Demasiadas incógnitas al acecho

Martín Dinatale
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24 de diciembre de 2001  

El flamante presidente interino de los argentinos, Adolfo Rodríguez Saá, se convirtió desde ayer en una incógnita en todo sentido. La irrupción del dirigente peronista con un discurso que por momentos roza con la demagogia o el tono de campaña proselitista disparó dudas respecto de la concreción real de sus medidas, no sólo en el plano económico sino político.

No resultó demasiado costoso para el peronista puntano zamarrear los alicaídos ánimos de los argentinos en apenas horas. En un país que hasta hace poco estaba acostumbrado a convivir con un presidente vacilante y dudoso, y ante una población sumergida en cifras de desocupación, pobreza y riesgo país alarmantes, las palabras de Rodríguez Saá de eliminar la deuda externa para pagar mayores salarios, crear puestos de trabajo y salir del estancamiento económico en lo inmediato sonaron como verdaderos villancicos de Navidad.

Todo resultó demasiado atractivo hasta el momento: el discurso del nuevo presidente ante la Asamblea Legislativa llegó incluso a arrancarles aplausos a varios legisladores de la oposición, radicales, frepasistas y dirigentes de ARI, entre ellos.

"Son las palabras que queríamos escuchar hace tiempo", dijo una exultante diputada del Frepaso que nunca dejó de criticar al peronismo y que últimamente criticaba a De la Rúa.

Demasiada euforia quizá para un país que hasta hace 24 horas estaba agonizando en un estallido social. Está claro que los argentinos somos vistos por el mundo como perfectos ciclotímicos. El tango habla mucho de ello. Se suele pasar de la amarga tristeza a la exultante alegría en cuestión de horas. Pero la economía y el futuro del país no deberían medirse con términos apasionados. Por ello resultaría clarificador destacar un abanico de interrogantes que despierta la irrupción de Rodríguez Saá en la escena de la política nacional:

  • Hasta anoche, que fue cuando terminó la primera reunión de gabinete nacional, aún no quedaba técnicamente explicada la fórmula que el nuevo presidente utilizará para crear un millón de puestos de trabajo en menos de un mes, como dijo.
  • El gobierno de los Estados Unidos mantuvo un llamativo silencio en las últimas horas tras el anuncio de Rodríguez Saá de no pagar la deuda pública. Se trata nada menos que de 130.000 millones de dólares que debe el país y por lo tanto no se sabe a ciencia cierta cuál será la reacción de los acreedores externos e internos. Tampoco el flamante Presidente se encargó de detallar cómo hará para que tamaña decisión no recaiga en una huida de capitales o en la caída inmediata de salarios, como ocurrió en otros países del mundo que cayeron en default.
  • Rodríguez Saá armó un gabinete multicolor. Es decir, nombró un staff de ministros que responden directamente a la interna partidaria del justicialismo y a sus amistades personales. Allí conviven desde duhaldistas hasta menemistas y hombres vinculados a Reutemann. Pero en el armado dejó a un lado a De la Sota y a otros dirigentes de peso. Si se tiene en cuenta la historia de los gobiernos justicialistas, tarde o temprano este tipo de mosaicos origina peligrosas rencillas porque la interna partidaria se cuela por los despachos oficiales.
  • Se anunció la inmediata redacción de un proyecto de ley destinado a disminuir el salario de los funcionarios públicos nacionales y fijar un tope de 3000 pesos para éstos. En ese pasaje del discurso de Rodríguez Saá más de un legislador recordó los infructuosos intentos del gobierno de De la Rúa por establecer una ley de equiparación salarial de funcionarios de los tres poderes del Estado en todas las provincias. Estas iniciativas quedaron en el tintero delarruista sólo como expresión de deseo por la resistencia que hubo en todo el país. Quizá la frágil situación económica por la que transita el país juegue en favor del nuevo presidente para concretar este anuncio.
  • La aprobación de la ley de lemas para introducir en las elecciones presidenciales del 3 de marzo próximo fue uno de los puntos esenciales que unificaron al peronismo como condición primordial para aceptar el nombre de Rodríguez Saá en la presidencia. No se descarta por ello que la misma vehemencia que pusieron los justicialistas para imponer la ley de lemas y la disputa por el Poder Ejecutivo a partir de marzo se conviertan en un boomerang para el flamante jefe del Estado.
  • En definitiva, son más las incógnitas que rodean a Rodríguez Saá en estas horas que las certezas que hoy lo sostienen en el poder.

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