Un líder silencioso
Fulvio Rafael Pagani fue una gran persona, con múltiples facetas y una importante cantidad de iniciativas
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Arcor es una empresa que nos representa en todo el mundo, es común encontrar esta marca en los lugares más inesperados del planeta. La familia Pagani es el símbolo de este gigante, primer productor mundial de golosinas, nacido en Arroyito, Córdoba.
Uno de los protagonistas de esta empresa, presidida por Luis Pagani, era su hermano Fulvio, fallecido semanas atrás a temprana edad. Fulvio Rafael Pagani fue una gran persona, con múltiples facetas y una importante cantidad de iniciativas y logros que, por su bajo perfil, muchas de ellas pasaron inadvertidas. Los más cercanos lo llamábamos "Fulvito", para diferenciarlo de Don Fulvio, su padre, fundador de Arcor, pero detrás de este diminutivo estaba escondido un líder natural con una grandeza sublime.
Detrás de este diminutivo estaba escondido un líder natural con una grandeza sublime
Sí, fue un líder al que, por su personalidad, muchos no visualizaban. Fue un transformador, un idealista, un soñador que, refugiado en su humildad y su timidez, hacía "silenciosamente" que las cosas pasen.
Durante muchos años estuve vinculado al Grupo Arcor y tuve el honor de compartir su gestión al frente de distintas instituciones en las que dejó su impronta. Muchas veces se expresaba y algunos no comprendían sus puntos de vista, pero luego sucedían, era un don extraño; le llaman visión.
Tenía una mirada positiva de las cosas y de las personas. Lo correcto era algo inevitable en su accionar, y su capacidad de entrega hacia los demás era algo natural y permanente.Fue presidente de la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba y de la Fundación Mediterránea, desde donde trabajó en la formación de una nueva generación de economistas que entendieran las economías regionales y la realidad de todo el país, su lema era "Por una Argentina federal y competitiva".
Su visión sobre el federalismo lo llevo a ser mentor y el primer presidente de la Federación de Cámaras de Comercio Exterior de la República Argentina. Fue vicepresidente de la histórica Peña El Ombú, un foro por donde pudieron expresarse las más reconocidas figuras políticas de todas las ideologías del país, de las fundaciones Junior Achievement, Impulsar y Fundación Empresarial para Emprendedores (E+E) a las que impulsó con decisión, entre otras. Fue distinguido como cónsul honorario de Gran Bretaña, por su perfil empresario y gestor de negocios.
Recuerdo innumerables anécdotas y situaciones que compartimos quienes fuimos distinguidos con su amistad. Un día dijo que Córdoba necesitaba una herramienta público-privada para la promoción del comercio exterior. Había imaginado el nacimiento de ProCórdoba, le expresó su idea al entonces gobernador Ramón Bautista Mestre. Nos solicitó que investigáramos el funcionamiento de organismos similares, tales como ProChile y ProMendoza. Tiempo después le presentaba este proyecto al flamante gobernador José Manuel de la Sota, en su primera gestión, quien decidió implementarlo inmediatamente.
A 14 años de su creación, la Agencia ProCórdoba se ha convertido en una herramienta fundamental para las exportaciones cordobesas. En otra oportunidad, nos reunimos con un joven que tenía una propuesta interesante: hablaba de "emprendedorismo", una palabra extraña en aquel momento. Luego de escucharlo con atención, llamó a Sergio Roggio y a Enrique Palacio Minetti y les sugirió que se sumaran para a crear una institución. Así nació Junior Achievement Córdoba.
Ayudó a que muchos cumplan sus sueños, brindando apoyo como mentor a través de sus consejos y vinculación
Contribuyó para que Fundación Impulsar llegue a Córdoba y fue uno de los fundadores y principal promotor de la Fundación E+E. Creía mucho en el desarrollo de los emprendedores como factor de inclusión social y de dignidad, a partir de la generación del trabajo propio, con lo cual promovió el nacimiento de nuevas empresas.
Ayudó a que muchos cumplan sus sueños, brindando apoyo como mentor a través de sus consejos y vinculación.
Reconocido hincha del Club Atlético Talleres, se dio el gusto, en su carácter de cónsul honorario del Reino Unido, de invitar a cada embajador designado en la Argentina a viajar a Córdoba y convencerlos de ser socios honorarios e hinchas de Talleres, con la excusa del origen inglés de su fundador, Thomas Lawson. Cada embajador se llevó, con mucha simpatía, su carnet de socio y la camiseta oficial del club de sus amores.
En una misión comercial a Cuba, tuvo un diálogo con Fidel Castro, quien Le dijo: "Fulvio, qué lástima que soy diabético y no pueda comer tus golosinas". Fulvio le respondió: "No se preocupe, también las podemos hacer sin azúcar". Y Fidel le dijo: "Oye, Fulvio querido, te agradezco pero comer un caramelo sin azúcar es como bailar con un maniquí".
Fulvio reconocía a las personas más allá de su condición. En una oportunidad, siendo anfitrión de una recorrida por una planta fabril de la empresa familiar Arcor, mientras les entregaban presentes a los visitantes, él tomó varias cajas, salió y se dirigió personalmente a los choferes que esperaban afuera y les entregó los mismos presentes. Ese era Fulvio: se dirigía con el mismo respeto a un gobernador y a un ordenanza. Se sentía igual de cómodo en un restaurante de gran categoría como en un comedor de barrio. Sólo le importaba con quién estaba, no dónde estaba.
Tal vez haya un sueño escondido que no se animó a profundizar y que muy pocos conocieron: permanentemente decía que quería transformar la ciudad de Córdoba, ponerla a la altura de las más lindas y funcionales del mundo. Le hubiera gustado ser intendente de esa ciudad, pero finalmente priorizó su compromiso con la actividad empresaria.
Amaba la empresa Arcor, de la que era director. Siempre tenía presente el legado de su padre, Don Fulvio, sobre quien expresaba una gran admiración; se sentía orgulloso de pertenecer a este símbolo cordobés. También tenía una excelente relación con sus hermanos Luis, Lilia, Claudia, Alfredo y Mario, cuya unión es algo que los distingue.
A veces recordaba con nostalgia cuando era niño y podía probar los caramelos desde las líneas de producción, algo que las normas de calidad hoy no permiten, pero se entusiasmaba al descubrir las nuevas tecnologías y la capacidad de innovación que la empresa desarrollaba.
Sentí la necesidad de escribir estas líneas como una forma de expresar el reconocimiento a una persona de bien, a alguien que hizo mucho, a alguien que permanentemente impulsaba cambios, innovaciones y desafíos en silencio, sin buscar por ello reconocimiento alguno.
Para mí, fue un amigo del alma. Para la sociedad, un líder silencioso.
Jorge A. Lawson


