
1


Por un camino de polvo, a la altura de Salvador Mazza, en la frontera con Bolivia, María del Mar Quinterno frenó su auto. Algo en aquel pequeño puesto improvisado al costado de la ruta la invitó a detenerse y ella se dejó llevar por el impulso. No eran las gallinas reales que cruzaban la banquina, sino las que estaban quietas, hechas de caucho, recortadas con precisión y alma por las manos de un hombre. “Me encantó lo que hacía —recuerda—. Había algo en esas esculturas que tenía vida, una energía que trascendía el material”. Ese hombre era Irineo López, un albañil devenido artesano, y ese momento marcó el comienzo de La Goma, un proyecto donde el arte, la sustentabilidad y la inclusión se encuentran en un mismo gesto.
