Un país condenado al eterno retorno
En Argentina. Breve historia de un largo fracaso (Temas) el chileno Mauricio Rojas retrata los vicios de un país que repite sus errores. Aquí, un fragmento
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La fase cada vez más problemática del "modelo K", abierta en torno a 2007, ha implicado una acumulación notable de tensiones propias de la deriva populista ya iniciada con anterioridad: aumentos insostenibles de salarios, subsidios, beneficios sociales y del gasto público, lo que a su vez ha desencadenado una fuerte inflación negada oficialmente pero con evidentes efectos desestabilizadores. El efecto protector de la devaluación del peso en 2002 para con la producción nacional se diluye de esta manera y la presión de los costos se hace sensible, lo que obliga a incrementar el proteccionismo a fin de mantener a flote una industria nacional cada vez más vulnerable. También tiende a deteriorarse la balanza comercial, lo que lleva a una política de restricciones a las importaciones cada vez más digna del mundo del "realismo mágico", tal como lo mostró el ejemplo insuperablemente chabacano de intentar prohibir la importación de libros aludiendo razones médicas. Finalmente, llega el momento de frenar la expansión fiscal, moderar la emisión monetaria inflacionista, contener los incrementos salariales y recortar los subsidios. Y allí estamos, como Perón en el 52.
Al mismo tiempo, se intensifican las luchas redistributivas, cosa que siempre ocurre cuando el cuerno de la abundancia y la ilusión comienza a agotarse. El piqueterismo descontento se enfrenta así al piqueterismo oficial, e incluso dentro del oficialismo se producen fuertes tensiones con aquellos aliados que solo vendieron condicionalmente su apoyo. La movilización militante está siempre allí, presente o amenazante, y el kirchnerato está hoy cosechando los frutos de su propia siembra: es el momento de la desilusión y la pedrada. Pero también de sacar el as que todo populismo siempre tiene escondido en la manga: la agitación nacionalista, prólogo ineludible de una escalada autoritaria. [...]
La Presidenta, y con ella la Argentina, está en su momento más peligroso. Aquel donde el poder sin contrapeso y tanta alabanza de tanto acólito obsecuente tienden a crear una ceguera letal para los gobernantes. A su vez, la oposición padece, con pocas excepciones, de una mezcla de anemia y servilismo que es notable, lo que puede incrementar aún más la tendencia natural a la ceguera y la soberbia de un gobernante tan poderoso. [...]
En gran medida, la suerte final del kirchnerato dependerá, como siempre en la Argentina, de la fortuna de las exportaciones. El flujo de recursos generado por los bienes exportables es su oxígeno vital, pero también su talón de Aquiles. Tal como pasó con el nacionalismo de Perón en su momento y, en general, con las políticas de desarrollo "hacia adentro", la dependencia del sector exportador se ha incrementado y con ello la vulnerabilidad de una economía nacional que tiende a encerrarse dentro de sus fronteras pero que, al mismo tiempo, necesita cada vez más de todas aquellas importaciones que no puede -ni nunca podrá sin condenar a la Argentina a aquella miseria absoluta que solo la autarquía puede producir- reemplazar. [...]
Tal vez, todo esto pueda parecer extraordinariamente sorprendente para quienes visitan la Argentina y algo se han enterado de los avatares de la historia del país, en especial si provienen de pueblos que algo parecen haber aprendido de su propia historia. Pero estos visitantes se sorprenden únicamente porque no saben que han llegado a un país asombroso donde nada se olvida ni nada se aprende. [...]
El régimen K ha implicado no solo una vuelta al caudillismo clientelista de siempre sino a un nuevo ciclo populista de ilusión y desencanto, similar al que tantas veces se ha vivido. Es algo singular: Argentina no se renueva, se repite. El gobierno actual parece estar empeñado en volver a recorrer "la vía argentina al subdesarrollo", aquella intentada hace más de cien años y que llevó a la formación de una economía semicerrada que necesariamente se hundió cuando su premisa esencial -un flujo extraordinario de exportaciones de origen primario- se debilitó. [...]
El modelo K, como se vio, se encuentra en esta delicada fase y por ello debe recurrir al recurso último de todo régimen personalista en dificultades: la agitación nacionalista y los golpes de efecto como la estatización de YPF. Es una aventura menos riesgosa que aquella emprendida en 1982 por la dictadura militar y da el rédito político esperado. [...]
En todo caso, Argentina se está adentrando en una fase altamente riesgosa y vulnerable de su desarrollo, donde el debilitamiento del régimen se hará cada vez más patente, tal como se harán más estridentes sus intentos de frenar ese debilitamiento. En una fase así, será vital la existencia de una alternativa sólida: un liderato consistente capaz de nuclear en torno suyo aquel espíritu de civilidad y sensatez que necesariamente irá creciendo en la medida en que el kirchnerato asuma formas más contraproducentes y autoritarias de actuar. Se abrirán muchas posibilidades cuando el encanto del populismo se vaya transformando en la desilusión de una realidad que, tarde o temprano, le pasará factura a un régimen que descansa sobre unos cimientos que se harán cada vez más frágiles.
Serán momentos difíciles pero pueden también ser momentos de esperanza. Todo dependerá de la existencia de un referente distinto, trabajado pacientemente y consolidado en torno a una alternativa coherente. Será una de esas ventanas de oportunidad que se abren de vez en cuando y que permiten hacer una historia diferente a aquella que parecía predestinada a acontecer. Si así llegase a ocurrir, Argentina tendría una posibilidad de romper ese síndrome del eterno retorno que la condena a revivir sus pesadillas pasadas.



