
Argentina es un caso excepcional de crecimiento bajo y volátil. Desde los acuerdos de Bretton Woods a mediados de la década de 1940 hasta 2019, nuestro país atravesó 17 episodios recesivos que suman un total de 27 años de contracción; en promedio, una recesión cada tres años. Ha sido el país con mayor número de años recesivos —seguido por la República del Congo— y forma parte del 25% de países que menos crecieron en los últimos 60 años. En 2020, empujado por la crisis del COVID-19, el ingreso por habitante cayó hasta igualar el de 1974. Hoy, tras la recuperación de 2021-22, es tan sólo un 18% mayor. Casi medio siglo perdido, en el que la pobreza subió del 7% de la población a alrededor del 40% y la desigualdad del ingreso se elevó notablemente.
