Todos los Darthés del patriarcado

Laura Di Marco
Laura Di Marco PARA LA NACION
La "revolución de las mujeres" impulsa también una nueva y amplia agenda de derechos humanos
Fuente: LA NACION
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14 de diciembre de 2018  

Herido, el patriarcado parece haber ingresado a un estado de precoma. No solo sucede en la Argentina, sino también, con mayor o menor intensidad, en todas las democracias occidentales. Tal como vaticinó el sociólogo francés Alain Touraine -uno de los intelectuales más influyentes en América Latina y que se ha especializado, además, en el estudio de los nuevos movimientos sociales-, estamos ante una de las revoluciones culturales más vigorosas del siglo XXI: la de las mujeres. Una revolución que entraña una nueva agenda de derechos humanos, la de la equidad de género, pero que, a la vez, incorpora temas disruptivos en la conversación pública: la diversidad sexual, el debate por el aborto, el cuidado del medioambiente, la demanda ética, la interpelación a las políticas públicas sobre la alimentación. En una palabra, lo que está asomando es la política del siglo XXI, tal como la bautizó Durán Barba , el máximo asesor del presidente Macri y defensor convencido de la inclusión de más mujeres en el mapa del poder. Por eso, leer el debut del #MeToo argentino en clave K-anti-K (más allá de que algunas actrices del colectivo denunciante se identifiquen con el kirchnerismo) no solo deja al descubierto nuestro ombliguismo, sino también el pobrismo intelectual al que nos ha empujado la grieta.

El impacto mediático de la conmocionante denuncia de Thelma Fardin contra Darthés -que ya acarrea tres anteriores y tiene otra en camino- encontró un potente anclaje en la realidad: no solo fue reflejada en los medios del mundo, sino que además encontró inmediata solidaridad transversal en las mujeres de la política. Primero fueron las senadoras nacionales, con la macrista Gladys González a la cabeza. Luego, María Eugenia Vidal . Lejos de ser una feminista, la gobernadora no dudó en arremeter contra la violencia machista ponderando la valentía de hablar. Hablar sobre lo que antes se naturalizaba es, en sí mismo, un reto al patriarcado, asumido -con mucha potencia- por las más jóvenes. Las denuncias por violencia de género y abuso sexual infantil -otro oscuro tabú social- estallaron en las líneas telefónicas de los programas gubernamentales después del video de Fardin, confirmando que su relato encaja con una dolorosa realidad colectiva, que muchos preferirían correr bajo la alfombra o circunscribir al acto excepcional (e individual) de algún depravado. Para la legión de negadores, mejor que este momento pase rápido, tragado por la vertiginosidad de la agenda mediática. Sin embargo, hay malas noticias para ellos: la revolución de las hijas parece haber llegado para quedarse.

En su emotiva exposición, Thelma usó un término sutil y profundo. "Él [su denunciado] me dijo 'mirá cómo me ponés', haciéndome sentir elegida". Elegida. No pudo haber utilizado una palabra más perfecta. Con ambigüedad psicopática, el abuso es a menudo traficado como una "elección" amorosa. La creativa respuesta de quienes acompañaron a la joven actriz -y en ella a miles de aterrorizadas víctimas del abuso sexual- fue dar vuelta el guion y transformar el significado original en indignación: "¡Mirá cómo nos ponemos!".

Las mañas de la Argentina. Expuesto por el #MeToo norteamericano, el exitoso Kevin Spacey -acusado de abusar de un varón adolescente, una víctima que solo logró hablar 32 años después- asumió su responsabilidad, pidió perdón y se internó en una clínica de rehabilitación. Estrategia o no, algo es algo. Al denunciado por Fardin, en cambio, le dio un pico de presión, negó todo y fue defendido por su esposa. Más aún, le echó la culpa a Fardin y se refugió en la victimización. Idéntico modus operandi tuvo Rodrigo Eguillor y lo plasmó en un video. La argentinidad al palo.

Pero ¿qué es el patriarcado? Definitivamente, no se trata de un embutido que vino con el ADN de la humanidad. Nadie nace machista. Entonces, ¿de qué se trata exactamente? ¿Y por qué ese término, que hasta hace muy poco era solo un vocablo de la literatura feminista, saltó al lenguaje corriente de las más jóvenes? En términos sencillos, se trata de un sistema político y cultural que otorga prerrogativas y privilegios a los hombres y que excluye a las mujeres. Pero no solo a ellas, también a las otredades: gays, lesbianas e incluso a aquellos varones más sensibles que no califican en el perfil del "macho alfa", el gran "ganador" de este sistema. Emerge en un determinado momento de la historia, 10 o 20.000 años atrás -durante el paleolítico superior, según la historiadora de género Dora Barrancos-, pero consolida su eficacia en el siglo XIX, durante la transición a la modernidad. Una modernidad que aseguró derechos individuales para los varones. Eso, claro, iría cambiando con diversas rupturas en el orden jurídico. El matrimonio gay, en el siglo XXI, fue un quiebre notable.

Luis Miguel, la serie es un buen ejercicio práctico para entender de qué se trata el patriarcado. Allí, un Luisito Rey autoritario, el prototipo del macho alfa, obliga a su hijo, Luis Miguel, de 14 años, a debutar con una prostituta. Y mientras le lleva, de prepo, a la chica a un cuarto de hotel, le advierte: "Te traigo a esta mulata para que le hagas lo que quieras". Entonces la cámara enfoca a un Luismi adolescente, poseído por el terror. Que el propio Sol de México haya autorizado esta difusión ya es toda una rebelión.

El sistema patriarcal es la imposición de los fuertes sobre los débiles, por eso las mujeres no son las únicas víctimas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada cinco niñas y uno de cada trece niños han sufrido abuso sexual alguna vez en sus vidas. Y, en la mayoría de los casos, a nivel intrafamiliar. Lo más inquietante es que solo uno de cada diez niños abusados se anima a blanquear lo sucedido. ¿Por qué? El estrés postraumático opera como un paralizante emocional. Y también el miedo. Tal vez este sea un buen argumento para quienes se preguntan por qué Thelma Fardin tardó nueve años en hacer pública su denuncia. Sebastián Cuatromo, un emblema en las denuncias de abuso infantil, tardó bastante más. Abusado por un docente del colegio marianista a fines de los años ochenta, recién pudo condenar a su victimario en 2012, y solo porque buscó a otras víctimas y logró formar con ellas un frente común.

Los varones más sensibles -y, sobre todo, los más jóvenes- también están reaccionando ante los Darthés (y los Eguillor) de este mundo. Hace unos días, Eguillor fue expulsado de un tren en el que viajaba. El video, viralizado por un pasajero, muestra a un joven interpelándolo. "¿Por qué no te la agarrás conmigo? ¡Bajate!", lo increpa. Y Eguillor se baja. Luego, la policía volvió a apresarlo.

Cada dos o tres días aparecen en los diarios noticias sobre niñas o niños abusados por sus padrastros o, incluso, por sus padres biológicos y hermanos. Pero también aparecen sus denunciantes, que perforan el silencio de la antigua omertá. El pequeño pueblo cordobés de Sampacho fue noticia esta semana: expulsaron a un hombre por violencia de género. ¿Jaque mate al patriarcado? Así parece.

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