
La cantante colombiana compró la propiedad hace más de dos décadas y la puso en venta en distintas oportunidades, pero no logra concretarla
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Ni una ubicación privilegiada, ni una pileta con vistas al agua, ni un muelle privado garantizan que una propiedad se venda fácilmente. Y si no, basta con conocer la historia de una de las mansiones de Shakira en Miami: una residencia valuada en millones de dólares que, pese a sus características y a estar ubicada en uno de los barrios más exclusivos de la ciudad, protagonizó una serie de intentos de venta y hasta versiones sobre graves problemas con su sistema de desagües.
La cantante colombiana compró la propiedad hace más de dos décadas, mucho antes de instalarse definitivamente en Estados Unidos junto a sus hijos, Milan y Sasha, tras su separación del exfutbolista Gerard Piqué.

La casa está ubicada en North Bay Road Drive, una de las calles más exclusivas de Miami Beach, donde a lo largo de los años también tuvieron propiedades celebridades como Jennifer López, Matt Damon y Ricky Martin.
Sin embargo, lo que comenzó como una inversión inmobiliaria en una de las zonas más codiciadas de Florida terminó convirtiéndose en una historia de sucesivas publicaciones de venta, remodelaciones y dificultades para encontrar comprador.
Shakira adquirió la mansión en 2001 por una cifra que distintas publicaciones ubican entre US$3.000.000 y US$3,4 millones. Con el paso de los años, realizó numerosas reformas y llegó a ofrecerla por más de US$11 millones, aunque en otras oportunidades las cifras pretendidas fueron superiores.

En 2024, medios españoles aseguraron que la artista había encontrado comprador gracias a la intermediación de su amigo Marc Anthony. Incluso se habló de una operación cercana a los US$17 millones con un reconocido actor de Hollywood cuya identidad nunca fue revelada.
Pero las versiones sobre esa venta no tuvieron una confirmación pública y, todavía en 2026, diferentes publicaciones continuaban identificando la residencia como una propiedad de la cantante.

Cómo es la mansión
La residencia fue construida originalmente en 1951, aunque las sucesivas remodelaciones transformaron su apariencia hasta convertirla en una propiedad de estilo contemporáneo, con predominio del blanco, grandes superficies vidriadas y una integración constante entre los espacios interiores y exteriores.
Ubicada frente a la Bahía de Biscayne, la mansión cuenta con aproximadamente 750 m² construidos y se levanta sobre un terreno cercano a los 2000 m².
Tiene seis dormitorios, siete baños, amplios salones, comedor, gimnasio privado y diferentes ambientes destinados al descanso y al entretenimiento.
Pero el verdadero protagonista de la propiedad está en el exterior. La mansión tiene una piscina rodeada de palmeras, terrazas de madera y un muelle privado de aproximadamente 30 metros de longitud, que permite acceder directamente a la Bahía de Biscayne.
Esa combinación de privacidad, ubicación frente al agua y acceso para embarcaciones constituye uno de los atributos más valorados dentro del mercado residencial de alta gama de Miami.
A pesar de todas esas comodidades, la propiedad estuvo en el centro de una controversia cuando comenzaron a circular versiones sobre supuestos problemas en su sistema de desagües. En 2024, el periodista español Omar Suárez explicó durante su programa que la mansión presentaría dificultades relacionadas con su ubicación y el nivel del agua.
“Los baños estarían por debajo del nivel del agua”, afirmó Suárez, quien también sostuvo que durante las lluvias se producirían problemas vinculados con el retorno de aguas residuales. El periodista señaló que una eventual solución podría requerir obras importantes y una inversión elevada.
Sin embargo, estas afirmaciones corresponden a versiones difundidas por la prensa española y no a un informe técnico independiente sobre el estado de la vivienda. Tampoco se confirmó públicamente que el supuesto desperfecto haya sido la causa determinante de los intentos fallidos de comercialización.
De todos modos, el caso permite observar un problema que afecta a diferentes propiedades costeras: la exposición a inundaciones, la elevación del nivel del mar y las exigencias de mantenimiento que pueden tener las construcciones situadas frente al agua.
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