
Se va Trump, llega el Papa: ¿un nuevo Javi?
Creer o reventar. Como no está en mi ánimo reventar, elijo creer. Creo que algo serio está pasando. Anoten, si son tan amables. Trump capotó; nuestro líder, nuestro amigo, nuestro mecenas, capotó, y en la Casa Blanca ya preparan su funeral. Tuvimos la certeza del ocaso no solo al ser arrasado en las elecciones del martes, sino cuando su vice, J.D. Vance, hasta el lunes pura lealtad, cruzó de vereda para tirarle piedras. Lo de Donald es una novedad devastadora: probablemente se acabaron las excursiones de Javi a Mar-a-Lago y a Washington, porque de los mufas hay que mantenerse a distancia. Bessent va a declarar bajo juramento ante el Congreso dominado ahora por los demócratas que nunca estuvo en la Argentina y que no conoce a nadie de apellido Milei. Qué tristeza: ¿dónde iremos a llorar si se apaga Valderrama? “Estas elecciones salvaron el sistema”, me dice Andrés Oppenheimer desde Miami. OK, todo bien. Pero quién nos salva a nosotros. Ya veníamos de la defenestración de Flavio Bolsonaro, el fugitivo, primera señal de que los vientos habían girado. Sigan anotando. Anteayer saltó por la ventana este muchacho Peña, Corralito Peña, presidente de Paraguay, otro compañero de ruta; tuvo que renunciar en medio del escándalo por el derrumbe del Ueno Bank, al que llamaban “el banco del presidente”. Con tres millones de clientes, la entidad tenía dos problemas: severa insolvencia y, sí, el naming; imposible remontar ese nombre ridículo. De norte a sur, entonces, acabamos de perder a tres soldados. La izquierda está viva, maldita sea. De aquella ola azul a este tsunami rojo. Mañana llega, con su opción por los pobres, la sotana blanca. Veo todo negro.
Momentito. Todavía contamos con el Pelu. El Pelu, que volvió de Madrid feliz porque por fin pudo saludar al rey, felicísimo porque al zurdo ladrón de Pedro Sánchez le dio la mano tan blanda que se le escurrían los dedos, y orgulloso de haber dicho en su discurso de la Cumbre Iberoamericana que los socialistas son unos fachos. Para seguir marcando presencia, propinó una ausencia: fue el único presidente en pegar el faltazo a la cena de gala. La derecha española saltaba en una pata: Javi estuvo en Madrid menos de 24 horas.
Claro: ahí la oposición, que pronto va a las urnas con buenas posibilidades de derrocar la dictadura de Sánchez, habla del “riesgo Milei”; como que les rema en contra con ese estilo consagrado de orillero procaz. Que se entienda bien: les resulta simpático, colorido, un distinto. Lo quieren; lo quieren lejos.
Acá hablamos del riesgo país. Ayer, casi 900 puntos. No sé qué está pasando con ese índice del demonio. Hace años, un taxista me miró por el espejo retrovisor y me dijo: “Señor, ¿sabe cómo cerró hoy el riesgo país?”. Pensé: este es el final, ya no hay nada que hacer. No eran el dólar, la inflación, la pobreza o la corrupción (gobernaba Cristina): el hombre estaba atento a lo que dijera el J.P. Morgan. Resulta que ahora el RP nos tiene a todos con el corazón en la boca. Agárrense (y vuelvan a tomar nota): julio, 402 puntos; agosto, 512; septiembre, 607; octubre, 787; en seis días de noviembre, 900; diciembre, llamen a los bomberos. Una suba del 130% en cuatro meses, evolución propia de Alberto, de Massita, no del León. Debería aprovechar la llegada del otro León: “Su Santidad, ¿existe Dios? A ver, digo, o sea, cómo es posible que Lula tenga un riesgo de 195; la mexicana Claudia Sheinbaum, de 228, y el uruguayo Yamandú Orsi, de 84. ¡Tres comunistas!”. El Papa reaccionará con su habitual mansedumbre: “Hijo, hijo… Mateo 7, 16”. Por sus frutos los conoceréis.
Otra señal de que los vientos viraron: la Corte terminó con tanta dulzura y le sacó el juicio por las tropelías de la AFA al juez de Campana, González Charvay, amigo en las buenas y en las malas del dúo Cheque Tapia-Toviggino. Caso extraño el de Cheque: peronista, kirchnerista, funcionario de Kichi en el Ceamse, salpicado por 200 denuncias, y el Pelu no le ha dirigido ni una sola descarga de agravios. Un cigarrillo, un Martín Fierro y un “corrupto” no se le niegan a nadie. Desconocíamos esa capacidad de perdonar y olvidar. Más que eso. Kari fue clarísima en su mandato a Juan Mahiques al convocarlo para el Ministerio de Justicia. “Primero te ocupás de nuestros expedientes. Después, de los de la Tapia”. Juancito invirtió los términos. Qué frustración la de González Charvay: ya se soñaba inversor en el Ueno Bank.
Me pregunto -el país, el mundo y el Papa se lo preguntan- cuán afectado estará el Presi por la debacle de sus amigos Donald, Flavio y Corralito, por las desventuras judiciales del unicornio AFA, porque ha empezado a sonar otra música y por el derrotero mandril del riesgo país; esos 900 puntos que parecen decirnos, con la desalmada frialdad de los números, que las cosas no van tan bien como creíamos. ¿Se da cuenta el Pelu de que el horno ya no está para bollos? ¿Estará en marcha un chapa y pintura? ¿Evalúa morigerar formas, resetear el discurso, trabajar más, viajar menos, peinarse?
Cuántas dudas. Y una sola certeza. Mateo 7, 16.

