Tíbet, China y el dilema de la identidad
Por Tsewang Phuntso Para LA NACION
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Hace más de cinco décadas que el ejército chino de liberación popular invadió Tíbet. En estos años, las políticas del gobierno chino en Tíbet intentaron sistemáticamente asimilar a los tibetanos y destruir su particular identidad.
Actualmente, incluso la posesión y exhibición de la fotografía de Su Santidad el Dalai Lama, líder del pueblo tibetano, están fuera de toda tolerancia en Tíbet y sujetas a severas sentencias de prisión. La expresión de cualquier disensión por parte de los tibetanos es reprimida cruelmente, sin indulgencia alguna.
Además, el plan económico urbano del gobierno chino en Tíbet ha facilitado la migración a gran escala de chinos a áreas urbanas de Tíbet y una mayor marginalización de la gente tibetana, no sólo política, sino también social, económica y cultural. Leonard Doyle, un reportero del periódico londinense The Independent, que fue invitado a Tíbet por el gobierno chino junto con otros periodistas extranjeros con base en Pekín para atestiguar sobre el progreso allí, comentó en su despacho informativo del 8 de agosto de 2005 desde la capital de Tíbet, Lhasa: “A pesar del flujo de dinero en Lhasa y los mayores proyectos de infraestructura por todo Tíbet –una tierra del mismo tamaño que Europa occidental–, existe evidencia de que el tibetano común no está siendo beneficiado. Un 85 por ciento vive en áreas rurales o en el gueto de Lhasa, donde son ampliamente excluidos del auge económico de China”. La misma observación se hizo en el despacho del 18 de agosto de la agencia France Press, que dice: “Sólo una pequeña minoría del 15 por ciento de tibetanos étnicos ha tenido algún beneficio. Ellos son, principalmente, empleados del gobierno y empresas estatales y han ingresado en la clase media relativamente acomodada, permitiéndoles disfrutar de lujos materiales que van de equipos de DVD a automóviles y departamentos modernos. El resto puede estar condenado a la eterna escualidez en el fondo del mercado laboral, compitiendo por trabajos no especializados que la mano de obra importada puede hacer igual o mejor”.
Hoy, la mayor amenaza que el pueblo tibetano enfrenta es el riesgo de perder su identidad cultural. Actualmente, en Tíbet la enseñanza y el estudio de la filosofía budista tibetana están seriamente limitados. Como informó el periódico mexicano Cambio de Michoacán, el 8 del actual, bajo la bandera de la modernización y el desarrollo económico los templos y monasterios son transformados en lugares de atracción turística en vez de espacios de veneración y estudio religioso. Igualmente, los monjes son forzados a servir a los turistas como guías en su visita a los templos y monasterios, en vez de dedicarse a desarrollar sus estudios religiosos.
De igual forma, las políticas del gobierno chino disminuyeron sistemáticamente la importancia del idioma tibetano. Hoy casi todos los asuntos relativos a la administración se realizan en chino. El tibetano sólo se enseña en escuelas primarias y medias.
A juzgar por el desarrollo que se ha dado en Tíbet en las últimas cinco décadas, ha perdido más de lo que ha ganado bajo el mando chino, como declaró el fallecido Panchen Lama tres años antes de su muerte, el 28 de enero de 1989. En las dos primeras décadas de mando chino en Tíbet, de 6000 monasterios e instituciones tradicionales de aprendizaje sólo 13 pudieron sobrevivir y el resto fue destruido. Más de 1.200.000 tibetanos sucumbieron como resultado directo del mando chino. No hay ni una sola familia tibetana que no haya sido afectada por la presencia china en Tíbet.
A pesar de que el pueblo tibetano ha sufrido enormemente en el pasado, es más importante mirar hacia el futuro. Manteniendo esto en mente, Su Santidad el Dalai Lama decidió, ya a mediados de los años 70, resolver el tema de Tíbet comprometiéndose en un diálogo y una negociación serios con los líderes chinos.
En 1979, Deng Xiaoping declaró que todo se podía discutir excepto la independencia de Tíbet. En respuesta a este gesto, el Dalai Lama envió dos misiones exploradoras a Pekín, en 1982 y 1984, para dialogar con los líderes chinos sobre el futuro del pueblo tibetano. Lamentablemente, el único tema que los líderes chinos estaban dispuestos a poner sobre la mesa era el regreso incondicional del Dalai Lama y no el problema del pueblo tibetano.
A pesar de la falta de una respuesta positiva por parte de los líderes chinos, el Dalai Lama mantuvo su postura inicial. En 1987 y 1988, él hizo dos propuestas. La esencia de éstas fue que Pekín debía garantizar una autonomía significativa para el pueblo tibetano. El dejó en claro que no buscaba la separación de Tíbet de China o la independencia de Tíbet. Infortunadamente, los líderes chinos no respondieron positivamente a estas iniciativas. Ante ello, el contacto directo entre los enviados del Dalai Lama y el liderazgo chino llegó a un abrupto término en 1993.
A pesar de estos acontecimientos desafortunados, el Dalai Lama se mantuvo optimista y comprometido con su enfoque, llamado de la Vía Media. El cree que, sin importar cuán grandes o pequeños sean los conflictos, la solución duradera sólo puede venir mediante un diálogo y una negociación cara a cara y no a través del uso de la fuerza.
En septiembre de 2002, el Dalai Lama pudo restablecer un contacto directo con el liderazgo chino y sus enviados se reunieron con los líderes chinos en Pekín. Desde entonces, tres nuevas rondas de conversaciones tuvieron lugar. La última fue en Berna, capital de Suiza, en agosto de este año. El Dalai Lama y el liderazgo tibetano permanecen esperanzados de que estas conversaciones conducirán finalmente a una solución duradera para el tema de Tíbet y su compromiso es realizar todo esfuerzo necesario para ello.


