Un viento muy duro del levante
Federico Trillo, el inolvidable ex ministro de Defensa de José María Aznar, se retrató a sí mismo con el informe parlamentario sobre el desembarco español en el islote Perejil, el peñasco mediterráneo del tamaño de una cancha de fútbol y habitado por cabras cuya disputa casi desata una guerra con Marruecos.
"Al alba, con viento duro de levante", comenzó el ministro su retórico informe sobre la "gallarda" invasión del peñón por parte de tropas de elite españolas que -según su relato- dominaron de inmediato a seis soldados marroquíes que los estaban esperando. Y que se rindieron poco después de saludar a los recién llegados.
Hasta allí, un relato que alimentó ironías de todos los colores. Pero lo que ahora se sabe sobre aquellos días de julio de 2002 fue motivo de vergüenza. Eso, a partir de las fotos de los seis soldados en cuestión encapuchados, maniatados por la espalda y sentados sobre la piedra, con fuerte custodia.
El propio ministro dijo que se habían entregado "sin resistencia". Por eso los españoles no entienden lo de la capucha a conscriptos ya desarmados. Ni eso ni la privación de la visión que conlleva y que, en esas condiciones, es considerada tortura, como la que, según la Cruz Roja, se practica a los presos iraquíes en la base norteamericana de Guantánamo.
Esa imitación generó una catarata de mensajes indignados a radios y periódicos. Uno de ellos sintetizó su malestar con una cita atribuida a Borges: "nos portamos como quien se come a los caníbales".


