
La política le adeuda al campo mucho más que los millones de pesos que le confisca; el año 2022 cierra con un déficit en Infraestructura, planificación, financiamiento, tecnología, mercados y una política de Estado de fondo
Cerramos el año sin cerrar los números. Una combinación fatal de hechos desgraciados perfora la proyección 2023. No es de agorero; pero sin cosecha no hay recaudación. Y sin recaudación, la magra y esquelética economía del país se resquebraja. Esa fragilidad crónica e histórica ha sobrevivido hasta ahora con el fuerte oxígeno del campo, que, año a año, cosecha tras cosecha, le dio aire a las pobres cuentas de un Estado codicioso y lento, sobredimensionado e ineficiente. Y, más grave aún: perezoso a la hora de poner en marcha nuevas ideas.

