Un futuro en sombras
Botín de guerra o campo de batalla en el que se dirimen los intereses del poder político, el canal parece no tener un destino propio. Con una deuda que hoy ronda los cuarenta millones de dólares, y sigue aumentando, la emisora se debate entre quienes quieren conservarla en la órbita estatal y los que sacan cuentas jugosas con la privatización de la frecuencia 7, de alcance nacional y que pronto llegará a toda América y parte de Europa.
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APENAS se enciende el televisor, el eslogan de ATC irrumpe como un convite tranquilizador, pero irreal: "ATC, bien de familia". La invitación falta a la verdad. Un bien de familia es inembargable y, como tal, no puede respaldar las deudas contraídas por su propietario.
Todos los activos de la emisora estatal, incluido el edificio que aún no ha sido escriturado en favor de la sociedad anónima ATC (está a nombre de la ex sociedad del Estado), garantizan el concurso preventivo judicial, cuyo cumplimiento vigila atentamente la jueza María Elsa Uzal, titular del Juzgado Comercial Nº 26 de esta Capital.
Empero, de Jujuy a Tierra del Fuego, los compatriotas de los pueblitos más remotos de la dilatada geografía nacional lo ignoran. Por eso, cada vez que encienden sus televisores, desde Susques, en el extremo norte, hasta Río Grande, en el extremo sur, celebran su conexión con la aldea global y agradecen que ATC le pertenezca a la familia argentina.
Engendrada por el general Juan Domingo Perón como estación televisiva del Estado, para asegurar el ingreso de la Argentina en la industria audiovisual, Canal 7, frecuencia asignada a ATC, tuvo períodos en los que gozó de buena salud.
Algunos grandes nombres de la marquesina vernácula quedaron como testimonio irrefutable de ello. Alfredo Alcón, Ernesto Bianco, Susú Pecoraro, Norma Aleandro, Mirtha Legrand, Susana Giménez, Lito Cruz, Alberto Olmedo, Federico Luppi, Pepe Soriano, Ulises Dumont, Luisina Brando, Olga Zubarry, Martha Bianchi, Osvaldo Terranova, Mariano Grondona, Antonio Gasalla, Clara Zappettini, María Herminia Avellaneda, Oscar Barney Finn hoy son apenas una sombra difusa de un pasado que parece virtual.
A comienzos de los años 90 comenzaron los síntomas de una enfermedad hasta ahora incurable. Ante Garmaz, Lita de Lazzari, Mario Socolinsky, Lionel Godoy, Luisa Delfino, Hugo Guerrero Marthineiz, Guillermo Patricio Kelly, Fernando Lúpiz, Hugo Lamónica, Mauro Viale, Oscar Gómez Fuentes, Pedro Olgo Ochoa, las Trillizas de Oro, y sus opacas expresiones televisivas, fueron y son algunos signos contundentes de la enfermedad que se manifestó entonces.
Desde 1989, cuando Carlos Saúl Menem asumió la presidencia de la Nación, se sucedieron las administraciones que sumieron al canal en una deuda imparable, nudo gordiano del incierto futuro que se cierne actualmente sobre ATC. Jacinto Gaibur, Mario Gavilán, Julio Ricardo, René Jolivet, Gerardo Sofovich, Enrique Alvarez, Germán Kammerath, Horacio Frega y Horacio De Lorenzi son los rostros de la galería de interventores que navegaron en este Titanic, cabeza del Servicio de Radiodifusión Oficial (SOR).
Botín de guerra, coto de caza, campo de batalla entre grupos de funcionarios políticos y amigos del poder, la emisora parece no tener destino. Un grupo de fieles soldados menemistas, cuyo cuartel general se ubica en la Secretaría de Prensa y Difusión, con Raúl Delgado a la cabeza, volvió a la carga en las últimas semanas con la idea de preservar el canal en la órbita del Estado.
Aunque para ello deba conceder parte del territorio en disputa, como el edificio de avenida Figueroa Alcorta y Tagle, que la Secretaría de Cultura de la Nación ya reivindica como propio, en razón del decreto presidencial 147/98, por el cual se le transfirió el uso de las instalaciones.
Otro grupo, al frente del cual algunas fuentes oficiales ubican a María Julia Alsogaray, seducido por los resultados de la cirugía indolora de la privatización, acicatea al presidente con la idea del concurso público de la frecuencia 7, con la intención de calmar la sed de los amigos adscriptos al sonado proyecto menemista de re-reelección.
Si se examina la realidad a la luz de los golpes de timón que el Citicorp Equity Investment (CEI) dio al barco de la concentración de medios en la última semana, no es una ficción presumir que también ATC podría ser fagocitado por el gigante que comandan Richard "Gato" Handley y el banquero Raúl Moneta .
Sólo que, reconcentrado como está en la formalización de la compra de todo o parte de los paquetes accionarios de Telefé y Multimedios América (sus contratos más recientes y exitosos), el CEI no tiene ya ningún apuro por desembarcar en ATC. Sobre todo cuando la inversión que podría consumir la emisora oficial es, a las claras, menos rentable que Telefé y América.
El Banco República, de Moneta, es uno de los grandes acreedores de ATC. Las entidades crediticias Mayo, Almafuerte y Patricios también registran deudas impagas en contra del canal estatal.
Hombre de la esquina rosada
La semana última, el Gobierno dio marcha atrás con los decretos 85 y 86/98, por los cuales instruyó al Comfer para licitar las frecuencias de Canal 8 de Rosario y Canal 4 de Córdoba, dos de las 765 frecuencias de TV abierta libres en el país. Desde su altura de corporación invencible, el CEI no tiene necesidad de exponerse a la vocinglería proveniente del Congreso de la Nación para irrumpir en el interior. Sobre todo cuando tiene un camino más silencioso y seguro para llegar.
A través de Atlántida ya comenzó a torcer el brazo de las televisoras provinciales, e franca debilidad financiera para enfrentar el desplazamiento de esta suerte de portaaviones US Nimitz en el océano de las comunicaciones. No sólo se aseguró el 30 por ciento que le faltaba para alzarse con todo Telefé, sino que ya le puso bandera de compra a varios de los canales provinciales poseedores de ese porcentaje.
Canal 8 de Córdoba, cuya facturación alcanzó los 13,5 millones de pesos el año último, ya aceptó pasar a manos del CEI. Canal 5 de Rosario, 9 de Bahía Blanca, 8 de Mar del Plata, 7 de Jujuy, 11 de Salta, 8 de Tucumán, 7 del Neuquén, 13 de Santa Fe y 9 de Mendoza están en lista de espera. El precio de la re-reelección es muy alto y se paga en la ventanilla de los medios, cualquiera sea el monto.
Cuando el nombre de Moneta sonó con estrépito como mecenas del acariciado sueño re-reeleccionista oficial, la voz de alarma se hizo oír en ATC. Es que el alma máter de la re-reelección es el secretario general de la Presidencia, Alberto Kohan, hombre de huestes llevar en el directorio del canal estatal, y funcionario de fluido diálogo con el banquero titular del CEI.
Dueño de la mitad de Canal 9, del 7 por ciento de América y del total de Telefé, Moneta ya puede designar el nombre del próximo presidente de la Asociación de Telerradifusoras Argentinas (ATA), la entidad que nuclea a los empresarios televisivos privados. Su único oponente entre las emisoras capitalinas es Canal 13, perteneciente al Grupo Clarín, multimedios que varios funcionarios tienen en la mira.
Detrás de Moneta, se ubican varios pretendientes en la fila de la privatización: Héctor Ricardo García, Julio Ramos y Rodolfo Galimberti, entre los locales; la ascendente TV Azteca, de México, y TV O Globo, de Brasil, entre los visitantes. Hay otros nombres a los que el imaginario colectivo les adjudica intereses, aunque no han sido confirmados. Entre ellos, Marcelo Tinelli, Mauro Viale y Eduardo Eurnekián.
El costo por el desembarco en ATC es mucho menor que el que demanda, por ejemplo, Telefé. Según los especialistas consultados por La Nacion , en el primer caso, no llega a los 100 millones de dólares; en el segundo, el valor trepa a los 300 millones.
Claro que sus posibilidades de penetración son infinitas. Un informe reciente de la Asociación del Personal Jerarquizado de ATC, que ha desplegado acciones contundentes en contra de la privatización de la emisora, da cuenta de que más del 80 por ciento de la población total de la Argentina tiene acceso a la programación del canal estatal.
El dossier coincide con una evaluación de la gerencia comercial de ATC. La audiencia televisiva se desglosa del siguiente modo: unos 11,5 millones de habitantes reciben la señal mediante un equipo transmisor de aire; en el interior del país, por repetidoras controladas por gobiernos provinciales o municipales, hay unos 6,5 millones de televidentes; en el área de la televisión por cable, tienen acceso a la programación cerca de 18,9 millones.
La entidad calculó, además, que en el exterior, 78 canales de cable ubicados en Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay retransmiten la señal estatal. Desde mitad de este año, con el cambio del satélite de comunicaciones Intelsat 706 por el Intelsat 806, que ya está contratado, ATC llegará a toda América y a Europa, con una proyección de audiencia estimada en 17 millones de hogares.
Tras la tumultuosa reacción provocada por el reflotado proyecto de privatización, el Congreso decidió encabezar la operación de salvamento.
Débilmente y sin cohesión interna, varios legisladores de la Alianza, y los históricos del radicalismo y el Frepaso, entre los que se cuentan Luis Brandoni , Normando Alvarez García, Irma Parentella, Mario Negri y Juan Pablo Baylac, reman contra la corriente para rescatar a ATC del naufragio en aguas privatizadoras.
Sólo que en tren de medir fuerzas parecería el enfrentamiento entre un remolcador y un portaaviones.
Dos experimentados empresarios de los medios, habituales fuentes de consulta de los funcionarios del círculo áulico del Presidente, sintetizaron en pocas palabras el origen de la larga e incurable enfermedad del canal estatal.
"ATC existe como si Dios lo hubiera puesto allí sin que nadie sepa a ciencia cierta qué hacer al respecto -definieron-. El canal tiene solución pero necesita un proyecto y unos objetivos por cumplir. Si el Gobierno no sabe qué hacer con la emisora, difícilmente pueda resolverse su situación. En sus actuales condiciones, o se privatiza con sus activos y su personal, como se hizo con los demás canales, para sacarle el problema al Estado, o el Gobierno se plantea seriamente para qué quiere una televisora pública, define sus objetivos y lo saca adelante. En ese caso, tendrá que ser un canal estatal, no gubernamental, operado profesionalmente, dependiente del Congreso y con fines muy claros".
Y para que no queden dudas sobre las propuestas y contrapropuestas prohijadas desde el Gobierno, los hombres de medios, siempre off the record , precisaron: "El proyecto de pasar el canal a la Secretaría de Cultura para hacer un museo y privatizar la frecuencia 7 es un engendro, un Frankenstein hecho con apuro que va a resultar carísimo. Se nota que ha sido pensado por gente que desconoce todo respecto de ATC. El edificio de avenida Figueroa Alcorta y Tagle no sirve ni para un supermercado. Son cuatro cubos de hormigón gigante de 60 centímetros de espesor, con pisos flotantes para cableado, con equipos de aire acondicionado a 18 grados y con salas de refrigeración que sólo pueden servir para una estación de televisión, pero jamás para un museo. Su adecuación requiere una inversión enorme y la Secretaría de Cultura no estará en condiciones de mantenerla".
Quizá esta reflexión del empresario televisivo cubano Goar Mestre, recogida en el libro El rey de la TV , de Pablo Sirvén, pueda contribuir a apuntar la brújula del Gobierno hacia el verdadero norte: "Sigo pensando que el futuro de las empresas de comunicación será de aquellas cuyos conductores tengan la suficiente lucidez para cuidar a la audiencia como a su propia familia".
Por Susana Reinoso
(c)
La Nacion
Morosos, política y bailanta
APENAS se hizo cargo de ATC, luego de la caída de Horacio Frega, Horacio De Lorenzi, actualmente en ejercicio de la presidencia, inició el operativo limpieza de la pantalla con la ayuda invalorable de Víctor Taboada en el área comercial. Ambos hombres pertenecen al reducido equipo de colaboradores del secretario de Prensa y Difusión, Raúl Delgado.
La primera pasada de agua y jabón borró del éter los programas políticos.
Guillermo Patricio Kelly, Luis Beldi, Hugo Gambini y Guillermo Cherasny fueron desplazados en un intento por mostrar que el Gobierno tenía intenciones de apostar a un canal estatal más plural y menos sometido a la causa oficialista.
Detrás de los programas partidarios se fueron las bailantas, que acercaban mucho público al canal aunque poco dinero a sus enflaquecidas arcas.
Un vaciamiento anunciado
Uno de los renglones que los legisladores observan con mayor interés es el de las deudas que las producciones de varios programas tienen con el canal, sin que existan constancias de intimaciones para cancelarlas.
Uno de los más recientes reclamos legislativos al respecto, fue firmado por numerosos legisladores de la Alianza embarcados en el operativo de salvamento de ATC.
Entre los presuntos morosos , los diputados citan:
- La producción de El mundo de Ante Garmaz , con una deuda de $ 475.000, más aportes, impuesto y un monto indeterminado por publicidad encubierta.
- La producción de Tropicalísima y María Marta internacional (levantados), de Horacio Frega, su esposa Isabel Altamirano, su cuñado Carlos Altamirano, y la discográfica Magenta, con una deuda de $ 586.000 y gravámenes.
- La producción de Vivir mejor , el ciclo que comanda el doctor Alberto Cormillot, con una deuda de $ 178.000 y sus cargas impositivas.
- La producción de Argentinísima , la creación de Julio Mahárbiz, con una deuda de $ 436.000.
- La producción de Sálvese quien sepa (ya levantado), del inefable Hugo Lamónica, con una deuda de $ 365.000.
- La producción de Las tres Marías , ya levantado, con una deuda de $ 426.000.
Empero, una de las irregularidades que más preocupan a los parlamentarios opositores es el supuesto vaciamiento de la filmoteca de ATC, respecto de la cual algunos empresarios periodísticos consultados por La Nacion también expresaron su inquietud.
Rollos enteros de ciclos valiosos habrían pasado, como por arte de magia, a manos privadas, merced a los buenos oficios de una firma llamada Distribuidora de Televisión, cuyo presidente y apoderado es Alain Gyalui, según surge del contrato firmado en tiempos del inolvidable Horacio Frega.
Por ese convenio, la desconocida empresa asumió la explotación de toda la programación de ATC hasta el 31 de diciembre de 1999, mediante una compensación menor de $ 500.000 y porcentajes por las ventas de los derechos en el exterior.
En el anexo del contrato se encuentra el inventario de los rollos de varios ciclos que constituyeron verdaderos hallazgos televisivos.
Véanse estos ejemplos: 173 rollos de Función privada , 72 de Situación límite , 106 de La otra tierra , 97 de Hombres de ley , 988 de Los especiales de ATC , 81 de De fulanas y menganas , 62 de La bonita página , 27 de El mundo de Antonio Gasalla , 86 de Historias con aplausos , 7 de El país que no miramos , 108 de Argentinísima , 592 de Historias de la Argentina secreta , 17 de documento nacional de identidad , 52 de La botica del ángel y 8 de Hombres en pugna , entre otros ciclos inolvidables.
A ello cabe añadirle más de 1350 rollos de películas, entre nacionales y extranjeras.
La lista se completa con otros programas de dudoso valor televisivo, no obstante lo cual su pertenencia a la filmoteca del canal estatal le confiere un lugar de privilegio. Una mención especial merece la suerte corrida por la biblioteca que supo donar la recordada conductora Paloma Efrom, conocida como Blackie.
Cuentan los memoriosos que Enrique Alvarez, el interventor que sucedió a Sofovich, no tuvo mejor idea que enviar la biblioteca, en parte obsequiada por la periodista y en parte adquirida con dinero que ella cedió, a un baño en desuso.
La acción de la humedad en un sitio manifiestamente inadecuado habría provocado la pérdida de gran parte de los volúmenes.
Mientras ATC encuentra su destino, no faltan los recopiladores que atesoran las anécdotas surgidas al calor de las sucesivas gestiones al frente de la emisora.
(c)
La Nacion
La pantalla, al rojo vivo
LAS opiniones sobre la viabilidad de un eventual traspaso de la estación televisiva oficial de la frecuencia 7 a la 4 son coincidentes en cuanto a la disminución de su alcance a lo largo del territorio nacional.
Los especialistas que dialogaron con La Nacion insistieron en puntualizar que "la onda 4 es mala porque todos los otros canales transmiten en banda alta. Las antenas de Buenos Aires están cortadas para las bandas entre el 7 y el 13. Este traspaso significará crearle al Estado un nuevo problema. La privatización de la frecuencia 7, como la propone el Gobierno, es una cosa dudosa".
En el mejor de los casos, para evitar una controversia internacional con Uruguay, la onda debería ser 4+ para no interferir la onda 4 de Montevideo y la 3 de su repetidora en Colonia.
Si se sigue el razonamiento de los empresarios opinantes, la mayor parte del 80 por ciento de habitantes que hoy reciben ATC se quedarán sin señal estatal. Y en caso de duda, obsérvese que América (Canal 2) aún no consigue llegar a la misma cantidad de hogares que sus competidores Canal 13, Telefé y Canal 9, por no emitir en banda alta.
Claro que éstos no serían los únicos inconvenientes de un eventual Canal 4 estatal.
Una investigación técnica del personal jerarquizado de ATC arrojó otros datos. "Por tratarse de un canal off set , algunos receptores presentarían inestabilidades en la sintonía para captar la señal. La frecuencia 4+ es de banda VHF baja y hasta podría provocar interferencias no deseadas en algunas épocas del año", se indica en el informe.
La frecuencia 4+ ni siquiera ha sido reservada por nuestro país para su explotación, de acuerdo con las normas internacionales vigentes.
Nombres en la arena
Al margen de estos cuestionamientos técnicos, tampoco los empresarios que el Gobierno intentó seducir para presidir ATC y timonear el barco sobre el incierto mar de la privatización quisieron aventurarse en este viaje a la deriva.
Pedro Simoncini y Bernardo Neustadt rehusaron aceptar cuando conocieron los números del déficit y el farragoso camino que el Gobierno intentaba recorrer para llevar a buen puerto su idea de privatizar la onda 7.
En su reemplazo, el Presidente anunció a través de la prensa el nombre de Mario "Pacho" O´Donnell, que nunca logró trasponer la valla alzada por la Secretaría de Prensa y Difusión, con cuyo titular, Raúl Delgado, el ex secretario de Cultura de la Nación mantenía incompatibilidades de caracteres y proyectos.
Ante la falta de un candidato que gozara de la confianza gubernamental y de la opinión pública, sucumbió el proyecto anunciado por Delgado de convertir ATC en el mejor canal cultural de todos los tiempos.
La estación televisiva oficial tiene un déficit permanente de más de un millón de dólares por mes. Al margen de la cuota mensual por el concurso preventivo, que ATC debe pagar hasta el año 2002, adeuda cerca de 12,3 millones por incumplimiento del convenio judicial. Ello sin contar que el rojo acumulado tras las gestiones de Kammerath y Frega oscila, a la fecha, entre 23 y 27 millones de dólares.
En las últimas dos semanas, la mudanza y privatización fueron frenadas por decisión de la Justicia.
Los gremios del sector (Sindicato Argentino de Televisión, Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires y el personal jerarquizado de ATC) despertaron el interés de los obispos a cargo de la Comisión de Comunicación Social del Episcopado Argentino. Monseñor Jorge Casaretto, su presidente, dijo en una carta al SAT, que "cualquier transformación de ATC debe ser estudiada a fondo y considerada por el Congreso de la Nación".
(c) La Nacion


