Susana Ruiz Cerutti, la embajadora radical que apaga los incendios diplomáticos del Gobierno

De larga trayectoria en Cancillería, fue clave en las negociaciones con Uruguay, por Botnia, y en el regreso de la Fragata Libertad, en pocos días
Adriana Balaguer
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30 de diciembre de 2012  

Por protocolo se llama embajadora a la esposa del embajador. Por eso, alguna vez, tuvo que soportar que su interlocutor le preguntara por su marido. En Cancillería sonríen con esta anécdota, hoy impensable. Formen parte del escalafón diplomático o sean funcionarios políticos, todos saben quién es esta mujer de bajísimo perfil que reapareció en la tapa de todos los diarios por ser la artífice de la estrategia legal que permitió que el próximo 9-E la Fragata Libertad esté de regreso en la Argentina. Muchos la conocen de toda su vida profesional aunque no dejan de sorprenderse al escucharla decir: "Fue una lección para los fondos buitre".

"Ir al Tribunal del Mar no fue su idea. El ex procurador Osvaldo Guglielmino se la comentó a [Carlos] Zannini", quien luego validó con la Presidenta el rumbo a tomar. "Pero hay que reconocerle a Susana una gran habilidad para lograr que estos grandes temas terminen en sus manos", comenta por lo bajo una fuente diplomática que la ha visto en acción y que no tiene problema en reconocer que le molesta que con el kirchnerismo "los principales lineamientos en política exterior los manejen los radicales y no los peronistas".

Porque si bien para Susana Ruiz Cerutti lo suyo es el discreto traje gris, que no conoce colores partidarios, su corazón tiene boina blanca. "No es una militante, siente la bandera celeste y blanca", explica alguien que recorrió los pasillos del Palacio San Martín gracias a su condición K, y que subraya el pasado radical de Ruiz Cerutti, el mismo que le permitió ser la única canciller mujer de la historia argentina (26 de mayo a 8 de julio de 1989) gracias al nombramiento de Raúl Alfonsín. El ex presidente la eligió para reemplazar a Dante Caputo, con quién venía trabajado como vicecanciller cuando se selló el acuerdo con Chile por el Beagle.

Ella no se desvela por esos comentarios, y tampoco por los que dicen que a pesar de su "elegancia profesional" jamás compitió en coquetería con otras mujeres del Gabinete.

Reconocida por sus pares por su idoneidad para el derecho internacional (es abogada y hace 44 años egresó del Servicio Exterior con medalla de oro y diploma de honor), Caputo la recuerda a su lado durante las largas sesiones en Diputados, donde concurrió más de una vez para ser interpelado. "Susana se sentaba conmigo y me daba tranquilidad. Con ella cuidándonos las espaldas sabíamos que no había riesgo de que entrara ningún cañonazo", explica antes de resaltar que su particular estilo radica en que "discute con cuidado, aunque no es infinitamente suave. Pero jamás se le ocurriría un desplante". Y agrega: "En Francia existe un término, commis data, para calificar a altos funcionarios de la administración pública que son patrimonio del Estado. Yo creo que ella pertenece a esta categoría".

Nuevos rumbos

Con la asunción de Carlos Menem, y la llegada al ministerio de Domingo Cavallo, a Cerutti le tocaron nuevos rumbos. Primero fueron aceptadas sus credenciales para Suiza y Liechtenstein, en 1991. Y luego fue como embajadora a Canadá, de 1998 a 1999. "En general, los diplomáticos se desesperan por trabajar en el exterior, pero ése no es su caso", señala un político con trayectoria en la política exterior, que aún hoy se arrepiente por no haberla consultado en un momento conflictivo de su carrera: "Me hubiera sugerido que no hablara".

Entre uno y otro destino, a Ruiz Cerutti le tocó litigar nuevamente. De esos años es que la recuerdan los Kirchner. Caro a sus sentimientos fue el conflicto limítrofe con Chile por Lago del Desierto, esa porción del suelo santacruceño enmarcada por cordones montañosos gracias a cuya defensa, los Kirchner pudieron asomar por primera vez la cabeza en el escenario nacional. Cómo olvidarse, entonces, de quién ayudó a que el conflicto fuera resuelto a favor de la Argentina el 21 de octubre de 1994. Por este trabajo, Cerutti obtuvo la Cruz Pro Eclesia et Pontifice y la Orden de San Gregorio Magno, otorgada por el papa Juan Pablo II.

Pero lejos estuvo esta intervención de distinguirla con un trato preferencial de parte de la Presidenta. "Deben ser contadas las veces que Ruiz Cerutti fue a Olivos. Ella reporta a [Héctor] Timerman. Y si en esta última [por la retención de la Fragata en Ghana] le tocó ir en persona a informarle a Cristina fue porque el canciller no estaba en el país", resalta un observador atento a sus movimientos más políticos, que dice haberla escuchado sólo una vez elogiar en público a la mandataria: cuando dio impulso al matrimonio igualitario.

Años más tarde, esa misma discreción y buenos reflejos fueron sacados a relucir cuando el conflicto fue con Uruguay y por la papelera Botnia. Fue entonces cuando, aún con la disconformidad de los asambleístas, festejó que la Corte Internacional de Justicia de La Haya determinara que efectivamente Uruguay había fallado al evaluar el impacto ambiental que podía tener la pastera. Además de que la construcción de la planta había comenzado antes de que terminaran las negociaciones entre ambos países, tal como establece la legislación binacional vigente.

El dictamen nunca fue bienvenido en Gualeguaychú, donde la expectativa era el cierre de la planta de celulosa por "contaminante". Pero ella, la representante argentina durante el pleito, dijo feliz: "El «No a las papeleras» se ha visto reflejado en esta sentencia que le hará mucho bien a la relación bilateral". Quienes la conocen de los 90 dicen que "si hay algo que la emparenta a los Kirchner es que es principista por sobre todas las cosas, lo único que le importa es que le den la razón. El tribunal internacional dijo que la Argentina tenía razón en su reclamo, pero la pastera siguió trabajando".

Más o menos festejados por los argentinos, a estas alturas de la trayectoria de Ruiz Cerutti, lo que nadie puede negar es que los fallos por los que intervino fueron salomónicos y terminaron con crisis bilaterales con países hermanos. Y eso no hay presidente de la Nación que no lo agradezca. "Trabajó para Alfonsín, Menem, De la Rúa (fue secretaria de Política Exterior) y como consejera Legal del Ministerio de Relaciones Exteriores acompaña a los Kirchner desde el inicio de su gestión. Por 30 años ha estado al servicio del Estado argentino siendo necesaria para todos los cancilleres. Eso es lo excepcional", resume Caputo.

Posiblemente, para ella, sea la cuestión Malvinas una asignatura pendiente. No debe haber sido fácil moverse aquí como una funcionaria de Estado que trasciende a los gobiernos de turno: han existido sobre este conflicto tantas posturas como presidentes ha tenido la Argentina.

Sin embargo, y más allá de las idas y venidas, desde 1999 a la fecha sigue de cerca el conflicto con Gran Bretaña. De hecho, actualmente integra el Consejo Consultivo sobre Temas vinculados al Atlántico Sur junto al embajador Horacio Basabe, su principal colaborador en todos estos años, con quien "andan siempre juntos", dicen, razón por la que los llaman "Ortega y Gasset". Aunque a estas alturas, con años de pragmatismo diplomático a cuestas, nadie puede asegurar que el calificativo no se deba en realidad a las célebres palabras de este pensador español: "Yo soy yo y mi circunstancia". Digna frase de cabecera de una diplomática de ley como Susana Ruiz Cerutti.

Quién es

Nombre y apellido: Susana Ruiz Cerutti

Edad: 72 años

  • La primera en la historia

    En julio de 1989 se convirtió en la primer mujer canciller de la historia argentina. Quienes la conocen, la describen como principista por naturaleza.
  • Una larga despedida

    Egresó del servicio exterior hace 44 años con medalla de oro y diploma de honor. Nunca termina de jubilarse pese a que ya se despidió muchas veces.
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