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OPINIÓN

Vivir más no alcanza: cómo preparar hoy el cuerpo para los años que vienen

En el Día de la Ancianidad, es oportuno recordar que una mayor longevidad, para ser vivida con plenitud, debe estar acompañada de salud, autonomía y bienestar, y eso se logra con nuestros hábitos de hoy

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Una buena alimentación, ejercicio y descanso adecuado son parte de los ingredientes necesarios para vivir más y mejores años
Una buena alimentación, ejercicio y descanso adecuado son parte de los ingredientes necesarios para vivir más y mejores años
Adolfo  Cordonnier 
Por Adolfo CordonnierPARA LA NACION
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El futuro no llega de golpe. No hay una mañana en la que uno se despierte y descubra que, de repente, tiene 70 años. Ese momento se construye mucho antes, casi sin que lo advirtamos: en cada noche de buen o mal descanso, en los años de sedentarismo o de movimiento, en lo que ponemos sobre el plato y en la atención que prestamos a las señales de nuestro cuerpo. Por eso, en el Día Nacional de la Ancianidad, que se conmemora cada 28 de agosto en la Argentina, conviene hacerse una pregunta distinta: no solamente cuántos años queremos vivir, sino cómo queremos vivirlos.

En nuestro país, la expectativa de vida ronda los 78 años. Pero sumar años, por sí solo, no alcanza. El verdadero desafío es conseguir que una mayor longevidad venga acompañada de salud, autonomía y bienestar. Que llegar a los 80 no signifique resignar movimiento, vínculos o proyectos, sino poder seguir manejando el auto, viajando, aprendiendo o simplemente sentándonos a comer con amigos. En definitiva, que los años ganados sean también años vividos.

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Por eso, la longevidad no se improvisa, aunque tampoco está completamente escrita de antemano. Nuestros genes aportan predisposiciones, pero el ambiente y nuestros hábitos participan en la forma en que esas predisposiciones se expresan. La epigenética nos recuerda que entre lo que heredamos y lo que terminamos siendo existe un territorio sobre el que podemos intervenir. Antes de obsesionarnos con nuestro ADN, deberíamos prestar atención a algo bastante más cercano: cómo comemos, cuánto nos movemos, cómo dormimos, si fumamos y cómo administramos el estrés.

Hay una imagen que utilizo para explicarlo. Un virus puede ser apenas el fósforo, pero nuestro organismo es el terreno donde ese fósforo cae. Si encuentra un bosque seco, lleno de rastrojo, puede desencadenar un incendio; si cae sobre una tierra húmeda, cuidada y preparada, puede apagarse. El virus importa, pero también importa el estado del “terreno biológico” sobre el que actúa. Dormir bien, no fumar, alimentarnos con comida real y mantenernos activos no nos vuelve invulnerables, pero sí puede ayudarnos a enfrentar mejor las agresiones que inevitablemente forman parte de la vida.

Esa misma lógica debería orientar nuestra idea de prevención. La medicina moderna dispone de herramientas extraordinarias y los medicamentos y controles son fundamentales cuando están indicados. Pero no pueden sustituir aquello que hacemos todos los días. Durante demasiado tiempo hemos tendido a intervenir cuando el daño ya estaba instalado: tratar la hipertensión, controlar el colesterol, medicar la diabetes. La pregunta es qué podemos hacer antes, cuando todavía estamos a tiempo de modificar la trayectoria. Hay que corregir el hábito antes de que el hábito termine dañando la célula.

Por eso, no existe una edad determinada para empezar a ocuparse de la longevidad. Cuanto antes, mejor. Construir fuerza muscular, cuidar el metabolismo, dormir adecuadamente, preservar el equilibrio y sostener una actividad física regular son inversiones que acumulan beneficios con los años. Nunca es tarde para empezar, pero tampoco deberíamos esperar a que aparezca una enfermedad para descubrir el valor de la prevención.

En ese recorrido también hay que aprender a escuchar. El cansancio persistente, la pérdida de fuerza, un aumento de peso sostenido, las dificultades para dormir o una falta de aire que antes no existía no deberían atribuirse automáticamente al paso del tiempo. El cuerpo suele avisar antes de que nosotros decidamos escucharlo.

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Y escuchar también implica no convertir la salud en una obsesión tecnológica. Relojes, anillos y aplicaciones pueden ser herramientas útiles, pero no deberían reemplazar el sentido común. Si un dispositivo asegura que nuestro descanso fue perfecto y nosotros amanecemos agotados y con niebla mental, quizás sea momento de creerle al cuerpo antes que a la pantalla. La salud no debería convertirse en una planilla de datos ni en una carrera por alcanzar métricas perfectas.

Para tener una vida sana, solo hay que seguir hábitos de alimentación sencillos (Unsplash)
Para tener una vida sana, solo hay que seguir hábitos de alimentación sencillos (Unsplash)

Lo mismo ocurre con la alimentación. No necesitamos una dieta de moda, sino recuperar una idea sencilla: comer alimentos reales y poco procesados, priorizar vegetales, frutas, legumbres y cereales integrales, incorporar proteínas adecuadas y moderar los ultraprocesados, el azúcar, la sal y el alcohol. A eso debemos sumar movimiento: caminar, fortalecer los músculos, trabajar el equilibrio y evitar pasar demasiadas horas sentados. Son decisiones simples que, repetidas durante años, pueden cambiar el resultado.

Finalmente, hay una dimensión de la longevidad que ninguna analítica puede medir por completo: la vida que queremos vivir. La denominada Generación Silver está modificando la imagen tradicional de la adultez mayor. Ya no se trata simplemente de llegar a una determinada edad, sino de conservar la capacidad de participar, aprender, viajar, crear, vincularse y decidir. Envejecer bien no significa negar el paso del tiempo, sino llegar a esa etapa con la mayor libertad posible para seguir eligiendo qué hacer con ella.

El 28 de agosto nos recuerda que las personas mayores tienen derechos, pero también nos invita a pensar en algo que empieza mucho antes de la vejez: qué estamos haciendo hoy para que el cuerpo, la mente y la vida que encontremos mañana sigan siendo, en buena medida, nuestros.

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Adolfo  Cordonnier 
Por Adolfo CordonnierPARA LA NACION

Médico (UBA), especialista en Clínica Médica y en Medicina funcional integrativa

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