
Varios preceptos de nuestra ley suprema no tienen un cumplimiento efectivo y ello deriva en distorsiones y situaciones graves, que es preciso corregir
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Sobran diagnósticos de la debacle argentina, pero la catarsis es estéril. Necesitamos propuestas. La mía es que la Corte y los juzgados inferiores asuman su responsabilidad de poder del Estado y apliquen la Constitución con energía y rapidez, con criterios del siglo XXI.
