Repudiable agresión a Cruz y Siro

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20 de septiembre de 2003  

La cobarde agresión de que fueron objeto la actriz y diputada de la Ciudad Elena Cruz y el actor y director Fernando Siro en las inmediaciones de la Legislatura porteña demuestra que la violencia y la intolerancia no han sido erradicadas de la sociedad argentina. Ambos fueron injuriados y atacados con proyectiles por grupos pertenecientes a organizaciones de izquierda y Siro recibió un golpe a raíz del cual quedó con la cabeza cubierta de sangre.

El episodio fue una consecuencia de la desafortunada muestra de intemperancia ideológica y de menosprecio hacia la voluntad popular que ha brindado la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires al demorar la incorporación a su seno de Elena Cruz, que fue elegida para ocupar una banca en ese cuerpo por el voto ciudadano. La conocida intérprete fue candidata a diputada por el partido Acción para la República en las elecciones de 2000. Al renunciar a su banca Alberto Fernández, el actual jefe de Gabinete de la Nación, quien figuró junto a ella en las listas de la alianza forjada por Domingo Cavallo y Gustavo Beliz, le correspondía a Elena Cruz ingresar en la Legislatura, pero su incorporación fue impugnada a raíz de las declaraciones que vertió hace algún tiempo en defensa del ex presidente Jorge Rafael Videla.

Es cierto que la Legislatura porteña, como todo cuerpo deliberativo, tiene la atribución formal de aceptar o no los diplomas de sus miembros, pero cuando a un diputado elegido por el pueblo se le niega el derecho a ocupar su banca como represalia por sus ideas u opiniones políticas se está perpetrando un agravio a la democracia y a la libertad de pensamiento y de expresión. El diploma de Elena Cruz finalmente fue aprobado antenoche y pudo acceder a su banca.

Es doloroso que en un país como la Argentina, que tanto sufrió en otro tiempo por los actos de barbarie perpetrados desde uno y otro extremo del espectro político, se sigan registrando episodios de esta clase y que dos figuras de tan dilatada y digna trayectoria artística -como son, sin duda, Elena Cruz y Fernando Siro- sean sistemáticamente discriminadas por sus ideas sobre el pasado nacional, teniendo en cuenta que otros muchos argentinos adhirieron también, con diferencias de grados y matices, al régimen de facto instaurado en 1976 y no tuvieron luego el valor de reconocerlo.

Una sociedad en la que subsisten la intolerancia y el extremismo ideológico -de uno u otro signo- está condenada a seguir eternamente prisionera de su pasado y de los enconos y enfrentamientos que ensombrecieron ciertos tramos trágicos de su historia.

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