Aprile, al borde de renunciar a la intendencia de General Pueyrredón

El jefe comunal radical dejaría el cargo, jaqueado por las deudas y por las protestas contra su familia
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29 de enero de 2002  

MAR DEL PLATA.- Acorralado por una crisis a la que no le encuentra salida y sumamente angustiado por el ataque que sufrió su vivienda el sábado último, el intendente Elio Aprile (UCR) analiza por estas horas renunciar a su cargo, medida que, según confiaron a LA NACION dos fuentes estrechamente ligadas al mandatario, se haría efectiva a más tardar el fin de esta semana.

"El jefe comunal se terminó de quebrar el sábado último, cuando unas 15 personas lanzaron piedras y huevos contra el frente de su casa, pegaron carteles acusándolo de corrupto y, antes de retirarse, discutieron con su padre, de 85 años, que salió a increpar al grupo", explicaron.

"Para Aprile esto fue demasiado, ya que no venía bien, pues desde hace varios meses soporta una campaña de injurias y mentiras respecto de un supuesto enriquecimiento ilícito. Está agobiado y podría dar un paso al costado en las próximas horas", subrayaron las fuentes.

Sin ir tan lejos, el propio intendente reconoció que no da más y que decidirá "con la familia la continuidad o no en el cargo en unos pocos días", anuncio que, curiosamente, se hizo público ayer mediante un comunicado de prensa oficial.

Más allá de justificaciones, lo cierto es que el balneario atraviesa una situación tan dramática como inédita. Está al borde de la quiebra, sin plata para pagar los sueldos del mes que se acaba, con un déficit anual cercano a los 25 millones de pesos en todo concepto, una caída en la recaudación del 60%, deudas por $ 140 millones -es decir, el 85% del presupuesto- y el mayor número de empleados municipales de toda la provincia. Por si fuera poco, Mar del Plata sufre una de las peores temporadas estivales de su historia, pese a que el panorama mejoró sensiblemente en los últimos dos fines de semana.

Aprile enfrentó este escenario tétrico esquivando los lugares públicos y recluyéndose en su despacho junto a un puñado de escuderos, a los que fue delegando, de a poco, la gestión comunal.

Ayer, un grupo de amigos y la cúpula de su partido, la Unión Cívica Radical, lo visitaron para darle su apoyo, junto con un mensaje breve: "No te vayas y goberná de una vez", tal como contaron a LA NACION dos testigos del encuentro.

También le dejaron otra opción: "Una licencia desde ahora hasta que aclare".

En picada

Blas Aurelio Primo Aprile, profesor de filosofía, poeta y representante de la línea interna que lideraba Juan Manuel Casella, desembarcó en la intendencia marplatense en diciembre de 1995 con el 59% de los votos. Cinco meses más tarde, este siciliano que llegó a Mar del Plata con sus padres, cuando tenía 3 años, llamó a una consulta popular para aumentar las tasas con el fin de hacer obras públicas. Los vecinos le dijeron que sí y el resultado asombró al país.

Eran los tiempos en que la planta municipal estaba integrada por 5700 agentes, la deuda y el déficit se hallaban bajo control y desde La Plata el gobernador Eduardo Duhalde decidía apostar algunas fichas por La Feliz.

Así fueron llegando casi 200 millones de pesos a la ciudad, que sirvieron para extender la superficie de las playas, hacer escolleras, ampliar avenidas y accesos, además de mejorar el puerto, entre otros emprendimientos. También se transformó en autopista la ruta provincial 2.

Lo que Aprile dejó en el tintero fue la repavimentación de toda la ciudad y se ganó el reproche unánime de los vecinos que hoy ven sus calles en ruinas.

Se acercaba el final del mandato, se repetían los pedidos de créditos y crecía el déficit al compás de los nombramientos de personal.

Con todo, en 1999, el 65% de los vecinos lo volvió a elegir, esta vez encabezando la fórmula de la Alianza. Claro que ya sin Duhalde y sin plata, la situación se degradó rápidamente.

Con 7700 empleados a cuestas y la crisis nacional golpeando las puertas de su despacho sin piedad, comenzaron los reclamos de la comunidad. A ello se sumó una campaña, digitada por elementos aún no identificados plenamente, pero que podría sumar incluso a un puñado de correligionarios. Los ataques se centraron en las propiedades que, según sus acusadores, habría adquirido en la italiana ciudad de Bari.

"Dicen que tengo mansiones y hoteles. Mentira: sigo siendo el hombre honrado que todos conocen desde hace tanto tiempo", se defiende el jefe comunal. "Como político, me banco cualquier ataque. Pero como hombre no sé pelear cuando van sin ningún motivo contra la dignidad de mi familia", aseguró.

"Por eso -remató-, junto a ellos decido mi futuro ahora."

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