Tirando cartas en Olivos
El “gobierno de científicos” no deja de sorprender. A pesar de que la previsible racionalidad debería marcar sus acciones. Pero, a veces, pasan cosas. El futuro es un misterio imposible de develar. Al menos para el rigor de la ciencia formal y occidental. Porque hay otras. Tal vez eso debió aclarar Alberto Fernández. Habría evitado que ahora sorprenda la presencia de una tarotista entre las visitas a Olivos durante 2020. Lo que no habría impedido es la discusión sobre la eficacia del aporte de las ciencias ocultas. Aunque es posible pensar que, sin él, podría haber sido peor.
De todas maneras, es muy interesante el interés por el tarot en el ámbito presidencial. Tal vez, Fernández encontró alguna familiaridad en la historia de tal práctica. Según los estudiosos, la baraja más antigua es el tarot de duque de Milán Filippo Visconti, un noble del siglo XV que nunca habría concretado su proyecto de poder sin el aporte de los recursos de una dama. Hasta aquí, los paralelismos posibles. Más sería riesgosamente aventurado. Sobre todo, por la deriva trágica de esa sociedad, atribuida a que la señora comenzó a inmiscuirse “excesivamente” en temas de gobierno. Esa es otra historia y la historia no se repite, según Heráclito. Aunque Marx dice que se repite como farsa.




