
Naturaleza, historia y senderos accesibles a pocos kilómetros del Obelisco; una escapada para conectar con el ecosistema del Delta del Paraná
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Apenas 70 kilómetros separan la Ciudad de Buenos Aires del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, este refugio natural de 5200 hectáreas protegidas ubicado en el partido de Campana. Sin duda un plan accesible y seguro para armar la mochila y salir a explorar con los chicos un ambiente natural donde crecen los pastizales y humedales del Delta del Paraná, y el silencio es soberano.
Habitada originalmente por comunidades cazadoras y pescadoras hace unos 1700 años, las tierras guardan aún el testimonio de los primeros pobladores de la región. “Se encontraron restos arqueológicos que se catalogaron y ponderaron, tales como herramientas, instrumentos hechos de huesos y sobre todo fragmentos cerámicos correspondientes con vasijas”, cuenta Fernando Durao, a cargo de la atención al visitante del parque.

“La zona fue habitada principalmente por el pueblo Querandí, y también por los pueblos Chaná-Timbúes y Guaraníes en el área de islas. Aunque no dejaron grandes construcciones por ser seminómadas, organizaban campamentos temporales en puntos clave como el Túmulo de Campana. Me gusta hacer mucho hincapié sobre los Querandíes porque la mayoría de los visitantes desconocen su historia, pese a ser el principal pueblo originario que habitó este sector y lo que hoy conocemos como el Área Metropolitana de Buenos Aires”, aporta por su parte Pablo Canteros, guía de turismo del parque.
La zona se transformó con la llegada europea y la posterior creación de las primeras estancias ganaderas en el siglo XVII. Gran parte de la reserva funcionó durante el siglo XIX como la histórica Estancia Otamendi, un polo productivo enfocado en la agricultura, los tambos y la fabricación de ladrillos a partir de las arcillas locales. La llegada del ferrocarril en Campana terminó de impulsar la región, dejando marcas que hoy conviven con el entorno protegido.

Durante la caminata por las sendas, las huellas de esa época productiva emergen a cada paso. “Caminando por el sendero ‘Historias del Pastizal’ podremos observar ‘el Bebedero’, una construcción para contener unos 30.000 litros de agua. También encontraremos los restos de un antiguo molino y la demarcación de los potreros a través de las ‘líneas de talas’, una sucesión de árboles que crecieron siguiendo las antiguas líneas de postes de alambrado”, describe Canteros los vestigios de esa época.
Lo que nació como Reserva Otamendi en 1990 fue categorizado en 2018 como Parque Nacional y reconocido internacionalmente como Sitio Ramsar, combinando su legado patrimonial con un fuerte compromiso de conservación. El cambio no solo trajo un nuevo marco legal a través de la Ley 27.456, sino también la anexión de más de 1000 hectáreas —como la antigua Reserva Provincial de Usos Múltiples Río Luján— para alcanzar las más de 5000 actuales.

“Se trata de un humedal reconocido por su importancia ecológica dentro de un sistema a escala global, en una región muy transformada, lo cual lo vuelve aún más valioso de conservar, ya que cumple funciones clave como regular el agua y ser refugio de una enorme diversidad de flora y fauna nativa, especialmente para las aves acuáticas y el ciervo de los pantanos”, destaca Durao.
“Un Sitio Ramsar es decisivo para la vida humana por los beneficios de sus ecosistemas, como la recarga de acuíferos, la regulación del clima o la amortiguación del agua durante las grandes lluvias y periodos de inundaciones”, suma Canteros.
Patrimonio vivo y memoria originaria

En cuanto a la vida silvestre, el parque ofrece una muestra de diversos ecosistemas que van desde bosquecillos de talas, ombúes y espinillos en las partes altas de la barranca hasta vastas extensiones de cortaderas, totoras y pajonales en los humedales. Allí habitan más de 300 especies de aves —lo que convierte al lugar en un auténtico paraíso para los aficionados al avistaje—, peces como tarariras y bagres, e invertebrados y mamíferos autóctonos.
Claro que la gran estrella de la reserva es el ciervo de los pantanos, el cérvido más grande de Sudamérica. De patas largas adaptadas para andar sobre suelos anegados, encuentra aquí la población más austral de su especie, constituyendo el gran emblema de la conservación local. Sin embargo, es la figurita difícil, y avistarlo requiere de cierta perseverancia.

“Pese a ser la especie emblema de nuestro parque, en los circuitos habilitados actualmente es realmente muy difícil ‘cruzar’ un ciervo, ya que los senderos no transitan por el humedal. Desde el Mirador Principal y el mirador de la Barranca, con binoculares, es posible divisarlos si se tiene la vista afinada”, advierte Canteros. Y añade: “En febrero de este año, desde la ventanilla del Ferrocarril Mitre, pude ver una ciervita en un curso de agua paralelo a las vías entre las estaciones Otamendi y Río Luján. Cuando se vuelva a habilitar el sendero a la Laguna Grande, que atraviesa el humedal, las posibilidades de avistaje serán mayores”.
“Ellos andan por los bajos inundables. Y aunque los pastos altos complican las posibilidades, cuando suben a los albardones se puede ver su coloración marrón-rojiza que contrasta con las pasturas. Posiblemente las primeras y últimas horas de luz sean las más convenientes para avistarlos”, acota Durao.
Miradores y senderos: tras la huella del ciervo

La experiencia del visitante está pensada para el disfrute tranquilo y la caminata relajada a través de tres senderos autoguiados de baja y mediana dificultad. El sendero “Historias del Pastizal” recorre 1000 metros entre la vegetación típica y vestigios de la antigua estancia hasta desembocar en un mirador con vistas espectaculares al humedal y la Laguna Grande. Para quienes buscan adentrarse más en la vegetación, el sendero “Guardianes de la Barranca” conecta desde allí cruzando un pintoresco bosque hacia un nuevo balcón natural. Finalmente, el sendero “Recuperando lo Nuestro” ofrece un breve e interactivo trayecto de 200 metros accesible para todos que conduce al Vivero de Plantas Nativas Don Juan, un espacio de 2.000 m² donde se puede conocer el cultivo de flora autóctona.
Los senderos “Historias del Pastizal” y “Guardianes de la Barranca”, junto con los miradores, forman un circuito continuo de 2 kilómetros. Si se le suma el trayecto extendido hasta el pie de la barranca, el recorrido alcanza los 3 km entre ida y vuelta. Recorrer la totalidad de las sendas con tiempo para la contemplación demanda entre 2 y 3 horas.
Para aprovechar la jornada al máximo, los conocedores sugieren prestar especial atención a los momentos del día. “Recomiendo los horarios cercanos a la apertura o al cierre, ya que es cuando hay mayores posibilidades de avistar fauna. Además del ciervo, habitan zorros, hurones, cuises, lagartos overos y más de 400 especies de vertebrados”, cuenta Canteros. Asimismo, es recomendable llevar gorra, protector solar, e ingresar con viandas para la zona de picnic, ya que dentro del predio no hay puestos de venta de comida ni proveeduría (aunque sí se consiguen en el vecino barrio Rómulo Otamendi). “Los binoculares son muy recomendables para aprovechar los miradores —a veces el personal tiene para prestar— y las guías de aves son muy útiles para aprender”, señala Durao.
Para quienes busquen una experiencia más completa, la caminata junto a los guías del parque marca la diferencia. “Recorrerlo con un guía intérprete hace que la experiencia sea muchísimo más enriquecedora. Atendemos el interés particular de los visitantes, despejamos dudas, compartimos saberes y aprovechamos la espontaneidad del avistaje desde las vivencias de quienes habitamos, cuidamos y sentimos este territorio”, resalta Canteros.
Además de las caminatas, las familias pueden recorrer en bicicleta los 5 km del Camino Islas Malvinas hacia el embarcadero, aprovechar las áreas recreativas con mesas rodeadas de talas y ceibos para almorzar, o visitar la EcoFeria de Productores locales que funciona los segundos fines de semana de cada mes con artesanías y productos sustentables.
Guía práctica: Parque Nacional Ciervo de los Pantanos
- Ubicación: Localidad de Rómulo Otamendi, Partido de Campana, Provincia de Buenos Aires (altura km 67,5 de la RN 9).
- Entrada: Libre y gratuita. Además, se ofrecen visitas guiadas por el “Circuito Clásico” de dos horas de duración con un costo aproximado de $10.000 por adulto). También salidas especiales de trekking. Las fechas y contactos de los guías habilitados se publican periódicamente en las redes oficiales del parque (IG: pnciervodelospantanos).
- Horarios: Abre todos los días, de 10 a 18 horas. Los senderos están habilitados de 10.30 a 17 horas. Se puede visitar todo el año; la ventana de abril a noviembre es ideal por sus temperaturas agradables.
- Cómo llegar: En auto: Por Ruta Panamericana (RN 9) hasta el km 67,5 (salida Rómulo Otamendi) y recorrer 2 km por la calle principal hasta el ingreso. En colectivo: Línea 194 (desde Once) o Línea 204 (desde Escobar) hasta la parada de la colectora de Panamericana en Otamendi, y caminar 1.300 metros. En tren: Línea Mitre (ramal Zárate) descendiendo en la estación Rómulo Otamendi, a solo 600 metros del acceso por escalinata.
- Recomendaciones: Llevar calzado cómodo para trekking, ropa liviana de manga larga, protector solar, repelente de insectos, bolsas para regresar con los residuos y al menos 2 litros de agua por persona.




