Una virtud opacada
1 minuto de lectura'
Tema inagotable, la falta de transparencia nos toca y lastima a diario y lleva a reflexionar, con frecuencia, que parecería imposible conocer el trasfondo de las cosas. En la Argentina, en pocos años, hemos vividos sucesos dramáticos. Mención ineludible exigen las grandes causas judiciales que se eternizan y complejizan ad infinitum, como el atentado contra la AMIA de 1994.
En otro orden, los argentinos convivimos en años recientes con un Indec que nos mentía en forma descarada. ¿Eso es transparencia? Un 40% de quienes tienen alguna forma de trabajo en el país se encuentra "en negro", ¿a eso llamamos transparencia? ¿O será que naturalizamos la opacidad, conviviendo con ella, aceptándola?
Enredados en normativas muchas veces contradictorias, indescifrables o ambiguas, no logramos ponernos de acuerdo sobre principios básicos que nos permitan avanzar razonablemente. Muchas sociedades en el mundo evolucionaron y conforman hoy países donde la falta de transparencia y la corrupción en la desembozada escala argentina son impensables.
Criterio, Argentina

