Por qué la inversión en China es un ejemplo para la Argentina

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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22 de julio de 2020  • 02:31

"La inversión marca su futuro", podemos decir de China, que está hoy ubicada en el segundo puesto de la economía mundial, tanto por PIB total como por la tecnología aplicada a su producción. Esto ¿a qué se debió? Principalmente, a la gran tasa de inversión sobre el PIB que aplicó en su país, aun cuando ha tenido que pasar por dificultades muy graves, como por ejemplo con su población, con la prohibición de que los matrimonios tengan más que un hijo, lo cual fue una medida muy drástica y tuvo como consecuencia el envejecimiento de la población.

La inversión en China siempre fue superior al 30 % del PIB, pero ya desde 2005 creció por encima del 40 % del PIB y llegó al 48 % del mismo en 2010 y ahora está en 45 % del PIB. Son cifras que nos tienen que llamar a reflexión, pues nos indican el camino que podríamos seguir.

Algunos autores suman a las inversiones las exportaciones netas de importaciones de bienes y servicios, es decir, el ahorro interno y externo. Como la parte de ahorro externo es muy pequeño en el caso de China en proporción al total de inversiones, nos quedaremos con éstas como objetivo. También mirando solo el balance comercial puede interesar en países chicos como el nuestro, pues en muchos años esa cifra dio números negativos. Ahora, por la caída de las importaciones, se está registrando un balance comercial más alto, superior a los u$s 15.000 millones por año, pero justamente el problema es que se logra no con aumento de las exportaciones, sino con la baja de las compras al extranjero. Esto significa que, si aumentamos las inversiones, las importaciones van a crecer, eliminando o achicando el superávit o ahorro externo.

La Argentina ha tenido cifras de inversión muy altas en relación al PIB, que dieron un promedio de 36 % del mismo en el lapso 1855-1930, hasta el golpe de Estado de los militares de ese año, que coincidió con la crisis mundial llamada "del 30", iniciada en realidad en 1929 en Estados Unidos y que se difundió al mundo entero. A partir de allí solo hemos logrado la mitad en nuestro esfuerzo inversor, o sea 18 % del PIB, lo que no alcanzó para mantener nuestros niveles de riqueza comparables con los países a los que nos habíamos parecido, por ejemplo, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Hoy estamos a un cuarto del PIB per cápita de esos países, lo que es una decadencia muy notoria.

En China no sólo hubo construcciones de gran desarrollo, como puentes y caminos extensos, edificios para el estado nacional o local, y también edificios de vivienda y grandes supermercados y ferias, sino que uno de los puntos más interesantes fue el del desarrollo de los trenes de alta velocidad. De acuerdo al XIII plan de desarrollo de China, se espera que para este año la red ferroviaria de alta velocidad llegue a los 30.000 km, con un total de redes ferroviarias de 150.000 km. Estos trenes de alta velocidad viajan a más de 300 km/hora y unen en 2 horas lo que antes tardaban 6/7 horas, mejorando en mucho la comunicación y el transporte. Este crecimiento es significativo.

¿Cuántos trenes de alta velocidad tenemos en la Argentina, mejorando nuestras redes viejas de ferrocarril? ¡Ninguno! Hubo un proyecto que no se concretó entre Buenos Aires y Rosario y eventualmente Córdoba, pero no se logró el financiamiento. Además, la construcción requiere de ciertas protecciones incluso contra los animales, que lo hacen más difícil en su desarrollo. Las líneas rectas son importantes pero en nuestro caso la línea Belgrano entre Buenos Aires y Rosario no pasa por ciudades grandes y podía ser construida perfectamente, con un costo no muy grande. Pero ni eso se logró.

Nuestro futuro está en la inversión y con ella podremos después consumir en mucha mayor medida y con mejor calidad de los bienes y servicios prestados. Tenemos que reaccionar a este enfoque, que está para todo tipo de orientación de la economía ya sea de mercado o dirigida por el Estado aunque con mayoría de aportes privados. Es nuestro futuro. Aprendamos no solo del capitalismo sino también de los países con orientación estatal, como China, que nos sirve de ejemplo. Todo el mundo muestra las ventajas de la inversión.

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