Para Di Tella, el Gobierno no avanzará en la recuperación del archipiélago

El ex ministro dijo que el tema está "congelado"; fuertes críticas a su sucesor
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23 de octubre de 2000  

PUERTO ARGENTINO (De un enviado especial).- Guido Di Tella viajó a las Malvinas con la cabeza puesta en el año 2003. El ex canciller dice estar convencido de que el gobierno de la Alianza no logrará ningún avance en el tema Malvinas y así se lo hizo saber a las autoridades isleñas con las que habló durante la semana.

"Me parece que Malvinas no está entre las prioridades de la Cancillería", aseguró Di Tella a La Nación antes de subirse al avión que lo llevó de regreso a la Argentina continental. Según su visión, las elecciones de ese año significarán el retorno del peronismo al poder y entonces la solución será en "dos o tres años".

El ex canciller se entrevistó con las autoridades locales e intentó convencerlas de que él sigue siendo un interlocutor válido en el tema Malvinas porque sólo es cuestión de tiempo antes de que vuelva a influir en los destinos de la política exterior argentina. Pese a esto, aseguró que no está intentando montar una cancillería paralela y que los beneficios de este viaje no son personales, sino que "convienen a los intereses nacionales".

Di Tella estaba agotado tras intentar tanta seducción. Desde que el miércoles último llegó a esta ciudad, habló con quien quisiese recibirlo, sin distinción de jerarquías o ideas políticas.

Logró reunirse con el gobernador, Donald Lamont; con los consejeros, y caminó por la calle sin que nadie lo insultase, aunque tampoco fueron cálidos. La gente común más bien lo ignoró, salvo quienes lo criticaron en las páginas del semanario local. Es cierto que hubo un caso en que lo abrazaron efusivamente y hasta el borde de la asfixia, pero fue en el pub The Globe y sus interlocutores estaban totalmente ebrios.

El ex canciller logró quebrar cierta frialdad, pero eso no significa que aquí estén dispuestos a hablar de soberanía. A lo sumo, dejarán el temor y en una de ésas podrían llegar a modificar su negativa a visitar la Argentina continental. Pero en rigor, además de intentar seducir malvinenses, Di Tella logró en estas islas pelearse con su sucesor, Adalberto Rodríguez Giavarini, y ocupar por unos días el escenario de la política.

-¿Usted busca montar una cancillería paralela?

-No.

-En el Gobierno lo acusan de exceso de figuración.

-También dicen que éste ha sido un viaje de turismo frívolo.

-¿Qué debería hacer la Cancillería a partir de su viaje?

-Creo que hay que esperar a que se cumplan tres años y medio y que haya elecciones y un nuevo presidente. Esta Cancillería no fue capaz de innovar en nada, no fue capaz de mantener los avances fenomenales que había habido en los últimos seis meses. Me parece que es un asunto que está congelado.

-¿Los beneficios de este viaje son para el Gobierno o para su carrera política personal?

-¿A vos qué te parece?

-Se lo pregunto a usted.

-Yo creo que conviene a los intereses nacionales.

-¿Le está complicando la gestión en el tema Malvinas al Gobierno?

-Es claro que hay dos posiciones. Traté de evitar esto y tardé un año en expresar la primera opinión. Y en ese lapso se armó una línea distinta y agresiva, a la cual le agregaron agresividades personales. Nos presentamos divididos y sí, es un inconveniente. Pero en estos momentos es mucho mejor presentarnos divididos que con la línea del Gobierno.

-¿Les dijo a los consejeros que esperen hasta el 2003 para avanzar?

-En la reunión que tuve con ellos vi que se sienten muy desorientados y la nueva política les parece sin destino. No tenemos una política clara y me parece que Malvinas no está entre las prioridades de la Cancillería.

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