
En la metamorfosis de los mensajes electorales cuesta encontrar cambios positivos; el 80% de las arengas de los dirigentes están destinados a fortalecer los propios liderazgos y solo un20% son propuestas
El antagonismo es inerradicable, sentencia Chantal Mouffe, pero no implica que adversarios se transformen en enemigos. La dimensión antagónica es inherente a las relaciones humanas y es la política, como un orden siempre contingente y temporario, la que ordena. Nada indica que no pueda haber un consenso conflictual, es decir reconocer la pluralidad en vez de negarla. La política -según la autora- debiera apaciguar los antagonismos permitiendo que, cada quien, defienda sus ideas, esto es, el tránsito de un antagonismo a un agonismo propio de lo político. Los desacuerdos no sólo son legítimos, sino necesarios, aún con un debate encarnizado sobre alternativas. Por ende, piensa en procedimientos regulados, democráticos, donde subyace la idea de consenso racional, centrado en la arena dónde se dará el debate.

