"Yo soy la nada"

Solo, deprimido, casi olvidado, el hombre cuya voz hizo temblar redacciones y gobiernos, mira al país desde su retiro en Punta del Este.
Silvia Pisani
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29 de septiembre de 1996  

PUNTA DEL ESTE.- Jacobo Timerman (73), jeans, zapatillas, anteojos oscuros y camisa sport, se para tras el enorme ventanal de la confitería El Greco, centro de todos los que quieren ser vistos cuando esta ciudad arde en verano, y espera. Es el lugar acordado para el encuentro.

"Yo la guío", dice con la voz que durante años hizo temblar redacciones, gobiernos y negocios. Trepa a su jeep negro y toma el camino hacia la Barra. Muestra su reino en la ciudad desierta: a la derecha, dunas, espinillos, mar y gaviotas. A la izquierda, los caserones de San Rafael, con el césped cortado como un paño de billar. Lejos, muy lejos del frenesí que fue su vida durante los últimos 40 años, va tranquilo, casi olvidado. Pasea a 80 kilómetros por hora.

En la parada 20 de la Brava se mete por un camino de arena. Y se detiene frente al chalet en el que, desde hace cinco años, vive aislado, con la sola compañía de un perro y de una mucama a la que llama por un intercomunicador y que luego desaparece, como si se la tragara la tierra, con la silenciosa diligencia de las uruguayas.

Hay un jardín enorme, una pileta impecable. La casa es clara en la madera del piso, en la escasez del mobiliario, en la transparencia de los ventanales y en la enormidad del living alargado, con chimeneas simétricamente gigantescas en sus dos extremos.

El silencio es absoluto. "Quise un lugar con mucho espacio", dice el periodista que fundó las revistas Primera Plana y Confirmado y, finalmente, el diario La Opinión, tres medios críticos y de enorme influencia política. Primera Plana fue pieza fundamental en la creación del clima previo al derrocamiento de Arturo Illia. Y, aparecida 1971, La Opinión modificó la forma de encarar el periodismo diario en la Argentina. Especialmente crítico del gobierno de María Estela Martínez de Perón, en momentos en que el país se desangraba entre bandas de derecha y de izquierda, fue cerrado durante el régimen militar de Jorge Videla, que le adjudicó una conexión financiera con Montoneros que nunca pudo probar fehacientemente.

Hombre de pocos amigos, Timerman relató su propio infierno: fue secuestrado en 1977, torturado, encarcelado y luego desterrado por el Proceso, en 1979.

En 1984, tras el retorno de la democracia, volvió a la Argentina, declaró en el juicio a las ex Juntas militares y encaró el proyecto periodístico más discutido: tomar la conducción del diario La Razón, que por entonces tiraba 200.000 ejemplares. Naturalmente, el cambio desbordó el ambiente para convertirse en un hecho político. Sólo que no funcionó. De vespertino pasó a matutino, de sábana a tabloide, y se pobló de firmas que cambiaron de un día para otro un estilo de 80 años. Las ventas cayeron. Hubo juicios y malestar entre los periodistas. Y la aventura terminó.

Fue la última etapa estruendosa de Timerman en el periodismo argentino y él la evoca de otra manera. "Fue un saboteo de los distribuidores", dijo durante una larguísima conversación en el jardín que se convirtió en su mundo de silencio. Un mundo de fotos enmarcadas, libros y recuerdos, que muy pocas veces quiebra una voz humana. Y por encima de todas las evocaciones, la de Risha, su mujer, presente en las continuas apelaciones de quien parece haber elegido este paisaje para desintegrarse y unirse nuevamente.

-¿Por qué eligió este lugar para vivir?

-Hace años que veníamos aquí con mi mujer. Antes, sólo en el verano. Los dos teníamos la idea de retirarnos acá. En Buenos Aires no podíamos. En esta casa murió ella, hace cinco años. Yo me retiré de todo. Y me quedé.

-¿Cómo se llega a la decisión de dejarlo todo?

-No hay un momento exacto. Viene lentamente. La muerte de mi mujer me produjo un colapso psicológico muy grande. Estuve en tratamiento mucho tiempo. Poco a poco fui deshaciéndome de todo lo que había sido en el pasado y llegó de pronto el deseo de quedareme acá. Me siento más en paz. Yo no hubiera podido soportar otra cosa sin Risha.

-¿Qué fue ella?

-Todo. No sólo mi esposa. Era mi amiga, mi amante, mi compañera.

-¿Piensa mucho en el pasado?

-Trato de no hacerlo. Le tengo pánico a la nostalgia. No quiero obsesionarme. No quiero pasarme la vida persiguiendo fantasmas. Aunque uno muchas veces se encuentra pensando algo sin habéserlo propuesto.

-¿En qué piensa con más frecuencia?

-En la vida con mi mujer. La extraño. A veces no me doy cuenta de que ya no está y la busco para comentarle algo. Al principio fue terrible. Fueron años durísimos. Después, poco a poco, fui saliendo.

-¿Habla de esto con sus hijos?

-No están acá. No comparto estos pensamientos. Yo sigo siendo lo que fui para ellos como padre y ahora también como abuelo.

-¿Cómo es que un hombre acostumbrado a la pelea cae en una depresión?

-No tiene nada que ver. Hay una parte que es lo que uno es en el trabajo. Pero es una porción muy chica. En realidad, necesito el ámbito familiar. Me da fuerzas. Sin eso, se pierde el soporte.

-¿Nunca viene nadie?

-A veces, en el verano, llega algún amigo. Pero, por lo común, estoy aislado. No me integré a la comunidad geriátrica de esta ciudad. Son todos retirados que juegan al bridge. Y yo sólo juego al truco. Jugué horas en la cárcel. Me gusta con locura. Pero queda mal jugar al truco en Punta del Este.

-A lo mejor, usted lo impone y es un éxito.

-Ya no impongo nada. Ya no dirijo nada. No trato de influir. Recibo muy pocas visitas.

-¿Y no le gustaría?

-Lo único que puedo decir de mi vida es esto. A veces pienso en la posibilidad de conversar. Me gustaría. Pero no se me dio.

-¿Ni siquiera con viejos amigos y colegas?

-¡Noooo! Yo pienso más en intelectuales. Pero no se da.

-¿Le gusta hablar por teléfono?

-No, lo hago muy poco. Es muy raro que llame alguien. Salvo mi hijo, el que vive en Buenos Aires. Y, con menos frecuencia, con los otros dos. Así se dieron las cosas.

-¿Puede pasar un día entero sin hablar con nadie?

-A veces, en una semana pronuncio 20 o 30 palabras, nada más.

-Muchos dicen que usted tiene mal genio, casi intratable.

-¿Es una pregunta o una afirmación?

-Tómelo como prefiera.

-Si quiere saber, el mal carácter es sólo en el trabajo. Estoy enamrado del periodismo y por eso pongo tanta pasión. Y algunos lo toman como mal genio. Pero yo no soy así en la intimidad.

-Romper el original de un periodista en medio de la Redacción y delante de todos sus compañeros, como se cuenta de usted, ¿qué es?

-La historia es cierta. Pero eso es el trabajo. Y el original en cuestión era impublicable. Un profesional puede traer una nota de mejor o peor calidad. Pero a la hora del cierre, una nota impublicable es algo que no se puede aceptar. Y yo no la acepté.

-¿Qué hace en todo el día?

-Leo. Pienso. Escucho música. Cuando puedo, veo una buena película de video. Soy fanático del cine. Me levanto al mediodía.

-Eso no suena mal.

-¿Es una opinión o una proposición...?

-Una opinión. Dígame más.

-Tomo unos jugos, almuerzo liviano y voy a buscar los diarios. Siempre leo La Nacion y Página 12. Me acuesto. Leo mucho acostado. Siempre tengo tres o cuatro libros. Ahora estoy con unos escritos de Italo Calvino, en París, que acaban de editarse. También, con el último libro de Paul Auster y con unos escritos de Primo Levy.

-¿No escribe?

-No. Nada.

-¿Nunca piensa en volver?

-A veces si. Va a creer que quiero congraciarme, pero eso me pasa, por ejemplo, cuando veo los cambios en La Nación. Es fantástico.La creatividad me entusiasma. Pero estoy cansado.

-¿Ningún proyecto?

-Primo Levy era un autor italiano, sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz,que se suicidó hace unos años. El dijo una vez: ¿Quién dice que los muertos no tienen voz y no hablan? Esa frase me dio la idea de escribir un libro que se llamara Los tres hijos de Sofia, que son los tres hijos de René Epelbaum, que desaparecieron. Y de contar la historia en primera persona, como si yo fuera el hijo mayor que relata la tragedia. Mi mujer no quería que lo hiciera. Decía que eso abriría puertas a una serie de cosas que nos han ocurrido en nuestra familia. Cada tanto me vuelve la idea.

-¿Y ahora? -No, no creo que lo haga. Llegué a visitar la casa de la familia Epelbaum. Está todo igual. No, todo no. Se nota el tiempo. Eso me crea angustia.

-¿No escribe por angustia?

-No puedo explicar todo. No siempre se sabe por qué ocurren las cosas.No tengo una explicación de por qué vivo así. Mi vida es la nada. Y la nada no se puede compartir.

"No se si los peronistas son corruptos o cleptómanos. Ven un cenicero y se lo meten en el bolsillo"

Bill Clinton, el perro, hasta ahora impasible, se inquieta y muestra los dientes a la fotófraga. Trivial, el gesto cobra otro significado si se recuerda que Timerman hizo el diario La Opinión sin fotos. El periodista lo abraza. Billy, lindo, ¿qué pasa? El perro se calma. La fotógrafa sigue. Y la conversación va por otro lado.

-¿Qué piensa del presidente Menem?

-No, no puedo pensar nada.

-¿Cómo que no puede?

-No puedo pensar nada serio. A veces me pregunto si existe. Se formó un entorno muy vasto, que tiene sus intereses y que maneja las cosas de la República. No creo que el Presidente esté muy enterado. Le hacen firmar las cosas.

-¿Realmente piensa que no sabe lo que ocurre en el país?

-No creo que lo sepa. Responde a su estilo cultural, tipo sultán. Es como una alienacion de la realidad. Muchos sabemos cosas que el Presidente ignora. Creo que el Presidente pertenece a una cultura de la farándula que lee los titulares de los diarios, y entre amigos, conversan y toman decisiones. Por ejemplo, creo que él sabe que hay pobres, pero dice que es cosa de agitadores politicos. Eso no es saber lo que ocurre. Otro tanto pasa cuando dice que el apagón fue un fracaso. Rechazar la verdad es ignorar la realidad.

-¿Qué puede ofrecer la UCR?

-Angeloz está terminado. La necesidad de haberle hecho un expediente, aunque zafe en lo juridico, demuestra que no tiene toda la integridad que se esperaba de él.

-¿Y De la Rúa?

-Vamos a esperar que gobierne. Creo que puede gobernar.

-¿Cuál es el futuro del Frepaso? -Difícil saberlo. Aprovechó la oportunidad para formarse. Y admiro la moderación con que se mueve. Hay un renacimiento de ideas que permiten suponer que tanto el radicalismo como el Frepaso tendrán un seguimiento mayor que el que uno suponía. No sólo porque la situación se agrava, sino porque la sociedad toma conciencia de muchas cosas.

-Algo parecido le ocurrió al Partido Intransigente y hoy es una pequeña estructura.

-Es cierto. Pero eso no quiere decir que al Frepaso le ocurrirá lo mismo. Quiere decir que en la Argentina esas cosas ocurren.

-¿Chacho Alvarez?

-Es un hombre de ideas claras. Con conocimiento de la politica argentina. Veo con agrado que tiene una ambición desmedida. Y me parece que la sociedad está madurando como para poder decidir la existencia de un Frepaso, de un partido radical nuevo y hasta de un peronismo nuevo.

-¿Con quién? ¿Con Duhalde?

-Ah... no sé. Con quien sea. Igual seguirá siendo peronismo, políticamente incivilizado. Lo que decía Borges: Los peronistas no son ni buenos ni malos. Son incorregibles. Y serán siempre eso. Tienen una estructura totalitaria y de corrupción que ya es genética.Y eso será con Duhalde, con Cafiero o con Menem.

-¿Entonces, de qué cambio habla?

-No sé si los peronistas son corruptos o cleptómanos. Pasan al lado de una mesa, ven un cenicero y se lo llevan. Y luego ven 300 millones y también se los meten en el bolsillo. Es un fenómeno que todavía no se estudió debidamente.

De todas formas, la corrupción afecta pero no determina la historia de un país. Japón es diez veces más corrupto que la Argentina. También Corea, Taiwán, Singapur. Lo esencial es el crecimiento. Y nadie puede robar tanto como para impedirlo.

Hay cosas que empiezan a cambiar porque la sociedad presiona. A eso me refiero. Rebeliones dentro del Partido Justicialista, antes impensadas. O el hecho de que una de las mafias más grandes del peronismo, la de la familia Saadi, se vea frenada en el Senado. Y por un vicepresidente peronista. Esos indicadores son importantes.

-Me sorprende que diga eso. Hay quienes dicen que esta sociedad está adormecida.

-Es una sociedad todavia atrasada, no sabe defenderse. Tiene que aprender mucho . Se ha dejado bloquear por instrumentos medievales de la política, como es el corporativismo peronista. Por un Presidente que se cree un adonis de ojos azules, que enloquece a las mujeres. Pero hay síntomas civilizados e interesantes, como el apagón. Y está bien que reaccione. Tenemos un país pobre. Pero eso no significa que haya riesgo de violencia. Hay que ser cuidadosos con eso.

-¿Qué piensa de Graciela Fernández Meijide?

-Creo que alcanzó un rango porque se convirtió en símbolo, que no es lo mismo que ser un líder. No se si tiene el sentido estratégico de un Duhalde, de Freddy Storani o de Alvarez.

-¿Qué futuro político tiene Cavallo?

-El mismo que Alsogaray: puede hacer diez partidos politicos, pero para que sean instrumentos de lobbies. No dá para más.

-Dice que no hay riesgo de violencia, ¿y Quebracho?

-Es un germen sicótico, sin importancia. Es más un clima que una realidad que se supera fácil.

-¿Cómo?

-Alcanza con que los politicos vayan a la sede de Quebracho y discutan seriamente. Que muestren su locura. Que se lo digan a ellos y al país. Y los aislan. El problema de los políticos es que no ocupan su lugar. Y en política no se debe ignorar nada. Los politicos y los periodistas no podemos acusar a los de Quebracho como posibles y futuros asesinos si no nos movilizamos para evitar que vuelva el bandolerismo. Se habló mucho de violencia y tuvimos una seguidilla de autocríticas.

-¿Qué piensa de la revisión que hizo Firmenich?

-Firmenich es un estúpido. No tiene importancia.

-Llevó a la muerte a unos cuantos.

-Sí, pero no creo que sea al hombre que nos pueda iluminar sobre lo que ocurrió. Su nivel de comprensión es muy bajo. A mi me gustaría ver una crítica profunda, de intelectuales de izquierda. Como la que hizo en su momento Pablo Giussani, con Montoneros, la soberbia armada.

-¿Qué sentido le da a la autocrítica del general Balza?

-Lo de Balza es más que encomiable. Pero yo hablo de los que estuvieron adentro. Que aparezca un general que diga "operábamos así. Hacíamos las cosas de esta manera". Para que nos enteremos de hasta dónde puede llegar la Argentina.

-¿Por eso rescató tras su muerte al ex presidente Alejando Lanusse?

-Yo no quiero entrar en controversia. Ojalá aparezca un historiador que muestre a Lanusse en su real dimensión. El jugó toda su autoridad para que se hicieran elecciones. Cuando los estúpidos peronistas dicen que lo obligaron a ponerle la banda presidencial a Héctor Cámpora, se equivocan. No lo obligó nadie. Lanusse eligió ponerle la banda a Cámpora. Osvaldo Soriano escribió que ese fue su momento de mayor derrota. No, fue su momento de más gloria. Podría haber delegado el mando. Y no lo hizo.

-¿Qué lo llevó a reconocerlo tras su muerte? ¿Un sentido histórico, un lazo de afecto?

-Yo no sé si puede decirse que éramos amigos. Se murió. Puse un aviso fúnebre. Es todo.

-¿Por qué?

-Como dije, no sé si las cosas se producen por una decisión específica. No podría mencionar un mecanismo interno definido.

-¿Qué pasaba si no lo hacía?

-No sé. Pero, por decir algo, seguramente La Nación no me hubiese llamado y esta conversación no habría existido.

* * *

"Cargo sobre mis espaldas ser un capricorniano incorregible", dice Timerman, nacido el 6 de enero. Declara que fue en 1923. Y que lleva 73 años caminando por el mundo. Ahora, con la apoyo de un bastón que le permite mantener el equilibrio que le quitó un derrame cerebral.

  • Padre de tres hijos varones, ninguno de ellos vive cerca. El mayor, en Nueva York; el segundo, en Buenos Aires, y el tercero, en Israel. Todos se graduaron en el exterior. Y se fueron quedando afuera al casarse con extranjeras.
  • Tiene seis nietos de entre 3 y 16 años. "Ironías del destino, el mayor cumplirá 17 años el 17 de octubre", cuenta. Y el año próximo, el jovencito estará bajo bandera en el ejército israelí. Tiene cuatro nietas mujeres y lo llaman Tatita. "Me gustaría verlos más seguido", confiesa.
  • Su espacioso chalet esteño se llama La Datcha. Le puso ese nombre pensando en la residencia en que Tolstoi solía reunir a intelectuales. Y aunque ése no es su caso, recuerda con especial entusiasmo la visita que allí le hizo el director de cine norteamericano Oliver Stone. "Fue cuando tenía la idea de filmar Evita, que luego hizo Alan Parker. Yo traté de convencerlo de que Evita no fue lo que ellos piensan y que no merece estar en la historia."
  • Hace unos meses incorporó a su living un regalo muy especial: una computadora para Internet. Hasta ahora sólo consiguió enchufarla, pero no pierde las esperanzas de avanzar. Sus nietas son sus instructoras.
  • Chacho y Chiapas

    Timerman parece obsesionado por la violencia. Y, pese a que lo admira, critica a Chacho Alvarez, que hace una semana, en estas mismas páginas, advirtió sobre la posibilidad de un Chiapas en la Argentina.

    -Primero, no es cierto. Y segundo, me preocupa que se hable así -dice Timerman.

    -¿Por qué?

    -Porque esa es la Argentina del pasado. Alvarez debería haber dicho que la situación es grave. Pero que no se hagan ilusiones los que sueñan con un Chiapas, porque la clase política va a impedirlo. Lo peor que se puede hacer con el terrorismo es alimentarlo. Esa es la principal lección de los últimos años, en que ningún político se animaba a decir nada contra los montoneros.

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