
Sus colegas interpretaron la postulación como una reivindicación y elogiaron el manejo político del magistrado, justamente una de las razones por las que es cuestionado
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Comodoro Py 2002 volvió esta semana a ser una fiesta. La postulación del juez Ariel Lijo como candidato a la Corte Suprema de Justicia fue recibida con alegría en los pasillos de la justicia federal porteña. El anuncio fue festejado como la consagración de uno de los propios. Curiosamente, se elogiaba como un plus de Lijo su conocimiento de los “manejos del poder” y “la entretela política de las decisiones judiciales”, las mismas razones por las que lo critican sus detractores.
Por Hernán Cappiello

