
No es la primera vez que la ciudad más emblemática de Estados Unidos vive una metamorfosis; tras la pandemia y el trabajo remoto surge una nueva premisa para su reconfiguración: trabajar menos para pasarla bien y divertirse
Nueva York está experimentando una metamorfosis de una ciudad dedicada a la productividad a una construida alrededor del placer. Muchos edificios de oficinas todavía se sienten inquietantemente vacíos, con una ocupación de alrededor del 50 por ciento de los niveles previos a la pandemia, lo que perjudica a los propietarios y a la economía local. Pero 56 millones de personas visitaron Nueva York el año pasado, lo que hizo que la Quinta Avenida en diciembre se sintiera tan llena como la playa de Ipanema durante el Carnaval en Brasil.

