Un planeta caliente convoca a la humanidad

Luis Castelli
Luis Castelli PARA LA NACION
Es imprescindible alcanzar un nuevo acuerdo. Con ese espíritu, hay que llegar a París
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11 de septiembre de 2015  • 01:39

Inundar las ciudades de emisiones contaminantes no afecta solo a sus inmediaciones: esa nube de vapor transparente invade las geografías más distantes. Si hay algo que caracteriza el cambio climático es la interdependencia. Una interdependencia atmosférica que hoy convoca a la humanidad. Un llamado inevitable a la convivencia planetaria que no distingue culturas, etnias, contextos ni circunstancias. Salvaguardar el futuro bienestar de una población mundial en aumento requiere un esfuerzo de integración que, a primera vista, parece reñido con el individualismo patológico del ser humano. Sin embargo, es posible.

A diferencia del Protocolo de Kyoto, que establecía obligaciones de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero exclusivamente para los países desarrollados, la Cumbre de París, que tendrá lugar en diciembre de este año (la "COP21/CMP11"), aspira a lograr la contribución de todos los Estados. Mientras que el Protocolo de Kyoto exigía reducir las emisiones de gases de efecto invernadero exclusivamente a los países desarrollados, la Convención Marco sobre el Cambio Climático (Cmnucc) fortalece el principio de universalidad. Así, aunque se reconocen diversos grados de responsabilidad, se invitó a todos los países que concurrirán durante el próximo diciembre a la Cumbre de París (la "COP21/CMP11") a desarrollar y comunicar una contribución -acorde con sus respectivas capacidades y circunstancias nacionales- antes de octubre de 2015. Estas contribuciones, conocidas como "INDC" (siglas de Intended Nationally Determined Contributions), son metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que los Estados ofrecen al mundo a través de actividades de mitigación consensuadas internamente. El propósito es limitar el calentamiento global del planeta en 2°C respecto de los niveles preindustriales. Se acordó, asimismo, que las Naciones Unidas elaboren, para principios de noviembre, una evaluación del efecto agregado de todas las propuestas nacionales sobre las emisiones mundiales y el clima a fin de determinar si la sumatoria de las INDC será suficientemente ambiciosa para hacer frente al calentamiento global.

Los aportes deben contener información detallada sobre las acciones que se ejecutarán para pasar, tan velozmente como sea posible, a una nueva economía que reduzca sensiblemente las emisiones generadas

Los países pueden usar diversos modelos para presentar sus compromisos según su nivel de desarrollo, capacidades y circunstancias nacionales. Pero, en todos los casos, deben indicar cómo la disminución de emisiones podrá cuantificarse de manera "clara, transparente y comprensible por todos": los aportes deben contener información detallada sobre las acciones que se ejecutarán para pasar, tan velozmente como sea posible, a una nueva economía que reduzca sensiblemente las emisiones generadas. Sería lógico que, al preparar su contribución, cada país involucrara a todos los sectores productivos (energético, del transporte, agrícola, manufacturero, forestal, etc.) para que determinen cómo podrían alcanzar su propia neutralidad de carbono. Esta acción debería complementarse necesariamente con un proceso de participación pública ya que la consulta a la sociedad civil en estos casos es esencial. Se trata de definir un nuevo modelo de desarrollo, bajo en carbono. Es trazar una estrategia que especifique las acciones y metas planteadas para reducir las emisiones y adaptarse al cambio climático.

No superar los 2°C antes del año 2100 requiere un gran compromiso de todas las naciones. Según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático, esa meta demanda reducir las emisiones mundiales entre un 40% y un 70% para 2050 y que sean nulas para el fin del siglo. Significa un esfuerzo radical, ya que -al ritmo actual- superaremos los 2°C en 2050 y excederemos los 4°C en 2100. Las referidas INDC deberían ser la base de un compromiso global en la COP21/CMP11 de París, reemplazando al obsoleto Protocolo de Kyoto a partir de 2020, año en que deberá entrar en vigor el nuevo acuerdo. Cabe señalar que la Argentina aún no ha presentado su contribución. A dos meses de la Cumbre de París, se desconoce cómo transformará un modelo de desarrollo -con emisiones superiores a las de varios países desarrollados- sin consultar a los principales sectores que deberían generar los cambios.

En las negociaciones internacionales, nuestro país forma parte del denominado "Like minded group", integrado por países como Arabia Saudita, Bolivia, China, Cuba, El Salvador, Irak, Kuwait, Libia, Nicaragua, Qatar, la República Democrática del Congo, Siria, Sudán y Venezuela. Es difícil entender por qué, en materia de cambio climático, integramos un grupo liderado por países miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que desde siempre ha procurado evitar cláusulas vinculantes que condujeran a la reducción del consumo de combustibles fósiles. ¿Se considerará tal vez que las necesidades de crecimiento de todas estas naciones justificarían postergar la adopción de medidas vinculantes en materia de mitigación de las emisiones gaseosas contaminantes? Afrontar el cambio climático y promover el desarrollo sostenible van de la mano. Más allá del apoyo a los países en situación crítica, el clima debe convertirse en una dimensión ineludible en los procesos de toma de decisiones. Y deben promoverse acciones, entre otras, reducir los subsidios a los combustibles fósiles, abandonar los sistemas contaminantes de generación de energía (por ejemplo, los que emplean el carbón como insumo básico), destrabar la expansión de energías renovables, promover sistemas de transporte urbano eficientes y detener de inmediato la deforestación.

El planeta es una unidad. Sean cuales fueren las diferencias ideológicas y culturales, las naciones del mundo deben trabajar juntas. De otra manera, no habrá solución para el efecto invernadero y los problemas ambientales globales.

Puede que todo esto no ocurra y que los intereses creados sean tan poderosos que no se produzca ningún cambio. Sin embargo, es imprescindible alcanzar un nuevo acuerdo. Con ese espíritu, hay que llegar a París.

El autor es Director Ejecutivo de la Fundación Naturaleza para el Futuro.

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