos, el acompañamiento, la continuidad pedagógica, el orden y la calidad de la enseñanza pueden amplificar las dificultades o contribuir a amortiguarlas.

Por eso, frente a PISA 2025, no basta con preguntarnos qué no están aprendiendo los estudiantes. También debemos preguntarnos en qué condiciones pretendemos que aprendan.

El clima escolar es un factor asociado al rendimiento, la pertenencia, la asistencia y la continuidad de las trayectorias. Cuando se deterioran el orden, los vínculos, la seguridad, el respeto por las normas y la posibilidad de trabajar en el aula, también se debilitan las condiciones para aprender y permanecer en la escuela.

Mirarlos más allá de las estadísticas

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Las familias tampoco están al margen de la crispación, la intolerancia y el desencuentro de este tiempo, aunque continúan siendo la primera escuela de vínculos, respeto, responsabilidad y valores.

En ocasiones, algunos discursos terminan presentando a los adolescentes casi como una generación “más sola y más tonta”: menos atenta, menos perseverante, más dependiente de las pantallas. Tal vez debamos invertir la pregunta: ¿qué mundo adulto hemos construido alrededor de ellos?

Mientras discutimos por qué no aprenden, corremos el riesgo de caer en una especie de “efecto espectador” adulto: diagnosticamos, explicamos, producimos informes y esperamos que alguien venga al rescate. Como un médico que describe con precisión los síntomas pero posterga el tratamiento.

La crisis educativa no es sólo una crisis de contenidos

También es una crisis de las condiciones que hacen posible educar. Así como nos preocupa que aprendan Matemática, Lengua o Ciencias, debería preocuparnos con la misma intensidad favorecer el clima humano que permita aprender: orden sin autoritarismo, respeto, responsabilidad, confianza, pertenencia, cuidado y esfuerzo compartido. Son valores sencillos de nombrar, pero cada vez más difíciles de sostener en un mundo atravesado por el desencuentro.

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Tal vez el clima escolar siga siendo una de las dimensiones más ignoradas de la calidad educativa porque es menos visible que un puntaje. Pero atraviesa todo lo demás. No reemplaza a la buena enseñanza. La hace posible.

Y quizá nuestro problema no sea que desconocemos lo que les ocurre a nuestros estudiantes. Los analizamos mucho en las estadísticas, pero todavía los miramos poco. Y, a veces, casi no los vemos.

Alejandro Castro Santander
Por Alejandro Castro SantanderPARA LA NACION

Escritor. Director del Observatorio de la Convivencia Escolar (Centro de Investigaciones Cuyo-Conicet) Referente de Argentinos por la Educación

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