Una fórmula para el crecimiento

(0)
2 de marzo de 2003  

La economía argentina empezó indiscutiblemente un proceso de recuperación a partir del abandono de la convertibilidad, a comienzos del año pasado. Por más caótico que ese paso pudiera haber sido, y muchos los errores que se pudieron cometer en medio de esas dificilísimas circunstancias políticas y financieras, no pueden caber dudas de que se ha torcido en estos 14 meses una tendencia que venía siendo negativa desde 1998, y que había entrado en un colapso terminal en la segunda mitad de 2001.

Con mucha razón se puede argumentar que se trata de la recuperación parcial de la caída de estos últimos cuatro años. Uno podría agregar que eso no es poco, frente a lo que venía sucediendo, pero debemos reconocer que es mucho más sencillo recuperar lo perdido que crecer y desarrollarse para combatir definitivamente el desempleo y la pobreza que se instaló en nuestro país desde hace ocho años. Muchas son las barreras que enfrentará esta incipiente recuperación antes de transformarse en crecimiento económico genuino, y la forma de enfrentar las mismas debería ser la agenda del próximo gobierno.

Fuente de divisas

Para empezar por las más difíciles de modificar, tenemos que comenzar señalando que el entorno internacional será claramente adverso. La economía mundial ha bajado notablemente sus expectativas de crecimiento, y la reciente alza del precio del petróleo no hace sino agravar estas proyecciones.

En este contexto, el Gobierno tiene una enorme tarea de apertura de mercados externos para nuestras exportaciones. Este es un tema que fue prácticamente ignorado en los años de la convertibilidad, cuando los dólares se atraían vendiendo empresas o subiendo las tasas de interés. Ya no quedan empresas para vender, ni acceso al crédito.

Por lo tanto, la única fuente de divisas será la mayor colocación de los productos industriales y agroindustriales en el exterior. Los commodities agrícolas son muy importantes, pero tienen un techo, y no generan todo el empleo que necesitamos para combatir rápidamente el tremendo deterioro social que sufrimos.

Obviamente, la ausencia total de crédito es también una enorme barrera que podría interrumpir la actual reactivación. Este problema tiene muchas facetas, algunas de las cuales podrían superarse rápidamente y otras llevarán años.

Del lado del sistema financiero hoy hay tantas incertidumbres y urgencias, que la vuelta del crédito no parece sencilla. Aún no está claro lo que sucederá con la eventual redolarización que decida la Corte Suprema y cuál será la respuesta del Ejecutivo para evitar una nueva crisis bancaria, considerando que los dólares no están disponibles. También siguen pendientes los ajustes y compensaciones por la pesificación asimétrica, los amparos, la eliminación del CER, el megacanje y otras distorsiones que experimentaron los bancos en estos últimos dos años.

Superados estos temas queda por restablecer la capacidad prestable de los bancos nacionales, públicos y privados, y la voluntad de seguir prestando de los bancos extranjeros. Esto no es una cuestión menor y está relacionada de alguna manera con la mala experiencia de los bancos que llegaron en la última década, y con los bancos que mantienen en su poder grandes volúmenes de deuda pública en default.

En este aspecto, la crisis bancaria reciente nos deja una lección que es muy obvia para los legos, pero no tanto para los entendidos. No hay suficientes normas "prudenciales" ni extranjerización de la banca que alcance para evitar una crisis del sistema financiero, cuando la economía real colapsa.

La destrucción del aparato productivo durante los 90 está en la base de los problemas fiscales de finales de la década, y también de las dificultades de cobro de los créditos a particulares, hipotecarios, y a empresas de servicios, que provocaron enormes pérdidas en el sistema financiero. El mejor argumento para atraer inversiones financieras en un futuro mediato, consolidar los bancos locales o retener entidades que están pensando en irse es justamente plantearles que no estamos para repetir fantasías cambiarias, sino para recrear condiciones de prosperidad en el sector productivo.

Con este esquema seguramente fracasaremos para atraer fondos especulativos, por suerte, pero podrán desarrollarse las inversiones directas y los financiamiento de largo plazo que nuestra economía necesita. Y simultáneamente, lograr la consolidación de un negocio financiero y un mercado de capitales argentino, integrado al país productivo. Del lado de los tomadores de crédito, las empresas, hay también mucho por realizar y el futuro gobierno tiene que procurar los cambios corporativos que multipliquen el número de las empresas que puedan ser merecedoras de nuevos préstamos.

Por un lado, deben flexibilizarse las normas llamadas comúnmente Basilea Plus, que lejos de servir para consolidar a los bancos, fueron un instrumento para derivar préstamos al sector público, complicándoles aún más la vida a las entidades financieras. Con sorpresa, muchas entidades financieras hoy comprueban que fue mucho más rentable prestarles a las Pyme que al Estado o a los particulares.

Créditos para Pyme

Con un gran esfuerzo para combatir la evasión impositiva, tiene que hacerse una profunda desregulación laboral, impositiva y de trámites administrativos en las empresas pequeñas y medianas. Hoy las Pyme generan la mitad de empleo de lo que deberían, considerando lo que generan en los países europeos y los americanos.

Y si bien es muy probable que una parte importante del empleo en las Pyme argentinas sea "informal", debemos reconocer que ésa es una demostración adicional de la marginalidad de estas empresas y sus empleados, y explica una de las enormes dificultades para crecer que tienen.

Para cumplir este rol las Pyme necesitan créditos y garantías. También es importante revalorizar las economías regionales, y entender que ellas pueden ser las grandes protagonistas de las exportaciones agroindustriales, como ya lo están demostrando los vinos, los lácteos, el aceite de oliva, las frutas, etc., potenciadas por este gran despegue del turismo y aprovechando todas las inversiones realizadas durante la década pasada.

La enumeración de las tareas por realizar para lograr la consolidación de esta etapa de crecimiento es seguramente mucho más amplia que las mencionadas más arriba. Lo importante es entender que no alcanza con un equilibrio macroeconómico, ni con fórmulas mágicas, sino que pasa por crear, sector por sector, las condiciones para la inversión productiva, y lograr su comercialización y su financiamiento.

El autor fue presidente del Banco Central.

  • El próximo domingo: el columnista invitado será Roberto Frenkel.
  • ADEMÁS

    MÁS leídas ahora

    Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.