Sí se puede y no se puede

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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30 de octubre de 2019  • 02:11

Con este argumento "Sí Se Puede" se hicieron muchas manifestaciones en diferentes ciudades y plazas del país donde se manifestaron multitudes de ciudadanos y políticos, relacionados con las elecciones del 27 de octubre de 2019. El resultado fue espectacular, tanta gente apoyando al oficialismo fue una gran muestra de respaldo político.

El resultado económico no fue en el mismo sentido. No fue posible revertir la tendencia política que llevó al peronismo unido a ganar las elecciones. Hay que reconocer que son al menos tres peronismos los que ganaron la elección: el de Cristina Kirchner y La Cámpora, cuya orientación es más proclive a inclinarse hacia Venezuela en las relaciones internacionales e internamente preocupados por obtener resultados jurídicos para sacar a muchos de los detenidos preventivamente, con Axel Kicillof como gobernador de la provincia de Buenos Aires, entre otras manifestaciones políticas; por otro lado, a Alberto Fernández, con una orientación moderada, que se podría ocupar de las difíciles situaciones económicas; y después muchos gobernadores y sindicalistas, que tienen una orientación también moderada en lo efectivamente ejecutivo. Sergio Massa podría ser un elemento clave en la Cámara de Diputados, cuya orientación es también moderada.

Pero el "Sí Se Puede" en lo político no se llevó bien con el "No Se Puede" en lo económico, que empujó a Cambiemos a fracasar en lo fiscal, con la pérdida de las elecciones para al gobierno de Mauricio Macri. Este no pudo bajar, ya desde el principio, el gasto público; no pudo aumentar la inversión bruta interna fija lo suficiente, lo que llevó a un aumento de la pobreza a 35,4 % de la población y el desempleo creció hasta más del 10% de la población activa y el salario real se desplomó, especialmente con la inflación del 53,4% anual de septiembre de 2019 contra el mismo mes de 2018. Esto ha sido un desajuste económico muy fuerte, que se produjo muy cercano a las elecciones presidenciales de 2019.

Ahora la responsabilidad del tema económico está en manos del futuro presidente, Alberto Fernández, quien tiene que superar una crisis financiera muy ajustada, por lo cual no puede cometer errores. Si congela las tarifas de servicios públicos, se le cae la inversión en Vaca Muerta, la cual sin inversiones, no puede producir más que unos meses por el sistema de producción de shale gas y shale oil. Si se pone muy fuerte respecto al agro, podría producir una falta de rentabilidad de un sector del que dependen los dólares de la exportación. Salvo que deje aumentar el precio del dólar por encima de la PTE (Paridad Teórica de Equilibrio), lo que produciría una alta inflación dado el pasaje que hay entre devaluación y precios, que es del 50% aproximadamente.

¿Cómo se hace para acomodar los impuestos a un nivel normal? Esto es muy complejo, pues primero hay que bajar el gasto. Por ejemplo, la ocupación en las provincias ha crecido un 73 % desde 2003 hasta 2018, en tanto que la población lo ha hecho de 37.516.000 en 2002 a 44.560.000 en 2018 o sea un 18,8 % en ese mismo lapso. Este solo número ya implica una necesidad de un buen manejo efectivo de la ocupación estatal provincial.

Y este no es un terreno fácil que pueda recuperarse una vez que las autoridades se han equivocado desde el inicio, como le pasó a Macri con su plan gradualista. Mejor no hablemos de las jubilaciones y pensiones, que se han duplicado de 2003 hasta ahora, lo que exige también no equivocarse al inicio del plan. Para disminuir este problema se pueden usar los informes sobre envejecimiento poblacional, entre otros, el de enero de 2019 producido por técnicos del Fondo Monetario Internacional, especialistas en el tema jubilaciones.

Ahora ¿puede no hacerse nada de todo esto? Es imposible, pues el mismo FMI va a querer ver un plan completo antes de los desembolsos que la Argentina aún tiene pendientes y, sin eso, se va a complejizar el tema de la deuda externa. Para una solución de esta hay que reprogramar, al menos, los vencimientos según ya se hizo por decreto con la deuda de corto plazo. Aún falta hacerlo para el resto de las deudas y quizá excluyendo a algún bono ya reestructurado. Para pagar las deudas de empresas que tuvieran argendólares, al no haber liquidado las divisas oficialmente en su momento, hasta ahora ha existido el sistema de Contado con Liquidación, pero con un tipo de cambio que se ubicó en altos valores, cercanos a 82 $/u$s.

¿Cómo se hace para poner dinero en el bolsillo de la gente? Esto no es tan fácil como cuando la soja valía 450 u$s/ton o incluso más de 500 u$s/ton como en algunos momentos del kirchnerismo. Aun cuando se llegue a incrementos en los derechos de exportación al agro, se van necesitar incrementos del tipo de cambio real para mantener la rentabilidad del sector, aunque esas devaluaciones, en nuestro país, son inflacionarias.

Todo esto requiere un cálculo detallado que sólo puede hacerlo bien quien tenga un modelo econométrico grande y que pueda ir probando repetidas veces con nuevas variables de política económica hasta encontrar un modelo de país que presente perspectivas de atraer, de ser como una luz fuerte para las inversiones, para bajar la pobreza, para reducir el desempleo, corregir el gasto público y bajar los impuestos en un contexto de ordenamiento fiscal lógico. Requerimos todo esto pues, lo que es más necesario en estos momentos, es que el país salga adelante.

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