
Se suspende el sol por treinta días
El lavarropas está en alerta y movilización y el tender directamente está de paro. Todos los productos de limpieza, desde el jabón en polvo hasta el suavizante, organizaron un abrazo simbólico al lavadero en reclamo por la vuelta al trabajo. La situación escaló hasta el punto de que se declaró la conciliación obligatoria para ver si el KOH-I-NOOR acepta trabajar horas extras hasta que la situación se regularice. Sin embargo, todo indica que no se volverá atrás: el clima cambió definitivamente y el Servicio Meteorológico Nacional solo abre a la mañana para anunciar tiempo inestable, lluvias y sus derivados (precipitaciones, garúa, llovizna, tormenta, apocalipsis zombie, etc).
La situación se descontroló hasta el punto de que las parejas ya no se preguntan qué van a comer a la noche (y su consiguiente pelea: “Pensá vos”, “No, vos”, “No, yo pensé ayer”) sino que ahora se debaten qué se van a poner al día siguiente. El guardarropas ya quedó corto: se usaron remeras viejas, pantalones con agujeros, camisas con los hilos saltados, vestidos de novia y pulóveres atacados por polillas y otros insectos. Ante la desesperación por no tener qué vestir, hubo quienes dieron vuelta la ropa interior para usarla del otro lado (situación dramática si las hay) y hasta se vio a gerentes de empresas yendo a trabajar con camisetas suplentes de Lanús, buzos de egresados 1999 y rompevientos de Pumper Nic.
La economía y sus protagonistas salieron a meter los pies en el agua. Los peluqueros sacaron un comunicado y pidieron un “cese inmediato a las lluvias que producen frizz” y exigieron una mesa de diálogo con meteorólogos y funcionarios de todos los niveles del Estado para “articular medidas en torno a una pronta sequía”. También exigieron “retenciones a la lluvia” y un “impuesto a la riqueza para las grandes precipitaciones”. Los coloristas fueron más allá y anunciaron un “aplausazo en todo el país” para alertar sobre la apertura indiscriminada de la importación de decoloración y reflejos.
No fueron los únicos que pasaron a la acción: los dueños de canchas de pádel, de fútbol y de tenis reclamaron “el regreso a las redes cuanto antes”, convocaron a una marcha de “paletas, pelotas y raquetas” y pidieron que esto se revierta con rapidez para todos aquellos que “llegan tarde y después piden cinco minutos más de cancha para definir el partido”. Por su parte, los personal trainer que sacan a correr a su grupo por la plaza y los entrenadores de crossfit que exigen a muerte a sus chicos harán sentadillas desde San Isidro hasta Adrogué y terminarán con tres series de Burpees y dos ejercicios con pesas rusas. En paralelo, los empleados de los lavaderos de autos fueron enviados a sus casas a hacer home office hasta nuevo aviso, los pileteros se declararon en quiebra antes del inicio del verano y los fanáticos del asado metieron todo en el freezer hasta que el sol asome (hubo achuras a media asta en las principales parrillas del país).
Sin embargo, no todos tiran para el mismo lado ni quieren que se despejen los nubarrones ni que se sequen los pisos ni que se acabe la “pegajosidad” del ambiente. El Sindicato del paraguas, la Unión argentina de pilotos de lluvia, el Círculo de amigos de la humedad y la fundación MojAR saltaron sobre el charco y anunciaron que no darán un paso atrás “frente a los que quieren volver a la vieja Argentina de días de sol”. Y completaron: “Son los mismos de siempre que pretenden volver a los picnics, a las actividades al aire libre y a la ropa limpia sin olor a humedad que no hicieron más que sumergir al país en jornadas primaverales con alergias”. Como es su costumbre, terminaron su explicación con su clásico latiguillo: “Viva la humedad, carajo!”.





