Con su proyecto Fleur du papier, Luciana Lubreto crea piezas de un realismo asombroso. Para ello, prueba diferentes formas y tamaños, tiñe y destiñe papeles y utiliza diferentes técnicas de coloreado.
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Luciana Lubreto se formó como diseñadora gráfica especializada en packaging y, más tarde, como caracterizadora teatral, perfilando aquello a lo que creía iba a dedicarse definitivamente; pero un día vio unas flores y todo cambió el rumbo. Tenía la idea de retomar su amor por la pintura en cerámica y porcelana, y entonces, con la intención de darle la primera pincelada a un jarrón, pensó: “A este florero le falta algo”. En ese momento, recordó que tiempo atrás había visto en un libro de ilustraciones botánicas unas flores que le habían llamado la atención. “Más allá de mi amor por las flores, que me cautivaron desde pequeña, decidí volver a ellas… ¡y así comenzó nuestra idílica relación!”, cuenta.
Comenzó probando diferentes formas, tratando de lograr la flor que tenía en mente y, poco a poco, con mucha dedicación, pasión y tiempo, lo consiguió. Hoy lleva adelante Fleur du papier, el proyecto con el que estudia las flores y sus formas para plasmarlas en papel, creando verdaderos objetos de arte.

Según ella misma explica, el proceso de creación de la morfología de la flor es una de las etapas de su desarrollo que más tiempo requiere. Para ello, prueba diferentes formas y tamaños, tiñe y destiñe papeles, y para finalizar le aporta su “personalidad” retocándola con diferentes técnicas de coloreado. Esta es la última etapa y la que más disfruta.
Luciana reconoce que los tiempos para la creatividad y el desarrollo de las flores son muy importantes, y le dedica a cada una la atención que se merece. La realización de cada ejemplar suele llevar entre dos y tres días, según el modelo y la complejidad.

A la hora de definir el proceso de creación, explica: “La flor que elijo hacer debe inspirarme y, en esto, la elección del color es clave. Por lo general, decido el modelo de flor según la paleta de colores que visualizo como resultado final. Algo así como vibrar en el color de acuerdo a cómo me siento el día en que comienzo a hacerla. Todos los colores son lindos; solo hay que saber combinarlos”.
Luciana tiene un público amplio, que incluye personas que disfrutan de ver lindo su hogar, diseñadores que ofrecen las flores a sus clientes, arquitectos, ambientadores de hotelería, spas y algunos exclusivos locales comerciales. También diseña pendientes de flores, tocados para el pelo, broches, guirnaldas y vidrieras, como ahora para los locales de Etiqueta Negra Mujer, con sus flores de cerezos, peonías y pompones, creadas especialmente en tamaños grandes, acordes con el proyecto.

“Decido el modelo de flor según la paleta de colores que visualizo como resultado final. Algo así como vibrar en el color de acuerdo a cómo me siento el día en que comienzo a hacerla”.
“Suelo trabajar por encargo –dice. El cliente me cuenta lo que tiene en mente, qué función quiere que cumpla la flor o el bouquet que voy a diseñar, y juntos definimos lo que mejor se adapta. Cuando son para regalar, me gusta saber cómo es la persona que va a recibirlas, porque imagino la flor según su personalidad”. También hace flores para fechas especiales, como Navidad, o para eventos específicos; por ejemplo, el lanzamiento de un perfume, donde se obsequia a cada cliente una flor rociada con el aroma de la nueva fragancia, o para la presentación de un libro, para la que diseña flores marchitas prensadas que se intercalan entre las hojas de cada ejemplar, para sorpresa del lector.

Las flores que más le piden son las ramas de flor de cerezo, las dalias, las peonías y las rosas híbridas. A veces, le encargan alguna flor que quizá no haya desarrollado todavía, o incluso una flor de fantasía, y esos trabajos le fascinan.
“Con ese tipo de pedidos dejo volar la imaginación y es el momento de mayor creatividad. Ese es el momento en el que recuerdo el origen de todo el proyecto. Algo así como volver a cero y tener todo por delante”, confiesa.
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