
Pongo la columna al servicio de la reelección
Un poco tarde, admito, nos declaramos “en campaña”

Declaro pública y formalmente que esta columna está en campaña. Un poco tarde, admito. Javi y Kari empezaron hace rato: el 11 de diciembre de 2023. Apenas habían sentado sus reales en Olivos y ya se ocupaban del primer menester de cualquier político de raza: recaudar. Impuestos, digo. El Estado será una “organización criminal”, pero si recauda, sería un crimen que no lo hiciera bien. Gobernantes en plan de recaudar a lo pavote –peso sobre peso, dólar sobre dólar, cripto sobre cripto– tiene una sonoridad tan inconveniente que Javi usó una expresión mucho más polite al poner ese rubro en manos de Kari: “Juntala toda”.
Desde entonces, ella no concilia el sueño.
Perdón, me distraje. No sé por qué me fui por las ramas, y además con groseras imprecisiones: la acumulación de fondos había empezado mucho antes. La cabeza económica de Javi no iba a dejar las efectividades conducentes para cuando las papas quemaran. Ya en el amanecer de su vocación presidencial supo charlotear sobre estos asuntos con Massita. Y, de cara a la segunda vuelta, supo abordarlos con Macri, que le sacó las papas del horno. ¡Qué horror, sigo distraído! Prometo reencauzarme. Estaba diciéndoles que por fin me sumé a la campaña. Al comunicar la decisión en la Casa Rosada, uno me preguntó al servicio de quién iba a poner la columna. Qué atrevido: odio que duden de mi fe libertaria. “No, virgo –me interrumpió–. ¿Estás con nosotros o con los Menem?”. Tenía razón; no solo disperso: virgo. Cómo voy a pisar el primer piso de la Casa sin tener claro en cuál de las dos facciones milito, a qué jefe reporto. “Laburo para el Presi”, le tiré, frente alta, voz firme. El desubicado todavía se está riendo.
Yo además había llevado una serie de propuestas electorales –las llamé “de acción y reacción”– para ser consideradas por la Mesa Política; esa mesa que se reúne cada tanto, con sillas destinadas a Kari, Caputín, Lule y Martín Menem, Adorni, Patricia Bullrich… OK, retiren las sillas; también la mesa. Bueno, aspiraba a que alguien le echara un vistazo a mi agenda de campaña. Pero, ninguneado como fui, cerré la notebook y gané la calle. Snif. La calle fue toda mi ganancia de esa triste mañana.
Ahora me desquito y revelo acá el plan para la reelección. Si es verdad que el Pelu lee siempre De no creer (eso dice, al menos), lo va a conocer en este momento. Acción: renovar el compromiso con la moralidad como “política de Estado”; reacción: Adorni, embajador en Aruba. Acción: el Presi anuncia que dejará de estar 10 horas por día frente a las pantallas; reacción: solo serán 8 horas. Acción: promete que nunca más, ni antes ni después de las urnas, volverá a insultar a nadie; reacción: llaman a un médico. Acción: disuelven el Triángulo de Hierro; reacción: Caputín, embajador en Turkmenistán. Acción: Pato Bullrich, compañera de fórmula; reacción: Kari la echa y se pone ella. Acción: Toto Caputo declara que en diciembre la inflación será de 0%: reacción: intervienen el Indec. Acción: Mahiques, acusado de ser amigo y asesor de Cheque Tapia y de Quinta Toviggino, deja el Ministerio de Justicia; reacción: Mahiques, candidato a la Corte.
Propongo también, para el año próximo, un escalonamiento de grandes promesas electorales, a razón de una por mes: en enero, dolarización; febrero, cierre del Banco Central; marzo, libre portación de armas…
Soy un desagradecido: no amo lo suficiente estar del lado del periodismo dependiente
Hoy dejé mi día en blanco, cosa de estar disponible cuando llamen del Gobierno. Me mostraré dispuesto a hacer retoques al plan, pero no de fondo. Es decir, me da igual que sea Turkmenistán o Somalia. Ustedes querrán saber si estas propuestas me las pidió alguien o son una iniciativa mía. Perdón, elijo ser reservado. Nunca doy detalles de mis conversaciones con Javi.
Quiero seguir siendo parte del 5% de periodistas inmaculados, que no recibimos plata de dirigentes políticos, partidos, corporaciones, embajadas… Solo del Gobierno. Que los corruptos del 95% restante se pudran encerrados en la sala de prensa sin aire acondicionado ni calefacción de la Casa Rosada, donde la libertad avanza por el pasillo que lleva al baño, único destino autorizado. Que se maten entre ellos investigando cómo invierte o se patina Adorni la guita que gana desde que trabaja para nosotros, después de años de deslomarse por dos mangos cuando era apenas un cagatinta. Que se cocinen de odio llamando a funcionarios que no los atienden porque les prohibieron hablar “con los del 95”. Que hurguen en los negocios de los Menem y de los hermanitos Neuss, en el ascenso en la escala social de la soldadesca que monetizó la militancia digital, en los porcentajes de Kari, la princesita. A veces pienso que soy un desagradecido. No amo lo suficiente estar en la vereda del sol, del lado del periodismo dependiente.
Cambio de tema. Anteayer quedó confirmado el decomiso de los bienes de Cristina. Poniendo estaba la gansa: 685.000 millones de pesos; unos 500 millones de dólares, para hablar en una lengua que le resulta más familiar. Querida Tobi, el que las hace las paga.
Acabo de caer en la cuenta: en realidad, no cambié de tema.




