El dilema del candidato

Por Florencia Carbone De la Redacción de LA NACION
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31 de agosto de 2001  

Raúl Alfonsín enfrenta un gran dilema: sus necesidades electorales como candidato a senador se contraponen con las "necesidades de Estado".

El ex presidente de la Nación no puede decir todo lo que piensa ni todo lo que quisiera (aunque cada tanto, como sucedió ayer, se permite alguna licencia): es jefe del socio mayoritario de la alianza gobernante y uno de los principales propulsores de la "unión nacional".

En las cercanías de Alfonsín creen en una interpretación optimista de que unos pocos números bastarían para derribar de la cúspide de las encuestas a su principal contrincante, Eduardo Duhalde.

Se refieren a la situación económica y financiera en la que el actual candidato a senador del justicialismo bonaerense habría dejado la provincia luego de su gestión como gobernador.

Pero lo que aparece como un recurso electoral echaría por tierra las bases de su proyecto más codiciado: la unión nacional.

En el alfonsinismo abren ya el paraguas frente a lo que prevén como un panorama político "complejo" para el oficialismo luego de las elecciones legislativas de octubre y se apuran a señalar como "única salida" un gobierno de unión nacional.

"Un acuerdo serio se sella con representantes prestigiosos de distintos sectores. Si lo que se necesita es entablar un diálogo, dar una imagen de fortaleza, no se puede convocar a personas que destruiste durante la campaña", justificó uno de los habituales voceros de Alfonsín.

Silenciador roto

Harto de que el Gobierno no lo haga partícipe de sus decisiones, el ex presidente decidió ayer abrir una impasse en su tarea de "silenciador" , tal como lo describió uno de sus allegados, para enviarle un mensaje a Fernando de la Rúa.

"Jamás me ha consultado el Presidente. Hoy no conozco qué es lo que se va a firmar mañana con el FMI. No hay nada más que la relación de convivencia que tiene que existir entre dos personas que se conocen, entre el presidente de la Nación y el presidente del partido principal de la coalición de gobierno, que debería ser, por otra parte, más consultado y no lo es de ninguna manera", dijo, en declaraciones al programa "Desayuno", de Canal 7.

Quienes más conocen al ex mandatario no ocultan su resentimiento hacia De la Rúa y sus allegados. Consideran que el Presidente no ha sabido valorar la tarea "componedora" de Alfonsín.

Esos mismos hombres son quienes ahora le aconsejan que "deje la puerta abierta para que en el Gobierno escuchen el ruido que hay en el partido".

Pretenden, de ese modo, que los delarruistas "reaccionen", adviertan que el malestar está enquistado en las filas de la UCR y que Alfonsín no es más que el vocero de esa realidad.

Tal vez el Gobierno pueda hoy percibir parte de ese "ruido", cuando los delegados al comité nacional de todo el país se reúnan en la sede de Alsina y Entre Ríos. Si bien el documento que presentará Alfonsín, "Hacia la unión nacional", no contendrá críticas a la administración aliancista, ni siquiera hacia Domingo Cavallo, no se descarta que en el discurso de cierre del ex presidente haya definiciones "conflictivas".

Menos contemplativos serán los jóvenes radicales.

Gobierno flaco y obstinado

Su documento, "Quisimos creer, queremos cambiar", hablará de un Gobierno que se ha vuelto "flaco y obstinado" y del "profundo desprecio por la UCR, sus hombres, sus principios e ideología" que tiene la gestión delarruista a partir de la incorporación del cavallismo. Alfonsín habría intentado, en vano, convencerlos para que morigeraran las previsibles críticas.

Son pocos los que creen que los últimos dichos del ex presidente de la Nación hayan sido exclusivamente fruto de una reacción temperamental.

Hace mucho tiempo que Alfonsín masculla su bronca contra actitudes del gobierno de De la Rúa. Pero ahora, con las elecciones legislativas cada vez más cerca, le será más difícil mantener su boca cerrada.

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