
Entre el cielo y la tierra
Rodeado de arena, el Mont Saint-Michel celebra nada menos que trece siglos con un ambicioso proyecto para volver al mar
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MONT SAINT-MICHEL.- Imponente es un adjetivo del que se suele abusar especialmente en las descripciones de sitios turísticos. Casi tanto como exclusivo y paradisíaco . ¿Pero en qué otros términos se puede hablar de la primera visión de la abadía de Mont Saint-Michel? Si el efecto es casi hipnótico a medida que esta construcción-isla, de trece siglos, se agranda al final del camino sobre el estuario del río Couesnon, en Normandía, norte de Francia.
Estamos unos setenta kilómetros al sur de las playas del desembarco aliado en el Día D (o Jour J), el 6 de junio de 1944. Pero hay que retroceder mucho más en la historia, hasta el siglo VIII, cuando se habría construido el oratorio original consagrado al arcángel Miguel, príncipe de ángeles. Dos siglos después, los monjes benedictinos fundaron allí la abadía alrededor de la que se fueron sumando otros edificios. Lentamente se conformó la pequeña villa que, hacia el siglo XIV, por la Guerra de los Cien Años, debió fortificarse. Y así, logró resistir un sitio de tres décadas. Hasta que la Revolución Francesa revolucionó también a la abadía, que había llegado a albergar hasta noventa monjes, y se convirtió en prisión.
En 1979, la Unesco declaró al monte Patrimonio de la Humanidad. Hoy es la tercera atracción turística francesa en cantidad de visitas anuales. De hecho, más de tres millones de personas llegan cada año a la villa sobre este curioso peñón, aunque sólo la mitad sube también hasta la abadía propiamente dicha, para lo que se paga una entrada aparte. En julio y agosto, a propósito, la abadía se puede recorrer también de noche.
Feliz cumpleaños
Pero éste es un año especial, un aniversario redondo . Se conmemoran nada menos que trece siglos de la construcción de la primera capilla en tan espectacular lugar. Y, justamente, se lo celebra con un megaproyecto para recuperar la geografía local, que ha cambiado mucho desde entonces.
Sucede que el Mont Saint-Michel ahora se eleva sobre una playa más que una bahía. La vista habitual de esta maravilla, coronada triunfalmente a más de 170 metros con una imagen del arcángel empuñando su espada, es la de una isla rodeada de... arena.
Sólo en media docena de oportunidades al año la marea (una de las de mayor amplitud en Europa) sube lo suficiente como para que el monte quede en el agua. Una subida particularmente rápida, "con la velocidad de un caballo al trote", como dicen los normandos, por lo que resulta bastante peligroso caminar en el momento equivocado por este gran sedimento de arena. Fuera de esas fechas, de todos modos, circular por allí sin la compañía de un guía oficial sigue teniendo algún riesgo debido a que existen sectores de arenas movedizas en las que se ha perdido más de un peregrino.
No será así por mucho tiempo. En 2005, el estado francés puso en práctica un largamente debatido plan para devolver a Saint-Michel a su entorno marítimo, en términos oficiales. Con una inversión estimada en 134 millones de euros, para 2012 estarían terminadas las obras hídricas, incluyendo un nuevo dique en el río Couesnon, con las que estas sagradas rocas volverán a bañarse en el mar. Entonces, las visitas accederán a la villa desde el continente por un largo puente peatonal. Y está previsto también que una última plataforma de ingreso se cubra totalmente de agua unos pocos días al año, recuperando así, en forma simbólica, el histórico carácter inexpugnable del Mont Saint-Michel.
Cuando el proyecto esté completo, el panorama cambiará ya desde el estacionamiento, que entonces tendrá una capacidad para 4000 autos y micros, y quedará mucho más retirado que ahora, a dos kilómetros y medio del monte, lo que ahorrará algunos de los actuales problemas ambientales por la gran cantidad de vehículos que se detienen directamente a las puertas de la villa. Más que nunca, a partir de 2012 habrá que peregrinar.
Peregrinos del mundo
En verdad no son pocos los que ahora mismo también caminan algunos kilómetros hasta este lugar. Desde lo alto de las murallas se ven los grupos en todas las direcciones, a lo lejos, como nómadas cruzando el desierto.
Precisamente, a los peregrinos y a esa voluntad de sacrificio para alcanzar lo sagrado está dedicada la exposición Entre tierra y cielo, que se puede ver hasta el 11 de noviembre en la abadía. Son notables fotos de Jean-Michel Gillaud tomadas en montañas o montes sagrados alrededor del mundo: el monte Gargano, en Italia; el Sinaí, en Egipto; el Thai Shan, en China; el Uluru, en Australia, Lalibela, en Etiopía, y Croagh Patrick, en Irlanda, entre otras, exhibidas en sectores del monasterio, actualmente habitado sólo por media docena de monjes.
Con unos cincuenta residentes permanentes, la villa medieval alrededor de la abadía es considerablemente menos sagrada. Por un puñado de callejones en pendiente se alinean tiendas de souvenirs donde comprar desde unas típicas galletas normandas hasta osos de peluche y otros regalos sin relación particular con la región o directamente con Francia, en general.
También hay, intramuros, cinco hoteles y algunos restaurantes. Entre éstos, uno muy famoso, La Mère Poulard, fundado en 1888. Como lo hicieron desde Eleanor Roosevelt hasta Woody Allen, allí se puede degustar una buena sidra normanda y uno de los mejores (y más grandes y más caros) omelettes del mundo, cocinado con leña. También funciona como alojamiento tres estrellas, con 27 habitaciones.
Dormir dentro de la villa es todo un privilegio si se considera que por la noche y por la mañana temprano los huéspedes tienen la posibilidad de disfrutar, sin ser atropellados por los miles de turistas que copan el sitio diariamente. Caminar, casi en soledad, por el mítico Mont Saint-Michel es un regalo divino.
DATOS UTILES
Cómo llegar
Desde París son tres horas de viaje en tren hasta Rennes y unos 20 minutos más en micro hasta la entrada del Mont Saint-Michel. Ambos tramos se pueden adquirir juntos en www.raileurope-la.com
Para ver
La abadía . Abierta todo el año, menos 1° de enero, 1° de mayo y 25 de diciembre. De septiembre al 30 de abril, de 9.30 a 18.
Entrada, 8,5 euros. Menores de 18, gratis. Entre 25 y 18, 5 euros.
Estacionamiento diario para autos: 4 euros
Dormir & comer
La Mère Poulard . El más famoso hotel y restaurante de la villa celebra sus 120 años con una promoción de dos días, una noche, media pensión y visita a la abadía por 190 euros en sus habitaciones con vistas únicas de la villa y la bahía del Mont Saint-Michel.
www.mere-poulard.com
En Internet
Información general sobre Mont Saint Michel: www.ot-montsaintmichel.com
Todo sobre el proyecto de recuperación del sitio: www.projetmontsaintmichel.fr
www.normandie-tourisme.fr





