
Una piedra en el zapato
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¿Vieron esas piedritas minúsculas que se cuelan en tus zapatos, con las que podés caminar sin detener la marcha, sin registrarlas siquiera... hasta que, de un momento al otro, un leve movimiento, un paso más enérgico o un cambio sutil en la coreografía de pasos, las desplaza un par de centímetros y lo que era un elemento insignificante, chiquito, nimio... se torna no sé si insoportable pero sí molesto...
... y te obliga a un parate?
Bueno, en este momento estoy en eso, frenando la marcha, soltando el itinerario proyectado y ocupándome de inclinar mi torso para quitarme esa piedra del zapato.
Al fin de cuentas, escribo en el blog de la mamá y si algo hace ruido en el rol de madre, ¿por qué no revisarse?
¿De qué hablo?
Como saben, durante los últimos tres meses, desde el mes de julio en adelante, he tenido serias dificultades en dar con alguien que cuide a mis hijas. No vienen al caso los detalles e imprevistos (¡los imponderables!) de esta búsqueda pero para que entiendan el cuadro, hubo muchos, varios días en los que, sin aviso previo (o con suerte con un sms que me avisaba a último momento) me encontraba en la situación de tener que trabajar y cuidar a mis hijas en paralelo.
De tener que trabajar desde casa... y en casa. Porque ellas son chicas, requieren atención, necesitan que les prepares el desayuno, que las limpies si van al baño, que les cocines el almuerzo... e incluso también que juegues, que interactúes, que dialogues, etcétera.
Al menos mis hijas lo necesitan, así se comportan, no pretendo que funcionen de manera distinta.
El caso es que hubo mañanas en las que pude "pilotearla". En las que me armé de toda la paciencia necesaria para ir cumpliendo con mis tareas laborales (a paso leeento) y atendiéndolas a ellas. Mañanas donde la danza hogareña fue intrincada, caótica... pero salí airosa.
Y otras mañanas o momentos puntuales en los que necesitaba silencio (al momento de escribir y corregir necesito silencio) y en lugar de silencio, sólo tenía reclamos... y el reloj corría, me urgía, no siempre puedo trabajar lento, hay otros que están esperando el resultado de mi trabajo. Y en esos segundos en los que las voces agudas de mis hijas se fundían con la presión de tener que cumplir con responsabilidades laborales... yo hacía agua. O como más de una vez expresé: me cortocircuitaba.
Y no soy yo cuando me cortocircuito.
Me desconozco.
Me desbordo.
Y grito.
Pego un grito alto. A veces ni siquiera era un grito direccionado. A veces era un grito de descarga al vacío... a nadie. Era el grito que vaciaba toda la tensión acumulada. Y un grito de protesta por sentirme dejada en banda. Porque a la complicación tridimensional, claro, hay que añadirle la carga emocional que para mí tenía el hecho de que alguien me dijera como si nada, al pasar: "no voy, no puedo".
O que ni siquiera me avisara.
No quiero justificarme. Sí comprenderme mejor, pero no justificarme. No. Además, no sólo fue un grito. También tuve malos modos. Contesté a mis hijas de mala manera. Me encontré retándolas por estupideces... nerviosa, con fastidio.
No creo que valga justificarse. Siempre habrá obstáculos, pruebas, desafíos. La vida misma. ¡La vida diaria!
Los hijos no tienen la culpa, no son almohadones ni tampoco el aire y luz del edificio para que te descargues.
¿Ahora entienden mi piedra en el zapato?
Estos desbordes no fueron diarios, fueron ocasionales, excepcionales... pero en lapso de tres meses esa acumulación de desbordes ocasionales se hicieron piedra.
Se solidificaron en una pequeña piedra que agradezco haya entrado a mi zapato; de lo contrario no sé si la habría registrado.
(Nota: la semana pasada empezó a trabajar una nueva persona, todo indica que vamos por buen camino y que la búsqueda valió la pena. Que así sea).
¿Basta con registrarla? No. Registrarla es apenas el primer paso.
Ahora toca corregir, reparar. Y lo más importante, cambiar ese hábito. Prevenirlo.
Acaso recordando: ¿hay tarea más urgente, más fundamental, más prioritaria que tratar a tus hijos respetuosamente?
¿Hay hecho más constructivo que ése?
¿Hay semilla más valiosa acaso?
¿No dice ese acto mucho más que todos los textos que puedas escribir en relación a tus nenas?
Y termino este texto haciendo honor al desafío, con hijas a mi alrededor... En este momento se han propuesto limpiar el vidrio del living, me muestran cómo lo están haciendo.
Y yo podría perder un rato largo buscando una oración que cierre el texto orgánicamente, pero voy a hacerme caso...
(e irme con ellas).
¿Qué piensan? ¿Sienten ustedes alguna piedrita en sus zapatos?



PD: ¡Muy buen arranque de semana! Como siempre, para contactarse por privado, me encuentran en inessainz@msn.com o en FB
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