
La planificación comenzó en septiembre de 1975; “no voy a renunciar, ni aunque me fusilen” había dicho, cuando sectores del peronismo proponían su reemplazo por Ítalo Luder
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Ese martes, el 23 de marzo de 1976, que en realidad ya era miércoles porque habían pasado 50 minutos de la medianoche, la presidenta Isabel Perón quería volverse a Olivos en auto. Le dijeron que “por razones de seguridad” -una frase muy usada en la época- no era conveniente. Ascendió entonces a la terraza de la Casa de Gobierno y abordó el helicóptero H-02 Sikorsky, junto a su secretario privado, Julio González; el teniente de fragata Antonio Diamante, que era su edecán, y Rafael Luisi, jefe de la custodia.

